Besalú: adeu-chau!

Para cuando esta entrada se publique, estaré aterrizando en Buenos Aires y como ya no viviré más ahí dejo de lado mi paranoia informática y revelo el nombre del pueblo donde viví 5 años, el hermoso pueblo que vio nacer a cuentogotas: Besalú, ubicado en la comarca de La Garrotxa, en la provincia de Girona, Catalunya. Estratégicamente bien ubicado, sobre el margen del río Fluviá en conjunción con el Capellades (de ahí el origen más aceptado de su nombre: "fortificación entre dos ríos", Bisuldunum en latín medieval del siglo IX), a 15 minutos de Banyoles (la ciudad del lago que publiqué en cuentogotas), a media hora de la ciudad de Girona (capital de la provincia), a 20 minutos de Olot (capital de La Garrotxa) y de Figueres (capital comarcal también, ciudad daliniana), a 45 minutos de la frontera francesa, y a hora y media de Barcelona por un lado y Perpignan por el otro.

Besalú es pequeño, hermoso, medieval, turístico y amigable, por lo menos para mí. Aterrizar en Besalú, después de los dos peores años de mi vida como inmigrante de cuarta en Salt, suburbio de Girona, fue como salir de la cárcel y llegar al Paraíso. Tan hermoso y apacible me resultó que fue un bálsamo para mi alma. Inmediatamente me sentí orgullosa del pueblo como si hubiera nacido en él, pregonando sus bellezas a quien quisiera escucharme.

Me acuerdo de que recién llegada fui a conocer al médico del pueblo y le lancé un ¿Ustedes no tienen nada de trabajo aquí, no? porque me parecía que en un lugar tan hermoso nadie podía enfermarse. El médico me contestó: No crea, la gente también está estresada y me pareció increíble. Lamentablemente tuve que darle la razón, porque ocho meses más tarde la que estaba desecha por el estres era yo, pero no por el pueblo sino por cuestiones laborales; y aun en los peores momentos salir de casa y llegar a la esquina y ver el cielo y las colinas eran un alivio inmediato, y si seguía hasta el río y miraba a mi amigo el puente con carita, la paz estaba asegurada.



Alguna vez dije que el lugar ideal para mí era Besalú, pero que Besalú tuviera una estación de tren (para satisfacer la ferrofilia de mi familia) y que por esa estación pasaran con buena frecuencia (digamos para que sea ideal-ideal: cada 10 minutos) un tren que en 20 minutos me dejara en Buenos Aires. Y aquí hay que aclarar: que me deje en la estación Caballito de Buenos Aires, porque si me deja en Retiro o Constitución tengo otros 45 minutos de viaje hasta las casa de mis padres o mis hermanos. Sigo pensando lo mismo: Besalú, con esta pequeña modificación, sería perfecto. Como no es posible, hay que elegir. Ningún lugar lo tiene todo.*

Si tuviera que agradecer todos los buenos momentos de Besalú y toda la buena gente que conocimos sería imposible. Simplemente sugiero a todo el mundo: no dejen de visitarlo si están cerca, pasen un día por ahí y caminen por sus callecitas, atraviesen su puente, bajen hasta el río, sigan hasta donde se acaba el pueblo, métanse en un bosquecito, vayan a los huertos, suban una colina, disfrútenlo, acaricienlo,respírenlo, escúchenlo a mi Besalú querido.

Tal vez la primera palabra que se queda pegada a los extranjeros que viven en Catalunya es el saludo de despedida, Adéu. En todo caso recuerdo perfectamente que fue la primera palabra catalana que pronunció Manuel cuando llegamos con sus dos años y medio. Hay una forma más elaborada y respetuosa que es adéu-siau. Siempre me hizo gracia esa partícula que no sé qué quiere decir y se parece tanto a nuestro "chau", por eso mi versión del saludo es adéu-chau, una integración entre las dos lenguas, y eso digo ahora que me voy: adéu-chau Besalú, hasta la vista!



*Esto me hace acordar una conversación entre Moxi y Euge que creo que ya cité alguna vez: Moxi contaba las bondades de Hamburgo por la cantidad increible de movimiento cultural que había, y terminó diciendo algo así como "lástima el clima, con un clima mejor Hamburgo sería ideal" y Euge le retrucó: "si tuviera mejor clima no habría tantas actividades copadas como las que te gustan". Me pareció un gran ejemplo de esto: a veces lo que nos gusta de un lugar es absolutamente incompatible con alguna otra característica que también desearíamos que ese lugar tuviera. Y lo mismo pasa con las personas, pero ese es otro tema....

Un poema de Miquel Martí i Pol que me regaló Pili cuando llegué a Catalunya

Embala que te embala, revisando cajones y cajitas, me reencontré con un poema que me regaló Pili en una tarjeta de felicitación. Cuando llegamos a Catalunya caímos en Salt, en el peor barrio de inmigrantes, y la experiencia no fue agradable: ayer dije que cuando nos mudamos de Salt a Besalú fue como salir de la cárcel, y no es exageración, esa fue la sensación que tuve entonces. Pero aún en el peor período de oscuridad siempre hay una luz, y mi luz en Salt fueron dos: por un lado la Biblioteca Pública y su bibliotecario Jordi y por otro la escuela pública a donde fue Manuel, El Gegant del Rec, de la cual Pili fue su directora cuando cursó Manuel. La escuela era nueva, flamante, sólo había 9 nenes en los tres cursos de Parvulario, y sus tres maestras, Mari Pau, Teresa y Pili eran adorables y encantadoras, pero entre ellas Pili brillaba con una luz muy intensa, porque es una mujer extraordinaria y me enorgullece ser su amiga. Su poeta preferido es justamente Miquel Martí i Pol, y este poema o verso o estrofa que me regaló y con el que me reencontré hoy parece un ejemplo más de "libro que justo cae bajo mis ojos en el momento oportuno", porque con lo breve que es, ahora que me estoy moviendo lo siento como si hablara de mí:

Ara es demà. No escalfa el foc d’ahir
ni el foc d’avui i haurem de fer foc nou.

Del gran silenci ençà, tot el que es mou
es mou amb voluntat d’esdevenir.


Una traducción literal, casera y rápida sería así:

Ahora es mañana. No calienta el fuego de ayer
ni el fuego de hoy y tendremos que hacer un fuego nuevo.
Del gran silencio para acá, todo lo que se mueve
se mueve con voluntad de devenir.

Pili sólo me había regalado la primera estrofa, pero buscándolo en la web lo encontré entero y es muy hermoso, aquí está:

Ara és demà

Ara es demà. No escalfa el foc d’ahir

ni el foc d’avui i haurem de fer foc nou.

Del gran silenci ençà, tot el que es mou

es mou amb voluntat d’esdevenir.


I esdevindrà. Les pedres i el camí
seran el pa i la mar, i el fosc renou
d’ara mateix, el càntic que commou,
l’àmfora nova plena de bon vi.

Ara és demà. Que ploguin noves veus

pel vespre tèrbol, que revinguin deus

desficioses d’amarar l’eixut.


Tot serà poc, i l’heura i la paret

proclamaran conjuntament
el dret de vulnerar la nova plenitud.

Miquel Martí i Pol

¡Gracias Pili!

¡y feliz Día del Escritor!

Unas fotografías que parecen cuadros

Antes de desconectarme, saco del tintero una entrada que me quedó pendiente desde hace mucho.


Resulta que años atrás descubrí por casualidad en la web un fotógrafo de paisajes que me gustó muchísimo. Se llama Patrick Smith y antes de usar sus fotos o escribir una entrada sobre sus fotografías le escribí para pedirle permiso. Como le escribí en inglés, me costó escirbirle, y no me contestó. Lo único que hice entonces fue agregar un enlace a su sitio web en mi lista de Sitios acuáticos porque la mayoría de sus fotos tienen agua. Dejé pasar tiempo, que se convirtió en mucho tiempo, y le volví a escribir por otro lado corrigiendo mi redacción, pero tampoco me contestó. Entonces me quedé pensando qué hacer, y no hice nada. Finalmente decidí que escribir una entrada contando lo hermosas que me parecen sus fotos y poniendo una o dos de ejemplo no tiene nada de malo aunque él nunca me haya autorizado, así que aquí estoy.


Me subyugan estas fotos porque parecen cuadros: los colores, las texturas, el movimiento, la composición de las fotos me hacen pensar en pinturas, más que en fotos. Y por lo que entendí, no se vale de ningún efecto de edición posterior a la foto, lo que consigue es gracias a encontrar el momento adecuado con la luz adecuada y la exposición adecuada. Según dice, se pasa muchas horas visitando el lugar elegido en distintos momentos del día esperando el instante justo. A veces en todo un día sólo hace dos o tres fotos, pero ¡qué maravilla de fotos! Como sólo me animo a poner unas pocas en la entrada, vayan y miren su web, porque son todas muy hermosas.


Fotografías: Patrick Smith Photography.

Las largas vacaciones de cuentogotas

Tengo muy abandonado a mi cuentogotas querido, no es por desamor ni desinterés sino consecuencia de estar enfrascada en la inminente mudanza.

Cualquier mudanza es complicada aunque nos mudemos a una cuadra de donde vivíamos antes,* por muy corta que sea la distancia igual hay que meter todo en cajas y volver a sacar todo de las cajas en la nueva casa.

En nuestra inminente mudanza se suma al trajín intrínseco del mudar la gran distancia entre la casa que dejamos y la nueva adonde viviremos. Como le gusta decir a Manuel, es una mudanza internacional y transcontinental, transoceánica y transhemisférica, ergo: el agite es mayor, y no entro en detalles porque para qué.

Simplemente digo que lo tengo abandonado a cuentogotas y lo tendré abandonado un par de meses más, calculo, porque dentro de 24 hs desconecto mi compu, la meto en una caja y se supone que no volvemos a encontrarnos ella y yo en un mes y medio. Me quedaron entradas por hacer, básicamente unos cuantos videos de los que tengo el material en bruto pero no tuve tiempo de editarlos. Si puedo los termino en Buenos Aires, me gustaría no desperdiciar la idea ni el material...

Se abre un interrogante en mi vida: ¿cómo seguirá cuentogotas en Buenos Aires? Nació acá, y me gustaría continuarlo allá, pero no sé qué forma tomará. Necesariamente va a cambiar de forma si lo cotidiano cambia tanto. Ciertos estímulos desaparecen y aparecen otros muy diferentes.

Supongo que preguntarme cómo será cuentogotas cuando vivamos en Buenos Aires es como preguntarme cómo será nuestra vida en Buenos Aires, y la verdad es que no tengo ni idea. Hace once años que me fui, pasaron tantas cosas que siento que tengo que reaprender a vivir ahí, tengo que ponerme al día con la ciudad y con la gente, tengo que inventar una nueva rutina familiar que antes no existía (Manuel nunca vivió en Buenos Aires! Nunca fui madre en Buenos Aires...). Me tengo que redescubrir a mí ahí y redescubir las relaciones: después de tanto tiempo sin cotidianidad, cualquier reencuentro con un amigo implica una actualización de la relación según cómo somos ahora, por lo tanto reencontrarme con alguien que no veo en 10 años, o en 20 o en 30, me resulta más o menos lo mismo: en todos los casos lo que importa es lo que somos ahora y el cariño que haya quedado. Como gracias al feisbuc en los últimos meses me reencontré en el éter informático con amigos que no veo desde que era adolescente o infante, Buenos Aires me depara un montón de aventuras. Qué incógnita pensar qué pasará en cada reencuentro...

Y ahora dejo la futurología y sigo embalando. ¡Adiós, cuentogotas y quienquiera que me lea, hasta cuando pueda!

Fotografías: Martin Waugh, Liquid sculpture.

* Como hicimos una vez con mi familia de origen cuando yo tenía ¿15 o 16 años? no me acuerdo bien... Padres, ustedes tienen 26 años más que yo pero seguro que se acuerdan mejor que yo, ¿qué edad tenía cuando nos mudamos de Yerbal al 400 a Yerbal al 500?

Arte vegetal











Una hoja de níspero secándose. Me pareció muy hermosa, como una pintura abstracta. Colores, formas, texturas, etc. Saqué las fotos hace 2 meses pero no tuve cuándo subirlas.

Despedida

Comenzó el tiempo de la despedida.
En un mes y medio dejamos el pueblo y aterrizamos en Buenos Aires.
Viajamos en pleno solsticio, del verano al invierno, del Norte al Sur, del pueblo pequeño a la gran ciudad, de la casita con jardín al depto con balconcito, de estar los tres solos a vivir con la familia.
Me pongo a hacer cuentas: vuelvo a Buenos Aires después de 11 años dos meses y 23 días de haberme ido, nos vamos de Cataluña después de 6 años 11 meses y 3 días viviendo aquí.
Desde hace unos días me siento un puente viviente: un pie en cada lado del océano y el corazón en el medio.
En un largo ejercicio de Tai Chi que dure un par de meses iré pasando el peso de una pierna a la otra hasta ser de nuevo austral.
Cada vez que doy la noticia a alguien del pueblo, la amarra se afloja un poco más.

La naturaleza nos homenajea. Es el mejor momento del año: el aire primaveral cálido y amigable es una caricia amorosa alrededor de mi cuerpo, el sol entibia, calienta, pero no ahoga, el cielo está limpio, los rayos del sol decoran el universo, los pájaros cantan todo el tiempo, todo estalla en verdes y flores; y como regalo de despedida nuestro cerezo por única vez en 5 años se llenó de cerezas accesibles y pudimos cansarnos de juntarlas, comerlas y ¡hasta hacer un frasco de dulce! Qué placer tan sensual buscar las frutas maduras escondidas entre las hojas verdes, arrancarlas, llevarlas a la boca, desprender su carozo y tragar la pulpa...
Esta despedida tiene el color de las cerezas maduras.


Fotografías: Obnebur

Trabajo y alienación

Tiempo atrás pensé que cualquier trabajo hace mal a la salud, porque cualquier trabajo nos obliga a estar en una misma postura demasiadas horas por día, mover siempre los mismos músculos y no otros, etc. Para la logica del trabajo lo importante es el rendimiento del trabajador, no su bienestar, por lo tanto es mejor que cada trabajador se especialice en una tarea, porque se supone que si una persona hace muchas veces lo mismo cada vez lo hará mejor y en menos tiempo. Pero para nuestra salud psicorporal sería mucho mejor un trabajo en el que pudiéramos variar de movimientos y posturas, y también de estímulos mentales. Ergo, cualquier trabajo nos perjudica, independientemente del placer que nos provoque realizarlo, y si no lo creen pregunten a cualquier músico con tendinitis.

Hasta acá había llegado, cuando hace un mes más o menos, descubrí el pensamiento de Paul Ariès a través de este video.



Me gusta lo que propone Ariès: que los recursos del planeta se repartan por igual entre todos sus habitantes, que haya un sueldo mínimo garantizado para cada ser humano sólo por el hecho de estar vivo, y para lograrlo que nadie pueda tener más de cierta cantidad de dinero; que en vez de deslomarnos trabajando tengamos tiempo para desarrollar otras áreas de nuestra personalidad. Laburamos para consumir, dice Ariès, y asfixiamos el planeta; trabajamos fabricando cosas que no son necesarias, no hacen bien a la sociedad, y desgastamos el medio ambiente. La clave es el desfasaje entre el 20% de población que se consume el 86% de los recursos planetarios, como dice Ariès si extendieramos nuestro sistema de vida a todo el planeta, sucumbe, por lo tanto debemos cambiar.

Cuando lo escuché pensé en Anarres, el mundo "desposeido" de U. K. Le Guin. En su novela Úrsula imagina un planeta donde todos los habitantes tienen lo básico asegurado (comida, vivienda, etc) y al mismo tiempo nadie es propietario de nada. A tal punto los habitantes de Anarres repugnan de la posesión que ni siquiera usan los pronombres posesivos para las relaciones familiares, por ejemplo no dicen "es MI madre" sino "es LA madre" (la parte de esta utopía que me cuesta más deglutir es justamente ésta, que los niños son educados como si fueran hijos de toda la sociedad y de nadie en especial en escuelas comunitarias lejos de sus progenitores. Y la parte que más me conmueve es donde dice que cuando los maestros de Anarres tienen que contarles a los niños que la iniciadora de su revolución política estuvo en la cárcel en Urras, el planeta de origen, se sienten incómodos y tartamudean tal como nosotros cuando tenemos que hablar a nuestros niños de algo obsceno: en Anarres es inconcebible que un ser humano prive de su libertad a otro). Úrsula imagina con bastante detalle esta sociedad e incluso prevé sus limitaciones, pero con estos límites y todo tiene para mí muchas ventajas morales. Son las mismas por las que me fascina Ariès, pero Úrsula lo imagina en una novela y Ariès lo expresa con datos de nuestro planeta, diciendo "es posible, si no se hace es por una decisión política", por eso me gusta tanto. Si yo pudiera elegir, haría el cambio ahora mismo: no me importa perder todo lo que tengo a cambio de que todo el mundo tenga lo mismo que yo. Nunca me abruma el "por qué yo no tengo lo que tienen otros", en cambio siempre me abrumó el "por qué los demás no tienen lo que yo tengo".

Cuando vi el video dije que me parecía muy utópico que se pudiera cambiar tanto por los enormes intereses que están en juego, pero un amigo me contestó largamente haciéndome ver que el problema no es teórico, es palpable, al ritmo que crece la población mundial es imposible mantener nuestro actual modo de vida. Me salió contestarle "¿o sea que sí lo vamos a ver (que se acabe este sistema economico) porque se va a ir a la mierda dentro de poco? ¡Ojalá! cuando las papas quemen algo habrá que hacer, algo habrá que inventar para seguir adelante." Y después vi otro video de Ariès donde dice algo así: vivimos en una cultura de la desmesura y no podemos ponernos límites. Cuando una persona no sabe ponerse límites, los busca a través de conductas autodestructivas: la toxicomanía, el suicido. Una sociedad que no sabe ponerse límites lo busca en el agotamiento de recursos.

Pocos días después vi las conferencias de Robinson que ya publiqué en El tintero, como me gustan mucho, me parece importante difundirlas e indirectamente tienen mucho que ver, las incluyo de nuevo aquí.






Como ven, las ideas son semejantes: seguimos pensando el mundo con ideas anticuadas, pero el mundo cambió mucho y esas ideas ya no son válidas. Si no abrimos el juego y buscamos nuevas soluciones, nos hundiremos. En vez de promover las mismas actividades o conocimientos que llevaban al éxito en el pasado, debemos facilitar el terreno para que surja lo imprevisto y abra una nueva vía.

Quería publicar esto hoy porque es el Día del Trabajador, y por muchas razones impublicables, hoy es una fecha muy especial para mí.

Para continuar entintados

Tiempo atrás compré en un "Encant" (feria de antigüedades y cosas usadas) un librito muy hermoso de poesía china traducida al francés con caligrafías de Fabienne Verdier, una artista francesa de quien nunca había oído hablar antes. Quedé subyugada por las caligrafías y por Verdier, porque el libro incluye un artículo de ella donde explica cómo estudió caligrafía en China y el aspecto espiritual de este arte.

La rencontre avec le maître Huang Yuan, les longues années d'apprentissage passées à ses côtés restent ancrées dans ma mémoire comme l'un des moments les plus riches de mon itinéraire. Avec lui, j'ai compris que la calligraphie était avant tout un véritable art de vivre, austère certes, mais ô combien riche et fructueux. Apprendre le silence, se détacher des affaires du monde, se tenir dans une vie contemplative, entrer en résonance avec les saisons, les bourrasques du vent d'hiver, les montagnes sacrées, ne faire plus qu'un avec le paysage, observer le mouvement des étoiles, la formation des nuages, la structure des plantes, la nature du chant du criquet, l'été, sur le pas de la porte... Comme l'homme, le monde respire et le calligraphe doit avoir le coeur disponible pour être capable d'insuffler à son trait le pouls de l'univers. Il doit pour cela chercher à cultiver la réceptivité, retrouver une intégrité, être à l'ecoute de ses émotions et de son être intérieur. Telles sont les règles de cette sagesse ancestrale qui m'ont été transmises par mon viuex maître, avant même qu'il ne m'enseigne l'art du pinceau. (Fabienne Verdier)

Busqué información sobre ella y quedé alucinada con su sitio web.




Resulta que las caligrafías que uno imagina del tamaño de una hoja de papel y hechas con un sencillo pero intenso movimiento de la mano, en el caso de Verdier son monumentales cuadros ejecutados con gigantescos pinceles creados por ella misma, y aun así tienen la ligereza del simple trazo de pincel.

Sus pinceles miden 2 metros, están colgados del techo por una cuerda de 10 metros, llenos de tinta pesan hasta 70 kilos, los mueve rodeándolos con sus brazos o arrastrándolos con un manubrio de bicicleta adosado y los construye ella misma con pelos de distintos animales según el propósito que deban cumplir. No entendí si las tintas también las fabrica ella o no, pero sí dice que son "un secreto" mezcla de elementos vegetales y minerales de tradiciones milenarias y compuestos contemporáneos.


Más allá de lo imponente del tamaño de su obra, sobrecoge su actitud, absolutamente reconcentrada, y su exigencia: ante los cuadros que pierden su "espíritu" no tiene ninguna piedad y su destino es el fuego, una hoguera expiatoria que documenta en su web pues evidentemente también forma parte de su acto artístico.

Su web tiene una elegancia que me fascina. Y sus cuadernos de apuntes parecen caligrafías.







teaser : fabienne Verdier : flux: un film de philippe chancel from philippe chancel on Vimeo.

Me trajo a la memoria un relato breve muy hermoso que leí hace tiempo (estoy tratando de recuperarlo pero no lo encuentro) que decía más o menos esto: un rey encarga a un calígrafo o pintor un cuadro (de algo, no me acuerdo de qué, digamos de un león). El pintor pide un palacio con sirvientes y diez años para elaborar la obra. A los diez años, el rey va a ver al pintor, quien le pide diez años más (no recuerdo si esto pasa una vez más, y llegamos a 30 años, o nos quedamos en 20). Finalmente cunado el pintor dice estar preparado, toma un hoja de papel y un pincel y en un instante ejecuta el cuadro ante los ojos del rey.

Cualquier mente occidental pensaría que el pintor se aprovechó del rey para vivir durante años como un señor, que si cuando pinta el cuadro lo hace en un instante, entonces bien podría haberlo pintado 20 o 30 años antes cuando el rey se lo pidió. Pero lo que muestra este relato es lo que dice Verdier: que para esta concepción del arte, y tal vez para cualquier mente oriental, la creación es un largo proceso interior de contemplación y disponibilidad espiritual, y que la ejecución material de la obra es simplemente la manifestación exterior de este largo proceso interno.

Addenda: todavía no me reencontré con mi libro pero encontré el relato en la web:
“Entre sus muchas virtudes, Chuang Tzu tenía la de ser diestro en el dibujo. El rey le pidió que dibujara un cangrejo. Chuang Tzu respondió que necesitaba cinco años y una casa con doce servidores. Pasaron cinco años y el dibujo aún no estaba empezado. “Necesito otros cinco años”, dijo Chuang Tzu. El rey se los concedió. Transcurridos los diez años, Chuang Tzu tomó el pincel y en un instante, con un sólo gesto, dibujó un cangrejo, el cangrejo más perfecto que jamás se hubiera visto” (Italo Calvino, Seis Propuestas para el próximo milenio, Siruela, 1998, p. 65)

El tintero : inauguración oficial

Lo anuncio por acá porque si no quedará desapercibido: acabo de hacer un cambio en el diseño del blog, ahora existe una página independiente de las entradas del cuerpo principal del blog que se llama "El tintero". Para acceder a él hay que ir a la parte de arriba, por debajo del título y por encima de mis "Librogs". Hice esto para publicar ahí muchas ideas que cuando se me ocurrieron quise publicar como entradas normales pero como son más complejas que lo que suelo escribir no tuve tiempo para dedicarles. Las primeras me parecían inconexas entre sí, pero después surgieron otras y fui viendo que todas se enlazan en un mismo tema base fundamental. Decidí entonces dedicarles una sección separada del cuerpo cuentagotístico diario porque lo que expreso ahí no tiene que ver con un momento concreto sino que constituye algo así como los “contenidos transversales” de cuentogotas, ideas que están en su base y sobre las que se sostienen las entradas particulares. Y si esa sección es “El tintero” por lo que se me quedó en él hasta ahora, la sección normal pasa a llamarse “La tinta”, porque es lo que pudo ser expresado hasta ahora: gotas de tinta electrónica sobre papel de bits y luces. Espero que les guste.

Una contribución de Silví



Por qué camino webneuronal una profesora de Lengua que, según sus propias palabras, estaba "luchando con una minitraducción" llega a estos videos, es un misterio más de los que nos depara la vida; sea como sea, cuando mi gran amiga Silví los vio pensó en mí y me los envió, y en su honor y porque me gustaron mucho aquí los comparto. Son fascinantes: por un lado, fascina la parafernalia de laboratorio que montaron estos ñatos para filmar unas minúsculas gotas cayendo sobre una superficie líquida, y por el otro fascinan las gotas en sí, poder ver ampliado y lentificado algo que a simple vista nunca podremos apreciar así, descubrir la danza perfecta de rechazo-acogida-deglución-escupida y vuelta a empezar que se da entre la gota de agua y la superficie líquida a donde se integra. Me encanta ver la bolita transparente apoyada unos instantes sobre la superficie desaparecer de golpe generando un anillo en el agua, y cómo la masa líquida parece escupir más tarde un poquito de la gota todavía no absorbida, y así nuevamente hasta desaparecer del todo. Me quedo mirando la secuencia una y otra vez. ¡Gracias Silví!

Abuela Grillo



Un corto de animación hecho en colaboración entre bolivianos y daneses, adaptación de un mito ayoreo. Es muy hermoso, y ¡la protagonista es el agua!!!

El agua según Mariana

Más que reencontrada del feisbuc, una reencontrada de la vida: Mariana publicó este cuadro suyo (supongo que son acuarelas) y además de subyugarme la imagen me encantó su comentario: "y bueno para mí así es el agua!"



He aquí otra "aguarela" de Mariana:



Ilustraciones: Mariana Vignau

A veces mis sinapsis son tan lentas....

Gracias a que se juntaron con tres minutos de diferencia el descubrimiento de las fotos de Clark Little con el comentario de un reencontrado del feisbuc que publicó uno de mis cuadros favoritos, me di cuenta de que nunca lo publiqué en cuentogotas y se merece un lugar de honor. Aquí está el famoso cuadro de Hokusai con la ola enorme, y su hermoso texto que me acompaña desde los once años gracias a que mi padre nos regaló el pequeño gran libro de Borges y Bioy Casares:

Desde los seis años sentí el impulso de dibujar las formas de las cosas. Hacia los cincuenta expuse un colección de dibujos, pero nada de lo ejecutado antes de los setenta me satisface. Sólo a los setenta y tres años pude intuir, siquiera aproximadamente, la verdadera forma y naturaleza de las aves, peces y plantas. Por consiguiente, a los ochenta años habré hecho grandes progresos; a los noventa habré penetrado la esencia de todas las cosas; a los cien, habré seguramente ascendido a un estado más alto, indescriptible, y si llego a los ciento diez años, todo, cada punto y cada línea, vivirá. Invito a quienes vivirán tanto como yo a verificar si cumplo estas promesas. Escrito a la edad de setenta y cinco años, por mí, antes Hokusai, ahora llamado Huakivo Royi, el viejo enloquecido por el dibujo. (1)
Adele-Revon, Japanische Literatur.
Jorge Luis Borges y Adolfo Bioy Casares: Cuentos breves y extraordinarios
(1) Hokusai murió a los 89 años de edad.



Pintura: Hokusai

Super fotos de super olas

Acabo de descubrir estas impresionantes fotos de un surffotógrafo hawaiiano, Clark Little. ¡Miren un poco! ¡Qué mar! ¡Qué olas! ¡Qué fotos!







Fotografías: Clark Little

Un diálogo manuelesco durante la cena

-¿Están ricos los buñuelos, Manu?
-¿Querés que te diga algo sobre las dimensiones?
-Dale.
-Yo creo que la quinta dimensión es la teletransportación.
-¿Qué es eso? ¿Viajar con la mente?
-Estar en otro lugar instantáneamente.
-¿Y eso existe?
-No creo.
-Es algo teórico.
-Son cosas de la ciencia ficción.
-¿Entonces la quinta dimensión no existe?
-Creo que no. Creo, no sé. Pero la cuarta dimensión sí, algunos dicen que es el tiempo. Además ya hicieron una película en cuatro dimensiones.

Fotografía: Martin Waugh, Liquid Sculpture.

Música de agua



Apenas empezó a sonar me hizo pensar en agua, música de agua, gotas de lluvia cayendo mansa y pródigamente, ¡curioso en uno de los lugares más secos del mundo! ¿Será lluvia soñada, lluvia anhelada, lluvia imaginada en el desierto? No sé pero es hermoso. Una contribución de Marcelo Lopinto.

Manuel preadolescente


¡Nueve años cumplidos en noviembre y ya estamos en la lucha! Algo me dice que la etapa de mi vida intitulada "A poner las barbas en remojo" ya empezó. Y si ya empezó, ¡quién sabe lo que durará, dios nos ampare!

Fotografía: Obnebur (Sant Feliu de Pallerols).

Todo florece

El primero fue el damasco hace una semana, después los arbolitos de mi cuadra, y hoy descubrí allá arriba la primera florcita del cerezo.

No todo el mundo piensa igual...

Dije tan convencida que convertir en imágenes Contra el viento del norte le haría perder toda su fuerza y me acabo de desayunar con que existe una versión para teatro. No sé si la escribió el mismo autor, pero en todo caso tiene que haberla autorizado, supongo. En fin, no todos pensamos igual, ¿no?

Me shockeó ver lo distinto que suena el libro cuando es dicho en alemán. Y asi siguiendo encontré versiones en francés, en catalán y la última creo que en eslovaco! Es interesante ver cuán diferentes pueden sonar los mismos conceptos en otros idiomas, ¡hasta parecen otros sentimientos! Qué bueno que existan las traducciones... en fin, por si alguien se interesa en esta curiosidad, aquí dejo los enlaces multilingües:

Gut gegen nordwind (teatro en Viena)

Gut gegen nordwind (teatro en Munich)

Contra el vent del nord (promoción en catalán)

Quand souffle le vent du nord (promoción en francés)

Le ho mai raccontato del vento del nord (reseñado en italiano)

¡éste no sé en qué idioma está!!! creo que es eslovaco, pero no sé...

éste no se escucha, se ve escrito probablemente también en eslovaco... muy divertido ver cómo van apareciendo las letras de palabras tan extrañas!

La settima onda (Cada siete olas reseñado en italiano)
(¡este italiano comentador de libros por internet es super simpático! Para mí que le encantaría tener uno de esos programas de libros que hay en la tele y se lo hace él mismo en su casa, lo sube a iutub y listo el pollo... más o menos como yo con mis blogs, ¿no? ¡chau industria! yo me escribo, yo me publico, etc.)

Volviendo a Glattauer, encontré una entrevista donde dice que para él la historia terminaba con el primer libro, que su final tiene para él mucho sentido (lo mismo que dije yo) pero que después de haberlo escrito recibió muchos e-mails de gente pidiéndole una continuación y así "se dejó convencer" de continuar la historia. ¡Qué cómico que lo hayan convencido por e-mail, no? Según él la segunda parte es más "realista"... yo diría que es al revés, pero ¿qué es ser "realista" a esta altura del partido, con tanta realidad virtual dando vueltas por ahí? Acá está el enlace (y él también me parece simpático) :

Daniel Glattauer sobre sus libros

Olas y libros

En agosto del 2010 conté cuánto me había gustado la novela Contra el viento del norte de Daniel Glattauer, y lo enganchada que quedé con leer su continuación. En octubre del mismo año supe que ya estaba editado el tan esperado Cada siete olas, y pude hojear electrónicamente sus primeras páginas. Tenía muchas ganas de leerlo pero no era una buena idea comprarlo. Y aquí me permito una digresión sobre libros y bibliotecas.

Cuando vivía en Buenos Aires no tenía el hábito de las bibliotecas públicas. Los libros eran pertenencias privadas, particulares: nos los prestábamos, pero siempre de propietario a propietario, y con buena suerte volvían a su lugar de pertenencia. Mis padres siempre tuvieron una gran biblioteca, mis amigos siempre tenían libros. Más o menos desde que tengo uso de razón para mí "el mejor regalo es un libro"; cuando estudiaba en la Facultad para cada cumpleaños dejaba a mis padres una lista orientativa de los libros que me interesaban en ese momento y ellos generosamente en vez de comprarme uno o dos me compraban cinco o siete de los de la lista, con lo cual yo misma fui adquiriendo una biblioteca nutrida. En 1992, cuando viví mi primer viaje de anagnórisis (cinco meses yirando por Europa), en el momento clave en que me pregunté a mí misma "¿yo qué quiero hacer?" y me contesté "leer y escribir", vi que el mejor lugar donde podía hacer eso era Buenos Aires, y me volví. Era el mejor lugar entre muchas otras cosas porque, como pensé entonces, aunque volvía sin trabajo y sin saber cuánto tiempo tardaría en conseguir uno ni cuánto ganaría para vivir, es decir aunque volvía con la perspectiva de no poder comprarme más libros por mucho tiempo, con los que ya tenía y los que podía leer prestados (en ese entonces pensaba en las estanterías de familia y amigos) tenía para leer durante años. Resultó que conseguí trabajo más o menos rápido, y que empece a ganar más de lo que esperaba, más de lo que necesitaba para vivir (soltera, sin hijos y con un depto propio gastaba poco). Tuve varios años de comprarme los libros que quisiera, hasta que caí en la cuenta de que compraba a más velocidad de lo que podía leer y me obligué a frenarme.

Desde que me fui de Buenos Aires en los tres lugares en que viví cultivé el hábito de las bibliotecas, en todos ellos los/las bibliotecarios/as fueron personas fundamentales en mi enraizamiento con el lugar. En Valle Hermoso más que los libros lo que me llevaba a la Biblioteca era Mabel, mi amiga bibliotecaria, y de paso que Manuel ojee más libros infantiles que los que teníamos en casa. En Salt lo que me llevaba a la Biblioteca era la sección infantil para Manuel, que estaba muy calentita, que los bibliotecarios especialmente uno eran super amables y buena onda, y que ahí me podía aislar del entorno deprimente, relajar y descansar un rato mientras Manuel estaba muy entretenido. Fue en la biblioteca de Salt donde descubrí que Manuel, con sólo 4 años, ya sabía leer: dijo "pilota" ("pelota" en catalán) y no había un dibujo que indicara la palabra, había letras, había juntado las letras y las había leído correctamente. También en Salt me hice socia y empecé a amar el Sistema de Lectura Pública de Catalunya: haciéndote socia de cualquiera de sus bibliotecas se puede consultar y pedir prestados libros en cualquier otra, y si el libro que me interesa no está en la Biblioteca de mi pueblo, lo solicitan a otra de la red y lo traen de donde sea (con la crisis este servicio está limitado y entorpecido, pero todavía se brinda). Puedo pedir que me reserven el libro que quiero y me avisan cuando llega, y puedo renovarlo por internet ilimitadamente hasta que algún otro lector lo reserve. La mayoría de los libros están en catalán, cosa que me sirvió para aprender mucho la lengua, pero no todos. La Biblioteca es uno de nuestros lugares preferidos con Manuel, los bibliotecarios nos tienen bien junados, y además cuando participo en el Club de Lectura me lo paso bomba (la sesión de ayer fue explosiva, el libro elegido era enfervorizante y hablábamos todos al mismo tiempo, además de festejar el cumpleaños de una de las participantes con torta y vino espumoso).

Cerrando la digresión, cuando supe que estaba publicada la novela esperada pregunté en la Biblioteca si ya estaba disponible en el Sistema de Lectura Pública y me dijeron que no. Venciendo mi timidez cuando tuve una oportunidad le sugerí a la bibliotecaria que lo tuviera en cuenta la próxima vez que hubiera fondos para comprar libros. Ayer me avisó que lo tenía reservado para mí, y cuando fui a la noche al encuentro del Club y me lo dio me dijo que era "nuestro", lo habían comprado en la Biblioteca de mi pueblo por mi recomendación. Me lo traje a casa y me lo devoré en menos de 24 horas. Otra vez me atrapó la trama y la forma en que está escrito, otra vez al terminarlo tuve que releer partes para encajar la historia, otra vez disfruté la sobriedad de recursos, la economía de palabras, la ironía de las frases, la intensidad de sentimientos, la sincronización de los segundos-minutos-días-semanas pasadas entre un correo y otro. En general, me gustó mucho. Pero me dejó una nota de incerteza, y escribo esto para entenderla. Para decir lo que pienso voy a tener que mencionar claves decisivas de la trama (cosa que evité cuando comenté la primera parte) así que si algún lector piensa leer el libro mejor que no siga adelante o le voy a aguar la fiesta.

Algo que me gustó mucho de Contra el viento del norte es que está toda escrita con correos electrónicos: un hombre y una mujer que no se conocen para nada empiezan a escribirse mensajes por error, siguen escribiéndose porque empiezan a interesarse el uno por el otro, y terminan enamorándose hasta la médula sin haberse visto nunca. Toda la primera novela está construida sobre el encuentro evitado, rechazado, deseado, temido, postergado alternativamente por el uno o la otra, y termina con el casi encuentro fracasado a último momento. La historia podría haber terminado así y tener mucho sentido, habría tenido UN sentido ("el sentido de un final", diría Kermode): más o menos lo que expresa el personaje masculino todo el tiempo: que el ideal es mejor que cualquier realidad, que un encuentro sería arruinar la perfección que habían alcanzado sin verse nunca. En la primera parte tenían que NO encontrarse, si se encontraban el libro dejaba de ser lo que era, la base de su construcción era que no se conocían en persona, que se escribían sin saber exactamente como era el otro, por eso dije en su momento que no puede ser llevada al cine sin socavar su fuerza, porque si nosotros viéramos las caras de los actores que interpretan a los personajes, por más que los personajes nunca se encuentren la historia se transforma: los personajes tienen que ser para nosotros tan sin rostro como lo son el uno para la otra durante toda la historia.

Pero una continuación no puede basarse en lo mismo, semejante recurso no puede usarse ilimitadamente. En la segunda parte se imponía que se encontraran y más o menos pronto, o los nervios de los lectores (por lo menos los míos) harían saltar el libro por los aires. Sabía que el autor los juntaría y me preguntaba qué haría: ¿quebraría su "constricción" casi perequiana de sólo incluir e-mails? Y si no quebraba semejante autolimitación estructural, ¿cómo haría para hacernos saber a los lectores lo que hacen los personajes cuando se encuentran en persona sin que suene absurdo ni forzado que los personajes se lo cuenten a sí mismos por correo electrónico unas horas más tarde? Afortunadamente Glattauer no me decepcionó estilísiticamente, resolvió esto magníficamente. No desdice su autolimitación, el segundo libro también está escrito sólo con correos electrónicos. Incluso al final cuando ya no son necesarios los e-mails, nos lo hace saber a través de unos pocos e-mails muy bien ubicados. Sí que se encuentran varias veces los personajes a lo largo del libro, incluso hacen el amor más o menos por el medio, no al final, y sin embargo es perfectamente lógico que se sigan escribiendo correos electrónicos durante 140 páginas más. Perfectamente lógico... o casi. Y aquí aparece la nota amarga.

Algo que me gustó mucho de la primera parte es que a través de las pocas palabras que se intercambian veo expresados (y reprimidos) montones de sentimientos de los personajes que me parecen sumamente coherentes, convincentes, verosímiles psicológicamente, etc etc. Por qué en cada momento cuando ella se quiere encontrar él no y al revés, en la primera parte me parece totalmente lógico con lo que le pasa a cada uno. Pero en la segunda parte en la página 106 él le pregunta a ella si se había separado de su marido, y ella le contesta "me retiré, me trasladé un poco, me alejé de él" y algunas cuantas cosas más por el estilo. Y en la página 241 él le pregunta si se divorciaría de su marido, y ella le contesta que no, porque ya se divorció, en la página 106 ya estaba divorciada. Alega que no se lo escondió, simplemente no se lo dijo porque no era importante y porque ya estaba por llegar la novia de él. Mentira, cuando ella dice eso todavía falta un día y una página para que se entere de que está por venir su novia. No me cierra, y por lo tanto no me cierra el libro. Como dicen acá: "no liga". Tal vez la culpa no es del autor sino de la traductora, tal vez en alemán existe alguna sutileza de la lengua que permite que ella le conteste así sin mentir, pero no se me ocurre qué, ni cómo se podría traducir a nuestras lenguas (lo leí en catalán, pero en castellano sería casi igual). Pero tal como lo leí, muchas cosas de las 135 páginas del medio ya no encajan. El autor hizo trampa, Glattauer ME hizo trampa, ¡a mí, que tanto me había gustado la primera novela! Será porque lo leí en catalán, siento una palabra que en castellano no me sale: "decebuda". En castellano sería decepcionada, pero no diría que me siento decepcionada por la novela. Y sin embargo se me aparece la palabra "decebuda", que como se parece a "rebuda" (= "recibida") es como que no recibí lo que esperaba recibir. Y eso es una decepción, ¿no?

Quería musicalizar esta entrada con una canción que no tiene nada que ver con la novela pero me gusta mucho y me transmite una sensación semejante (no por lo "decebuda" sin por la melancolía, a pesar de que esta segunda parte termina muy bien). Y buscando cómo incluirla acá encontré un video hermoso que parece muy ad hoc.



Fotografías: portada de Cada siete olas, rasbcn

Espectacular sueño de Manuel

Tuve un sueño fabuloso que te va a gustar. Soñé que estaba construyendo una nave espacial. Era chiquita y entrábamos vos y yo. Vos entrabas primera, porque ibas en el asiento de atrás, entrabas por una puertita que había arriba, y yo entraba después. Yo conducía y nos íbamos a Marte, y aterrizábamos en un lugar donde había un poco de hielo, porque era al Norte y era invierno. Marte era casi igual a la Tierra, con hombres, fábricas, de todo. Los que vivían en Marte habían puesto una atmósfera respirable artificial (A.R.A.) y podíamos caminar por Marte sin traje espacial. Yo pensaba "qué bueno que estuviera papá con nosotros, le gustaría esto" y justo cuando pensaba eso veíamos a papá que estaba hablando con un hombre de Marte, y había llegado en otra nave espacial chiquita, negra, con un propulsor delante, como una avioneta. Nosotros habíamos llevado un rover lunar para explorar Marte. Yo lo conducía e iba solo. Tenía un baldecito y una palita y juntaba un poco de hielo de Marte. Después nos volvíamos los tres, las dos naves espaciales una al lado de la otra, y cuando llegábamos a casa yo guardaba enseguida el hielo de Marte en la heladera.

Fotografía: El País

El tiempo, todo locura

Un amigo de un amigo que prefiere ser nombrado como redbluecrow dijo que quería reescribir la Biblia a su manera y viajar al pasado para reemplazar la Vulgata de San Jerónimo por la suya. Nos dijo que miremos en los cajones de las mesas de luz de los hoteles a los que fuéramos porque nos encontraríamos con una sorpresa. Como la reescritura bíblica le llevaría mucho tiempo, de momento se estaba dedicando a la construcción de la máquina del tiempo con la cual viajar al pasado.

Me pareció una buena idea comenzar por la máquina del tiempo si la reescritura le parecía tan trabajosa. Así, cuando hubiera acabado el Antiguo Testamento y sintiera que le quedaba poco tiempo, podría viajar a su primera juventud para continuar la sagrada reescritura, y cuando hubiera terminado el Nuevo Testamento y todavía le faltaran los anexos podría volver a viajar al pasado para ganar tiempo, y así siguiendo. Pero no entendí lo de los cajones de las mesas de luz de los hoteles y le pregunté a qué se refería, y me dijo que estaba pensando en las Biblias que los evangelistas dejan en todos los hoteles de Occidente.

Yo creo que esas biblias cajoneras están sólo en los hoteles de EEUU, no en todo Occidente, pero no puedo dar fe. En los hoteles porteños, en todo caso, si los evangelistas dejaran biblias lo más apropiado sería ponerlas junto al calefón. El quid es que según la versión más consensuada sobre viajes temporales, si alguien viajara al pasado y reemplazara la Biblia, a partir de ahí todos los hechos posteriores incluirían esa nueva Biblia como válida, es decir que también nuestros recuerdos incluirían esa Biblia y no la reemplazada, por lo tanto no tendríamos ninguna sorpresa al encontrar su Biblia en nuestra mesa de luz: sería la de siempre.

Y me quedé pensando en esta cuestión (como ya les conté hace tiempo, las historias de bucles temporales siempre me gustaron, me entretiene mucho pensar en semejantes vericuetos). Si aceptamos que si alguien pudiera viajar al pasado e intervenir, su intervención alteraría no sólo los hechos posteriores sino también nuestro recuerdo de los hechos, entonces podría estar ocurriendo que nuestro presente esté siendo modificado contínuamente por viajeros temporales, lo que pasa es que como en el mismo momento en que los hechos son modificados también se modifican nuestros recuerdos, nunca nos damos cuenta. Podría ser que el blogger haya sido creado hace dos minutos, o que dentro de cinco internet no haya sido creada jamás. Podría ser que Douglas y Tony, los científicos de El tunel del tiempo, sigan yirando de un tiempo al otro, metiendo la gamba en cada época en la que aparecen, modificándonos contínuamente. Nosotros no nos damos cuenta, vivimos como si la Historia siempre hubiera sido la que leemos en los libros, y sólo ellos pueden recordar las distintas versiones que crearon a su paso de elefante por todas las dimensiones temporales y parietales del universo.

La idea de volver para atrás en el tiempo para tener más de él para hacer lo que uno quiere no es mía sino de un cuento de Alfred Bester, donde un inventor en su vejez se da cuenta de que si en su juventud hubiera sabido todo lo que sabe de viejo, podría haber inventado muchas más cosas, entonces viaja al pasado, se encuentra consigo mismo de joven, y se transmite a sí mismo todo lo que aprendió más tarde. En consecuencia hace inventos todavía más revolucionarios, y cuando llega nuevamente a su vejez vuelve a pensar que podría haber aprovechado mejor el tiempo si hubiera sabido más cosas, entonces vuelve a viajar al mismo momento de su juventud para decirse todo que aprendió. Con sus nuevos conocimientos crea inventos todavía más prodigiosos, y cuando llega de nuevo a la vejez vuelve a pensar lo mismo… pero cuando viaja al pasado por tercera vez, es tan avanzado lo que tiene que transmitirle a su yo joven, que el joven no lo escucha, cree que está hablando con un viejo loco, y lo ignora. Al final del cuento la línea temporal válida es la misma que se había dado al comienzo sin intervención en el pasado, diríamos que tanta intervención termina anulando su efecto.

Me gusta mucho este cuento, lo leí en algún número de El Péndulo, y cuando logre recuperar el resto de mi biblioteca quiero leerselo a Manuel. Pero aunque esta idea fue lo que tenía en mente cuando hice mi comentario al sagrado reescritor, en realidad lo que estaba proponiendo era un poco distinto: cuando esté en su vejez y todavía no haya acabado su obra, con la máquina del tiempo podría viajar a un punto anterior de su vida donde todavía tiene tiempo por delante para escribir lo que le falta. Con una máquina así no seríamos eternos, pero casi.

Otra posibilidad sería la del “milagro secreto” de Borges, donde un escritor condenado a muerte recibe de Dios el regalo de un año contenido en un segundo para poder terminar su obra. No hay viaje temporal sino distintas percepciones del tiempo: lo que para el pelotón de fusilamiento es un segundo, para el escritor, en su mente, es un año, y logra redactar mentalmente su obra (es su mente, porque en ese año su cuerpo también está inmóvil frente al pelotón de fusilamiento). Pensar en esto me lleva a plantearme otro tema: ¿qué nos importa cuando creamos: la obra en sí, más allá de su recepción, o también nos importa poder compartirla? Terminar una obra pero que sólo esté en nuestro cerebro y nadie se entere de ella, ¿es terminarla? El milagro secreto de Borges tiene algo de chiste divino: te doy la gracia de terminar tu obra pero en el mismo segundo en que la terminás, te morís y con tu muerte tu obra también desaparece como si nunca hubiera existido. Parece un chiste negro…

Todo esto se entronca con otras cosas que vengo pensando hace meses más complejas que lo que suelo publicar, por eso nunca logro sentarme a escribirlas… a ver si lo consigo algún dia. Tendrá que ser sin intervenciones divinas ni viajes temporales, me temo que me las tendré que arreglar solita.



Addenda: releí "El milagro secreto" al buscar el enlace y me volví a maravillar: recordaba la idea, pero no cuán magistralmente que está escrito. Por favor, léanlo y reléanlo: cada palabra es una joya, cada idea es un universo. Y la gota detenida durante un año en la mejilla de Hladik merece un sitio de honor en cuentogotas.


Fotografías: Hector Garrido, The Time Tunnel, laradanielle (fragmento)

Mi tercera modesta contribución para la Paz Mundial: la piropoterapia

Por estos lares existe algo que se llama Teràpia del Riure, es decir "terapia de la risa", supongo que existe en más lugares también. Por lo que me contaron consiste en juntarse y empezar a contarse chistes para terminar riendo. Según leí, está científicamente comprobado que la risa es un buen ejercicio, oxigena, lubrica ojos y naríz, reduce dolores, rejuvenece, previene el infarto, facilita el sueño, elimina el estrés, alivia la depresión y ayuda a exteriorizar emociones y sentimientos. No me hace falta probar el Taller para saber hasta qué punto es cierto que la risa es sumamente benéfica.

Hace poco leí un artículo que dice que ya comprobaron científicamente los beneficios de los abrazos y el buen trato entre las personas que se quieren (yo extendería el principio también a las personas que no tienen nada en común entre sí, es decir: si todos nos tratáramos mejor los unos a los otros, seguro que todos nos sentiríamos mejor). Cuando las parejas se abrazan, sube el nivel de oxitocina, una hormona que previene problemas del corazón (me refiero al músculo, no al alma). Por lo tanto recomendaban abrazarse una vez al día para reducir el riesgo cardíaco.

Por mi parte recomiendo la Terapia del Piropo. No puedo aportar datos científicos, pero mi experiencia me demuestra que piropear es muy terapéutico, no sólo cuando recibimos un piropo sino también cuando lo decimos. Imagino que piropear no es tan buen ejercicio como la risa porque intervienen menos músculos, no lubrica ojos y nariz (pero si piropeamos mucho podemos llegar a lubricar otras zonas) y probablemente tampoco oxigene, pero por lo demás supongo que tiene los mismos efectos que la risa: reducir dolores, rejuvenecer, prevenir el infarto, facilitar el sueño, eliminar el estrés, aliviar la depresión y ayudar a exteriorizar emociones y sentimientos. Recibir un piropo fortalece la autoestima y la confianza en uno mismo, y regalar un piropo eleva el nivel de bienestar y alegría a nuestro alrededor. Además sigo convencida por Ricard: realizar buenas acciones nos hace sentir mejor y ser más felices. Cuando recibimos piropos intentamos estar a la altura de lo que recibimos y ser cada vez mejores, y cuando regalamos piropos destacamos las cosas buenas de las personas que nos rodean en vez de destacar lo que no nos gusta.

Por lo tanto, piropéemonos más, recibamos con alegría todos los piropos, mejorémonos a nosotros y al mundo que nos rodea!


Un frío de huskies

Después de la breve primavera a destiempo arreció el invierno de la mano de una soleada oleada siberiana.
El sábado Manuel y yo salimos a dar una vuelta y descubrimos que habían talado y desmalezado una orilla del río que antes era impracticable, dejando disponible para caminar una larga extensión antes inaccesible.
Del puente para allá el río se divide en dos vertientes, en una el agua corre con fluidez, en la otra el agua se ve siempre más lenta y casi estancada. Esta vez se veía marrón, cubierta de hojas secas y ramitas, y extraordinariamente quieta.
Apenas nos acercamos al agua Manuel empezó a tirar piedras al río, levantando salpicaduras. Tiró una piedra grande cerca de la orilla que extendió en la superficie del río una mancha azul grisácea. Como nunca sé cuán contaminada o no está el agua del río pero temo lo peor, me dije que sería alguna sustancia no grata para el ecosistema como detergente o algo así.
Entonces Manuel lanzó una piedra mucho más pequeña y en vez de penetrar en el río rebotó sobre su superficie varias veces y quedó por encima.
Asombradísima me dije ¿rebotó contra unas piedras? pero fue Manuel el primero en darse cuenta: ¡la superficie del río estaba helada! Las primeras piedras habían sido tan grandes que habían quebrado el hielo y por eso habían salpicado y no habíamos percibido el hielo. Y la mancha inusual era una enorme burbuja de aire atrapada bajo el hielo.
Nos dedicamos a explorar el hielo y jugar con él, probando dónde y cómo se quebraba, qué pasaba si lanzábamos distintos objetos, y cosas así. También me puse amirar el paisaje a mi alrededor con nuevos ojos, tratando de atrapar cómo daba la luz sobre el hielo y sobre el agua y las diferencias entre uno y otra.
Había algo muy subyugante que nos envolvía. La luz del sol estaba bajando y el hielo se veía mate, mientras que el agua no helada reflejaba miles de brillitos.
Por más estancada que pudiera parecer el agua, el hielo era otra cosa, tenía una calma y una inmovilidad diferentes. Estábamos rodeados de marrones, miles de pequeños matices de las mismas tonalidades por tierra y agua, pero el hielo transmitía otra cosa, un reflejo azul casi imperceptible, o no sé bien qué... pero era hermoso.
Creí que el hielo estaba embebido de los restos vegetales y terrosos, pero no (primera lección de química) el hielo era tan transparente como el de nuestra heladera o más, las hojitas y ramas estaban pegadas a él por debajo pero no lo enturbiaban.
Al otro día volví a la mañana con la cámara de fotos y saqué muchas. La luz ya no era la misma porque era el mediodía, el hielo no se veía mate sino cargado de brillo solar, como un gran espejo reflejaba su luz. Otra vez me impresionó su enorme quietud.



Más fotos en : http://www.flickr.com/photos/gotamarina/sets/72157625795072225/

Cómo robé El amenazado ante los ojos de mi psicóloga

En mi primera juventud y aún más lejana adolescencia tenía el hábito de visitar a una psicóloga llamada Élida. Durante varios años (salvo lapsos, omisiones o vacaciones) la visité una o dos veces por semana, siempre a la misma hora y los mismos días de la semana, como un programa de la tele. Nos sentábamos cara a cara en sillas de madera con una mesa escritorio entre nosotras, y conversábamos.

El escritorio era de madera oscura y tenía en la parte superior un vidrio del mismo exacto tamaño. Entre el vidrio y la madera había postales en distintas orientaciones y un poco torcidas (después descubrí que esto es bueno para el Feng Shui, pero no sé si Élida lo tenía en cuenta porque en esa época se hablaba poco del Feng Shui). Las postales eran en su mayoría reproducciones de cuadros, muy coloridos, había algunos de Dalí recuerdo, y entre tanta imagen había una fotocopia, letras negras sobre fondo blanco grisaceo de fotocopia, orientada siempe hacia mí, no hacia Élida, donde se leía el siguiente poema de Borges:

El amenazado

Es el amor. Tendré que ocultarme o que huir.

Crecen los muros de su cárcel, como en un sueño atroz. La hermosa máscara ha cambiado, pero como siempre es la única. ¿De qué me servirán mis talismanes: el ejercicio de las letras, la vaga erudición, el aprendizaje de las palabras que usó el áspero Norte para cantar sus mares y sus espadas, la serena amistad, las galerías de la Biblioteca, las cosas comunes, los hábitos, el joven amor de mi madre, la sombra militar de mis muertos, la noche intemporal, el sabor de los sueños?

Estar contigo o no estar contigo es la medida de mi tiempo.

Ya el cántaro se quiebra sobre la fuente, ya el hombre se levanta a la voz del ave, ya se han oscurecido los que miran por las ventanas, pero la sombra no ha traído la paz.

Es, ya lo se, el amor: la ansiedad y el alivio de oír tu voz, la espera y la memoria, el horror de vivir en lo sucesivo.

Es el amor con sus mitologías, con sus pequeñas magias inútiles.

Hay una esquina por la que no me atrevo a pasar.

Ya los ejércitos me cercan, las hordas.
(Esta habitación es irreal; ella no la ha visto.)


El nombre de una mujer me delata.

Me duele una mujer en todo el cuerpo.

Jorge Luis Borges

Yo tenía la costumbre de recorrer el borde de las postales con mi dedo mientras conversábamos. Me pasaba el rato dibujando rectángulos sobre el vidrio. Miraba mucho todo lo que había sobre ese escritorio: todo estaba siempre limpio, de la misma manera y en el mismo lugar. Y leía el poema. Y me gustaba mucho y quería copiarlo, quería tenerlo conmigo, pero vaya uno a saber por qué razón no quería pedirle permiso a Élida para dejar de conversar y tomarme un rato para copiar el poema tranquila. No sé por qué. Probablemente Élida me habría dicho que sí, y muy probablemente también habría hecho entrar esa anécdota en nuestras conversaciones, pero ¿y qué? Tal vez fuera eso lo que me hacía preferir no poner en evidencia mi deseo, o tal vez simplemente me pareció más divertido hacer las cosas de otra manera.

Porque para resolver el dilema (quiero copiar este poema pero no le quiero pedir nada a Élida) lo que hacía era memorizar en cada encuentro un verso, y al salir de mi visita escribirlo para no olvidarlo. Hubo algunos versos que me llevaron más de un encuentro el memorizarlos, sobre todo la enumeración del comienzo me costó trabajo, una vez que pasé ese escollo el resto fue más fácil.

Conversábamos, y en algún momento yo me quedaba callada con la vista fija en el poema o no, y cuando hacía eso Élida tenía la costumbre de preguntarme siempre de la misma manera "¿en qué te quedaste?" y yo algo le decía. A veces me había "quedado" en algún vericueto neuronal mío, algún recuerdo, alguna asociación de ideas, pero muchas otras veces estaba en mi tarea silenciosa de memorizar parte del poema para poder sustraerlo del escritorio y llevarmelo dentro de mi cabeza.

No sé si Élida se dio cuenta alguna vez, que yo recuerde nunca mencionó nada sobre esto. O esperaba que yo se lo dijera algun día, o nunca se dio cuenta de nada. No creo que el azar de internet la lleve a caer en mi blog, pero si así fuera algún día, Élida, he aquí mi confesión sobre algunos de esos silencios en los que caía mientras estábamos juntas. Robé mentalmente el poema delante de sus ojos como si fuera una travesura divertida, y por eso le tengo un enorme cariño a este poema.

Plácido domingo

Hace unos días que disfrutamos en medio del invierno de un delicioso clima primaveral. ¡Cómo se agradece! Con un tiempo así es imposible estar mal. El sol cura todas las penas ( y yo me vuelvo helioteísta como Manuel).

Hoy domingo Manuel y yo nos fuimos a pelotear con su pelota nueva. El campo estaba lleno de verónicas y, no sé cómo ni por qué, había olor a regaliz.

Ayer le compramos a Manuel zapatillas nuevas y pelota nueva. Hoy a la mañana estaba tan entusiasmado que por primera vez alteró el ritual matinal de los fines de semana.

Uno de los mejores momentos de cada semana para mí (con ironía digo que es EL mejor momento) es cuando cada viernes desconecto el despertador y sé que por dos días no tendré que despertarme a las 6 de la mañana, y con suerte a ninguna hora en especial. ¡Me encanta despertarme sin despertadores! Por eso los fines de semana dejo que sea Manuel quien me despierte. Por lo general cuando él me viene a buscar a la cama yo todavía tengo sueño, así que él se mete en la cama y remoloneamos juntos un rato más. Nunca logro levantarme apenas me despierto, por eso de lunes a viernes pongo la alarma del despertador un rato antes de lo estrictamente necesario para poder remolonear. Cuando me viene a buscar Manuel también me resulta imposible levantarme apenas él aparece a mi lado de la cama.

Hoy Manuel me vino a buscar pero lo primero que me dijo fue que no podía meterse en la cama, porque ¡mirá! y me mostró que en vez de ponerse las pantuflas se había puesto las zapatillas nuevas porque, me dijo, tenía muchísimas ganas de estrenar su pelota.

Y así volvemos al campo de verónicas con olor a regaliz y un delicioso sol pseudoprimaveral en un cielo sin nubes.

De los piropos al autoamor (una vez más)

Volví a pensar en el poder terapéutico de los piropos y cómo su efecto benéfico me alimenta un tiempo pero al rato comienza a diluirse. Recordé que en septiembre del 2009 me pregunté si dentro mío hay un agujero negro que se chupa las buenas palabras y no las deja salir. En aquel entonces la imagen con la que me sentía representada era la de un terreno seco ávido del riego de los piropos, que de tan seco se los chupa enseguida. Esta vez la imagen que sentí más apropiada es la de una casa y su calefacción, porque hubo una lluvia de piropos que me alegró el alma, y cuando empecé a sentir que su efecto se diluía me dije que lo que tenía que hacer no era salir a buscar mas piropos sino cerrar las rendijas por donde se escapa el calor de los que ya recibí y mantenerlos dentro de mí. Tal como una casa que es muy fría no por carecer de calefacción sino porque sus aberturas tienen unos chifletes impresionantes.

Evidentemente esta imagen surgió por un dato super concreto de la realidad: trabajo en una nave industrial, es decir un galpón, y hace más o menos un mes nos mudaron de la pequeña oficina donde estábamos al entrepiso de la nave que es enorme y está expuesto al techo que es, como el de cualquier galpón, una porquería. Y la semana pasada hicieron el cerramiento del techo, es decir montaron un cielorraso a una altura razonable con una capa de material aislante por fuera. El efecto fue mágico: la calefacción que antes incluso al máximo parecía apagada de golpe era excesiva, con un poco de nada ya estábamos agradablemente caldeadas. Mi mente también es sumamente simple y directa. La cuestión es que me sentí exactamente así: no es cuestión de que deje escapar el efecto benéfico de los piropos, más vale que cierre mis rendijas y mantenga su calorcito. Y me sirvió, no vean, por suerte además de pensarlo pude aplicarlo. Logré conservar el bienestar de los piropos.

La verdad es que estoy asombrada porque últimamente logro aplicar las buenas ideas que tengo, me refiero a estas imágenes que me ayudan a vivir mejor. Lo del eje temporal-corporal lo vengo usando mucho y me hace bien: cada vez que amenaza con aproximarse el desasosiego trato de sentir mi eje corporal como un eje temporal, y eso me ayuda a estar mejor. La certeza de instinto y conciencia como dos estratos inconexos de la mente también la tengo presente y me ayuda. El asombro es porque otras veces en mi vida he tenido buenas ideas por el estilo pero no llegaron a impregnar la vida cotidiana, en cambio desde hace un tiempo sí que lo que voy intuyendo se incorpora a cómo vivo el momento presente.

Por ejemplo, logré aplicar la idea del autoamor aunque con una vuelta de tuerca un poco más solipsista de como la pensé en su primer momento, porque estuve pensando que incluso en los momentos en que me senti más enamorada de quien sea, incluso en los momentos en que me sentí más amada por quien sea, en realidad sólo estaba sintiendo mi propio amor, no el del otro.

Ya sé que para un montón de filósofos de la mente esto es una obviedad mayúscula: ¡por supuesto que no podemos sentir lo que siente el otro! me dicen a coro estos filósofos. Hay un término filosófico que define esta característica de los estados mentales pero no puedo recordarlo, y lo estuve buscando pero no lo encontré. El asunto es que la definición de los estados mentales incluye el que son subjetivos y que no podemos vivir un estado mental ajeno, sólo los propios. Pero por algo nunca me sentí afin a las filosofías de la mente que conozco de oídas. Para un alma como yo: romántica y básicamente empática, la ilusión de sentir lo que siente el otro es fundamental como el agua. Todo el misticismo de la compenetración de las almas, la comprensión sin palabras, el entendimiento mudo, etc, siempre me fascinó. Los momentos en que creí vivir esto fueron deslumbrantes. Y ahora me digo: pero si no es posible sentir lo que siente el otro. En esos momentos rutilantes de casi fusión espiritual, lo que sentía era sólo lo que yo misma sentía. Tal vez el otro sentía algo parecido, pero era su sentimiento, no el mío.

Otro ejemplo: hace un tiempo atrás pensé que mi problema es que tengo "demasiada empatía", porque si veo a alguien en problemas siento tanto lo que siente el otro que me desvivo por ayudarlo y me pierdo de vista a mí misma. Hace casi un año estuve a punto de escribir una entrada que se titulaba "Demasiada empatía" y que hablaba de un libro que leí en mi adolescencia gracias a mi padre y que me gustó mucho: El libro del Pueblo, de Zenna Henderson, porque en él hay unos personajes que se llaman "Sensitivos" que tienen la capacidad de sentir el dolor ajeno, y esto, cuando aprenden a "cerrarse" es de gran utilidad porque pueden curar, pero si no aprenden a "cerrarse" (es decir, a percibir el dolor ajeno pero sin sentir ellos mismos ese dolor) sufren tanto como todos los que están a su alrededor (el "Pueblo" del libro es una raza de extraterrestres iguales a los humanos pero con poderes sobrenaturales como levitar, telepatía, telekinesis, etc). Y ahora me estoy cuestionando esto: ¿siento al otro, o siento lo que yo sentiría si me pasara lo que le está pasando a ese otro? Tal vez el otro siente otra cosa diferente que yo no puedo ni imaginar.

El cambio de óptica es muy profundo, y estoy en el medio de un cambio de concepción del mundo que no sé adónde llevará, porque si en el fondo siempre me siento solamente a mí misma, ¿que sentido tiene amar? Y sin embargo me sigue pareciendo maravilloso amar pero soy conciente de que si amo, independientemente de si mi amado me corresponde o no, lo que siento es mi propio amor, no el del otro. Si es así entonces ¿da igual si me corresponden o no? ¡Qué merengue!

Tal vez la cuestión tiene que ver con lo que trata de explicar Ricard: podemos meditar sintiendo un gran amor sin un objeto del amor sobre el cual plasmarlo. No es que nos amemos a nosotros mismos, sino que sentimos amor hacia todo en general y hacia nada en especial. He aquí otra cosa que logré aplicar cotidianamente: meditar como mínimo 5 minutos por día. No hago toda la ceremonia de la meditación ni consigo meditar profundamente porque se cruzan muchos pensamientos por mi cabeza, pero aún en la forma tan rudimentaria en que lo hacemos me ayuda muchísimo, y espero dentro de poco poder aumentar a 10 minutos, y así sucesivamente.

El amor occidental se basa en pensar que el sentimiento de amor lo despierta un ser humano en concreto, y toda la energía del amor se enfonca hacia esa persona. Después vienen los inconvenientes que ya conocemos puesto que el trato habitual con la persona amada interfiere con esa chispa pura del amor, la va desgastando y empalideciendo. Y cuando la llama del amor se apagó del todo pensamos que ya no tenemos por qué vivir con esa persona y preferimos buscar o esperar que aparezca la siguiente persona que despertará el amor en nosotros. Ahora pienso que el amor está en nosotros independientemente de que haya alguien que cumpla el rol de amante y amado. Podemos sentir amor y vivir amorosamente independientemente de la vida de pareja que tengamos.