Una inspiración repentina

Se me ocurrió recién gracias al comentario de Rubén en la entrada anterior, y me pareció tan lindo que me dio ganas de publicarlo para todos:

La paciencia es la ciencia de la paz.

Voy a seguir pensando en los imanes, son muy poéticos.

Los pequeños detalles

A él le gusta masticar concienzudamente la carne pegada a los huesos y a ella le da fiaca. Después de comer la carne con cuchillo y tenedor gentilmente le cede a él el desmenuzamiento carnívoro.

Cuando él hace uso de lo que sea que venga en pote, desde mermeladas hasta cremas de belleza, se sirve directamente del centro, prescindiendo de la masa periférica. Ella se entretiene rascando concienzudamente los bordes de los frascos o potes.

Cuando la relación está en sus inicios, estos pequeños detalles son los que hacen pensar "somos el uno para el otro". Cuando llega el momento del divorcio son los que ratifican "incompatibilidad de caracteres".

Pero lo que subyace es un problema filosófico muy profundo: lo diferente, ¿se opone o se complementa?

Si lo diferente se opone, tiende naturalmente a separarse. Si lo diferente se complementa, tiende naturalmente a equilibrarse.

En el fondo, Oriente u Occidente.


Fotografía: Maritn Waugh, Liquid Sculpture.

Manuel proverbial

Hoy pasamos con Manuel por la vereda de la casa del perro que antes nos ladraba y ya no nos ladra más, y por primera vez vi un ser humano en ese jardín, un señor mayor arreglando una verja. Le comenté a Manuel que como nunca había visto en ese jardín a nadie más que al perro me había preguntado si no vivía nadie en la casa, y me dijo muy sabiamente y con tono de proverbio:

En casa donde hay perro hay dueño de perro.

Biláteros



--Me gustaría ir al museo de los huevos grandes de Figueres.
--¿Al de Dalí? Bueno, vamos. ¿Te gusta Dalí?
--Sí.
--¿Te gustan sus cuadros?
--Sí, sobre todo los relojes blandos. ¿Te imaginás un reloj blando con forma de bilátero viscoso?
--Sí... Dormí, Manuel.
--Mamá, ¿sabías que nuestros ojos son biláteros? Son biláteros curvos.




goear y %&$*?¿ª%$#@!!!!!

Me acabo de desayunar con que goear, el dispositivo que estuve usando hasta ahora para incluir en mi blog música sin imagen, ahora de buenas a primeras incluyó publicidad en todas mis canciones posteadas! Sin avisar, sin pedir permiso, sin consultar ni por lo menos comentar... ¡Qué sé yo desde cuándo lo vienen haciendo! Y a dónde me voy a quejar... al fin y al cabo esta posibilidad de incluir musica es gratis, o sea que si me dan algo gratis no tengo derecho a quejarme? ¡No quiero publicidad en mi blog! Por algo nunca me metí a averiguar cómo son los famosos avisos de Google, porque no quiero vender nada a través de mi blog! Nuevo trabajito pendiente, quién sabe cuándo podré ponerme a hacerlo: cambiar todas las canciones incluidas via goear por algún otro sistema...y rezar poque ese nuevo sistema no incluya publicidad cuando se le salga del ojete. En fin... disculpen el lenguaje.
'nas noches.

Para acompañar la reflexión de Manuel


¿Qué es la vida? Un frenesí.
¿Qué es la vida? Una ficción,
una sombra, una ilusión,
y el mayor bien es pequeño;
que toda la vida es sueño,
y los sueños, sueños son.
Calderón de la Barca


Fotografía: Obnebur

Una reflexión nocturna de Manuel


Mamá, ¿sabés que acabo de pensar de los ojos? Que la parte de adentro de los párpados es como una televisión chiquita de los sueños. Aunque no la tengamos es como si la tuviéramos, esa televisión, escondidita.


Fotografías: Obnebur.

Tai Chi y Bioenergética

¿Alguna vez les pasó encontrarse con algo y sentir que era eso lo que necesitaban encontrar en ese momento? A mí me pasó sobre todo con libros, pero puede pasar con músicas, películas, etc. Si pasa con una persona la cosa se pone más compleja porque ahí interactúan dos. Ahora en lo que pienso es en cuando nos encontramos con algo y sentimos que justo eso nos viene como anillo al dedo para lo que estamos viviendo en esa época.

Siento esto con las clases que empecé a tomar hace un mes más o menos. Me inscribí por hacer Tai Chi, algo que hice sólo seis meses hace más o menos 15 años pero siempre me quedó el recuerdo de que era genial, que me venía genial hacerlo, y siempre desée retomar. Estas clases además de ser de tai chi las anunciaban como de ejercicios de bioenergética, y cuando me anoté no pensé en Lowen, no pensé en nada, sólo en tai chi y en que la palabra bioenergética suena bien, pero no sabía si se referían a Lowen o no. Y sí , los ejercicios son los de Lowen. ¡Genial! Cuando leí a Lowen hace 6 o 7 años me pareció buenísima su teoría y me quedé deseando hacer sus ejercicios; también me dije que si hubiera encontrado un terapeuta bioenergético en el pasado, mi vida habría tenido un cariz muy diferente, mi terapia habría picado mucho más en punta, me parece. Las clases que hago los lunes me encantan, me producen un gran efecto, me hacen mucho bien. Me gusta el profesor y el ambiente que crea entre las que participamos. Son sagradas para mí, no me las pierdo por nada.

Tengo esta sensacion de que justo ahora me viene fantastico hacer esto, y me acuerdo de lo que me pasó el año pasado con el libro de Clarissa, que lo tuve en mi mesa de luz durante dos años sin poder leerlo y cuando lo leí sentí que era justo entonces que me venía perfecto leerlo. De la misma forma durante los últimos meses tuve en mi bolsillo un papelito que decía que en la esquina de casa se daba tai chi, y no fui nunca a preguntar. Me olvidaba del papelito, cuando me acordaba tampoco iba, y despues me volvía a olvidar. En cambio ahora, cuando supe que daban este taller, fui a preguntar, consulte el precio, me decidí, me inscribí y pagué en el mismo momento, y cuando empezó estaba con todas las pilas para hacerlo. Y es el mismo taller, es el mismo profesor y las mismas compañeras que hubiera tenido con el papelito anterior, pero ahora en vez de estar en la esquina estamos a 2 cuadras de mi casa.

Entonces, ¿cómo es? Hay algo intangible que nos guía y que nos acerca a las cosas cuando estamos más disponibles para recibirlas. Estoy segura de que es así. Si hubiera hecho estas clases el año pasado creo que no las habría aprovechado tan bien como ahora.

Hoy el profesor dijo: el cuerpo busca el placer. Si dejamos libre nuestro cuerpo, si lo escuchamos y lo seguimos, naturalmente hará los movimientos que lo lleven a sentirse bien. Es natural, no falla.

Me gustó esta idea. Me parece mucho mejor que lo que venía sintiendo últimamente, que las marcas de mis pesares ya están inscritas en mi cuerpo con tinta imborrable. Mucho mejor (incluso aunque no sea cierto, pero la esperanza es lo último que se pierde) pensar que si no reprimo los movimientos naturales mi cuerpo encontrará sólo su bienestar.

Los ejercicios de bioenergética que hacemos tienden a liberar la tensión retenida en el cuerpo y a abrir los espacios contraidos y tensos. Básicamente son posturas un tanto forzadas, que al mantenerlas más de lo que las mantendríamos en la vida cotidiana, provocan reacciones inhabituales como vibraciones, movimientos involuntarios, etcétera. Una compañera en una clase se mareó y vomitó. Otra tuvo un ataque de risa imparable durante 20 minutos o más. En condiciones normales tales reacciones las reprimimos, no queda bien ponerse a temblar en público, y por lo tanto ni siquiera nos lo permitimos en privado. Pero ¡qué agradable que es vibrar! Y después de unos cuántos ejercicios así, en que nos permitimos respirar a fondo y exhalar gritos y susurros, me siento mucho mejor.

Fotografía: Nick Peef, Escaping to Paradise.

El silencio

Pasó un ángel durante la cena, y dije

--¡Qué hermoso silencio!

y Manuel:

--No lo interrumpas, a este silencio.

y Rubén:

--Es lindo el silencio...

...es lindo (pensé), y sólo podemos admirarlo en silencio, porque si lo alabamos, lo destruimos.


Muy elocuente la idea de Manuel de que hablar es interrumpir el silencio. ¿Oído de músico? Para los musicos (supongo) los silencios son tan palpables como los sonidos.

Esta canción me acompañó mientras escribía la entrada anterior

y como es muy hermosa la quise compartir

(a ver si sale bien, es la primera vez que uso este método).



The Circle Game

Yesterday a child came out to wonder
Caught a dragonfly inside a jar
Fearful when the sky was full of thunder
And tearful at the falling of a star

Then the child moved ten times round the seasons
Skated over ten clear frozen streams
Words like when you're older must appease him
And promises of someday make his dreams

And the seasons they go round and round
And the painted ponies go up and down
We're captive on the carousel of time
We can't return we can only look
Behind from where we came
And go round and round and round
In the circle game

Sixteen springs and sixteen summers gone now
Cartwheels turn to car wheels thru the town
And they tell him take your time it won't be long now
Till you drag your feet to slow the circles down

And the seasons they go round and round
And the painted ponies go up and down
We're captive on the carousel of time
We can't return we can only look
Behind from where we came
And go round and round and round
In the circle game

So the years spin by and now the boy is twenty
Though his dreams have lost some grandeur coming true
There'll be new dreams maybe better dreams and plenty
Before the last revolving year is through

And the seasons they go round and round
And the painted ponies go up and down
We're captive on the carousel of time
We can't return we can only look
Behind from where we came
And go round and round and round
In the circle game

Joni Mitchell & James Taylor

La identidad del amnésico

Recuerdo que tenía buena memoria. Sin ningún esfuerzo, sin proponérmelo, sin que mediara mi voluntad y sin que evidenciara por mi parte mayor o menor interés, recordaba montones de detalles. No en todas las áreas, sino especialmente en dos que ahora añoro: recordaba e identificaba caras con mucha facilidad, y recordaba conversaciones detalle a detalle. De las conversaciones en que participaba, recordaba perfectamente quién había dicho qué, cuándo, dónde y cómo. Esto me parecía tan natural que no entendía a quienes no tenían la misma facilidad, me parecía que no habían puesto interés en la conversación. En cambio mi facilidad con las caras sí me parecía especial, tal vez porque es vox populi que mi madre carece de una facilidad semejante (ella misma dice que recuerda a su marido porque lo ve todos los días). Yo podía recordar caras que había visto una sola vez en un lugar público, y esto me permitía jugar conmigo misma, porque me entretenía así: si me cruzaba con alguien que me parecía cara conocida, me ponía a pensar dónde lo había visto antes, y buscaba, buscaba, buscaba, hasta que encontraba la respuesta. A veces me sorprendía a mí misma: de golpe recordaba que había visto a esa persona mucho tiempo atrás, y también en un lugar público y sin que se diera ningún intercambio mutuo. A veces me daba cuenta de que en realidad no conocía al portador de la cara conocida, sino que esa cara me hacía acordar a otra persona a quien sí conocía, y me resultaba muy entretenido.



Reconocía tan bien las caras y sin embargo soy malísima reconociendo autos, y en esto no empeoré, siempre fui mala. Salvo los modelos muy diferenciados (que para mí son, por ejemplo, el Volkswagen escarabajo, el Ford Falcon, el Fitito, la Citroën, si intento hacer una lista extensa no serán más de diez), todos los demás modelos de autos me dan por igual; obviamente no los veo a todos iguales, pero sólo me doy cuenta de qué marca son si me fijo en el logo. Y no reconozco autos pero sí reconozco fuentes tipográficas.

También tenía mucha memoria visual, creo que en general, pero sobre todo relacionada con mi escritura, es decir: si escribía algo, me era muy fácil recordarlo, porque tenía en mi cabeza la imagen de mi letra, como si fuera un dibujo. Esto me servía mucho para estudiar: hacía resúmenes y esquemas porque si escribía lo que tenía que aprender estaba segura de recordarlo después. Y más adelante me era importante tener una agenda y anotar en ella lo que tenía que hacer, pero después nunca la miraba para ver qué tenía que hacer cada día, si lo había escrito ya me acordaba, y confiaba en ello.

Confiaba demasiado. Confiaba tanto en mi memoria, que cuando empezó a fallar sufrí muchas decepciones. Recuerdo algunos hitos claves en mi descubrimiento de que mi memoria ya no era la misma: uno está relatada en "Memorias", uno de los cuentos de Tuc:

Le pido a mis tíos que me cuenten historias de la familia. No aportan mucho, pero Teresa me hace recordar algo.
Teresa me pregunta si yo tengo el relato que escribió mi tío sobre su abuela mi bisabuela. Le digo que yo nunca lo vi. Me hace acordar de un mediodía hace más de doce años, cuando fui con mi primo Esteban a su casa. Ella se acuerda claramente, dice, de mi tío leyendo largas partes de ese relato y después su gesto de darme a mí el manuscrito. Yo me acuerdo de ese día (me acuerdo muchos detalles: que me encontré con Esteban en la placita de Las Heras, que fuimos juntos a la casa de mi tío su padre y era la primera vez que yo entraba a ese depto y así conocí a Teresa, que mi tío cocinó habas, que me sorprendió diciendo que yo era su sobrina preferida) pero no me acuerdo de mi tío leyendo ni dándome el manuscrito, y le digo a Teresa "si yo tuviera eso me acordaría". De pronto algo irrumpe en mi memoria: la imagen de unas hojas amarillentas, escritas a máquina, con tachaduras y correcciones, abrochadas con un gancho, un conjunto de hojas que forman un cuaderno y que es la novela inconclusa de alguien; y me parece recordar que ese objeto está en mi casa. Cuando llego lo busco, y sí, lo tenía yo, y es una novela inconclusa de mi tío. Pero tampoco la memoria de Teresa es absolutamente fiel, porque no habla de mi bisabuela sino de profesores universitarios que desaparecen inexplicablemente. Mi tío dijo, alguna vez, que había pensado en su hermana mi madre cuando lo escribía, y quizá por eso me dio a mí el manuscrito.

Otro se dio cuando me mudé, todavía soltera, de un barrio a otro de Buenos Aires: vaciando armarios me vi en la disyuntiva de seguir conservando una pila inmensa de papeles de la Universidad o bien desprenderme de ellos. Me puse a revisarlos para seleccionar qué conservar y qué tirar, y encontré tantos resúmenes con mi letra y tantas fotocopias subrayadas y anotadas por mí que evidenciaban que había leído libros, capítulos, artículos, etc, etc, de los cuales no recordaba absolutamente nada, ni siquiera que alguna vez hubieran pasado cerca de mis ojos, que me pregunté qué sentido tenía haber estudiado tanto si ya no lo tenía presente en la mente. Apilé los papeles y los medí: desde el suelo llegaban hasta mi rodilla, y los tiré.

Otro fue unos años después, a partir de un trámite relacionado con los impuestos, el monotributo y cosas así, justamente no recuerdo los detalles sino el pasmo que me causó encontrarme de golpe en un banco con una empleada inquiriéndome sobre lo que había hecho o tenía que hacer y darme cuenta de que no me acordaba si había hecho o no el trámite anterior que me reclamaban. Me dio tanta angustia que quedé shockeada.

Después me fui acostumbrando, a mi pesar, a las lagunas de mi memoria. Ahora no recuerdo qué tengo que hacer, lo anote o no lo anote. No recuerdo las conversaciones por completo y con detalle, ni las cercanas ni las lejanas, sino chispazos aislados. No recuerdo los nombres ni los cumpleaños (otra cosa que antes recordaba muy bien). No recuerdo las caras, me pasa ahora que me encuentro con alguien por la calle y esa persona me reconoce pero yo no, o yo sé que la conozco pero no recuerdo de dónde. Alguna vez pensé que lo de las caras se debe a todas las mudanzas por las que pasé, porque mi reconocer caras se basaba en buscar en un archivo mental de caras, pero ahora la sensación es que si recuerdo una cara no tengo idea de en qué fichero buscar para encontrarla: ¿es de Buenos Aires? ¿de Punilla? ¿de Girona? ¿de mi pueblo actual? Esto de reconocer las caras gracias a que están asociadas a un lugar es más fuerte de lo que pensaba, más de una vez no reconocí a una persona por encontrármela en un lugar que no asociaba para nada con ella.



Me da rabia que padezco más lagunas en mi vida personal que en lo laboral. Mejor dicho: en mi trabajo casi no tengo lagunas, cosa que a mi empleador le viene muy bien, pero a mí me da rabia. Mis compañeras reconocen por unanimidad que tengo mucha memoria, y cuando necesitan encontrar información sobre algún cliente me preguntan a mí, no sólo porque soy la más antigua en la empresa, sino porque saben que me acuerdo de todo. Trabajamos con clientes de toda España y con algunos cuantos franceses, y de los que pasaron por mis manos recuerdo montones de detalles. Podríamos pensar que me funciona más la memoria en el trabajo por una cuestión de supervivencia... sin embargo mis compañeras recuerdan menos que yo y sobreviven tan bien como yo.

La cuestión es que me fui acostumbrando a mis lagunas de memoria, y del horror inicial fui pasando a la aceptación resignada. Hay que convivir con lo nuevo que nos pasa, y dejar de amargarse por lo que ya no es. Empecé a plantearme hasta qué punto había basado mi identidad en mi memoria. Recordarme tal como era en mi pasado era una fuente de alimentación, me aportaba sostén. Mis recuerdos personales eran una referencia, un lugar a donde acudir para investigarme a mí misma, pensarme en el presente y proyectarme al futuro. Saber qué sentí, pensé, expresé o callé en el pasado me servía para intentar entenderme en el presente. Si no recuerdo qué sentí, qué pensé, qué dije ni qué hice, ¿cómo sé quién soy yo? ¿Cómo puedo decirle a otro quién soy yo con alguna seguridad? Parte del horror de no tener la buena memoria que tenía antes es que ahora me puede ocurrir (ya me ocurrió varias veces) que alguien me diga que yo dije o hice algo en el pasado, y yo no recuerdo para nada eso que me mencionan. El otro está muy seguro de lo que dice, no duda, y yo no me reconozco para nada en lo que me cuenta. No sólo no recuerdo haber hecho o dicho eso, además no me reconozco en la situación, no puedo imaginar qué sentía para hacer o decir lo que me están adjudicando. Podría pensar que los demás tienen tan mala memoria como yo y están recordando algo que nunca pasó, pero esto es una solución al estilo "muerto el perro se acabó la rabia", y no me interesa algo así. Más bien me planteo que yo no soy mis recuerdos. Y que si no tengo recuerdos de mí misma, tendré que reinventarme en el día a día.

Llegué a esto por pensar en la amnesia. No sé nada "real" sobre la amnesia, todo lo que sé es ficcional. Sólo he visto amnésicos en las películas o los libros, en los dibujitos animados en que con un golpe en la cabeza el gato no sabe que está persiguiendo al ratón y al golpe siguiente se acuerda y sigue persiguiéndolo... No sé hasta qué punto todas esas ficciones están cerca o lejos de la realidad. Sospecho que no hay una realidad amnésica homogénea, el cerebro es un gran misterio. Cuando estudié neurolingüísitica con Azcoaga en la Universidad, nos explicaron casos de afasia, y nos dijeron "hay tantas afasias como afásicos", es decir cada enfermo tiene un diseño único, especial de la enfermedad, por más que se reconozcan grandes rasgos. (De paso, una digresión: cuando era chica creía que la peor desgracia física que me podía ocurrir era quedarme ciega, pero cuando estudié la afasia me di cuenta de que me causa mucho más horror: no reconocer los objetos, o no poder nombrarlos, o tenerlos claros en la mente pero no poder pronunciar la palabra, o no poder unir el objeto con el nombre, o cosas así... ¡me da escalofríos de sólo pensarlo!).

Volviendo a la amnesia imaginada: ¿cómo sería despertarnos un día y no recordar quiénes somos? ¿Qué recordaríamos y qué no? ¿Sabríamos nuestro nombre pero no nuestro pasado? ¿No sabríamos ni nuestro nombre pero si nuestra cara, o al mirarnos al espejo veríamos a una persona desconocida? ¿Recordaríamos al menos cómo comer, cómo hacer el amor? ¿Qué sentiríamos hacia las personas que se acercaran tratando de traernos a la luz trozos de nuestro pasado que ellas ven claro mientras para nosotros son sólo sombras? ¿Cómo hace un amnésico para vivir hacia adelante, en qué se basa para pensarse a sí mismo? Sé que es muy extremo el ejemplo, pero me sirvió imaginarlo para llegar a la tranquilidad de alma de poder desligarme de mis recuerdos, aceptar que son precarios, ilusorios, casi irreales, y decirme que lo que cuenta es el presente, cómo me siento ahora y lo que siento de mí y del mundo ahora. Antes creía que si no recordaba mi pasado no era yo misma. Ahora siento que no, yo soy lo que soy ahora. Bien mirado, gracias a perder la memoria me he vuelto más zen, y eso está bueno. Sin angustia, está bueno.



Ayer tuve un ejemplo más de todo esto. Deberíamos formar un grupo de rock nacional que se llame "Los reencontrados del feisbuc", tal vez con Nito Mestre a la cabeza. Gracias al feisbuc me reencuentro con amigos que dejé de ver veinte años atrás. A veces sólo hablamos del presente, pero con un par de ellos se dio que nos remitimos al pasado, tratando de recordar algún momento puntual de nuestras vidas compartidas. Y en las dos ocasiones la sensación fue la de estar armando un rompecabezas: uno tiene algunas piezas, el otro otras, y cuando las juntamos logramos armar una esquina del rompecabezas, la mitad con suerte, pero todavía nos falta mucho para completar el dibujo. De lo que pasó entonces yo recuerdo pinceladas, fragmentos. Si el otro recuerda algún fragmento que encaja con uno mío, podemos unirlos, pero si por mala pata los fragmentos que conservamos cada uno son inconexos, nos queda una gran incógnita en el medio. A veces las piezas encajan aparentemente pero no del todo, y no sabemos cuáles son las que se ajustan más y cuáles menos. Con suerte y viento a favor podemos armar un relato que nos deje tranquilos ahora y dejar de hablar del tema, pero eso no quiere decir que ese relato sea la realidad sobre nuestro pasado. Nunca "sabremos" lo que nos pasó, incluso aunque nosotros mismos hayamos sido los protagonistas de la historia. Es pasado, se diluyó en el aire, se disolvió cuando nuestra moléculas nos abandonaron por otras que ahora nos forman.

Antes recordaba películas. Quiero decir: recordaba tan bien las conversaciones, los momentos compartidos, que podía "ver" las escenas en mi interior, como si un proyector las estuviera reproduciendo en mi cabeza. Pero no puedo vivir reproduciéndome a mí misma todas las cintas de mi pasado todo el tiempo, necesito el "proyector" disponible para poder captar lo que me rodea ahora. Y cuando acudo a una de esas viejas cintas para volver a verla, me encuentro algo semejante a la filmoteca del SHA después del atentado: están todas humedecidas, oxidadas, con agujeros... Lo que pasa es que con alguien con quien nunca nos perdimos el rastro, como por ejemplo mi amiga de Zaragoza, dificilmente nos dé por hablar de las viejas cintas porque lo cotidiano y actual impregna todo. Pero me ha pasado con ella que ella sacara el tema de los recuerdos y las lagunas y me dijera que, entre otras cosas, no se acordaba casi nada de un viaje que hicimos juntas hace quince años. Se acuerda de que viajamos juntas y más o menos a dónde, pero casi nada más. Sospecho que mis viejas cintas están todas apolilladas sean quienes sean sus personajes, pero con los reencontrados del feisbuc impacta más.

Tal como me pasa a mí, supongo que les pasa a los demás: yo no elijo qué recordar. Años atrás me quedó grabada esta frase "Sepan que olvidar lo malo también es tener memoria." Por supuesto no recuerdo de quién es, y las dos fuentes que me suenan posibles por igual son o bien Sigmund Freud o bien el Martin Fierro. Me quedó grabada porque cuando la leí me pareció muy acertada, pero ahora no me reconozco en ella, porque implica un matiz de voluntad aunque sea inconsciente en el recordar y el olvidar, cosa que ya no me creo para nada. Todo me parece producto del azar.

Digamos que estamos metidos o somos parte de un flujo contínuo de estímulos cerebrales, un intercambio contínuo de partículas subatómicas que danzan entrópicamente para todos lados. De todas las partículas que nos forman, algunas chocan contra una membrana interna y dejan su marca, un manchón luminoso más o menos grande según las partículas involucradas en el choque, que tarda en borrarse (¿pero al final siempre se borra?). Así me imagino ahora mis recuerdos. Lo más impactante es verme diciendo "yo no soy mis recuerdos". Se pueden ir a pasear, pueden dejar de acompañarme. Igual sigo viva.



Fotografías: Altazor No logro ajustar bien el tamaño de estas fotos, si están grandes como quiero quedan un poco cortadas (sobre todo la primera, la panorámica) pero si las pongo enteras quedan muy pequeñas. Si pueden vayan a la galería de fliquer de Altazor y mírenlas, además de éstas tiene otras fotografías de cuerpos acuáticos super hermosas (y lean el libro de Huidobro en su honor).

Me siento del jet set

Cuando era chica los únicos duchadores que conocía eran los que están unidos a la pared con un caño rígido a una altura suficiente como para que el agua nos caiga desde más arriba que la cabeza no importa lo alto que uno sea. Pero en un libro de Tintín (teníamos la colección completa y los leí todos muchísimas veces) se veía al capitán Haddock bañándose con un duchador que parece un teléfono.


Este duchador-teléfono despertaba mi curiosidad, me preguntaba cómo sería bañarse con algo así, me daba muchas ganas de probarlo. En Argentina jamás me bañé con un duchador-teléfono, pero desde que vivo en España son la norma en todas las casas que veo y por lo tanto también en las que viví.

Ahora bien, la famosa manguerita que une el duchador-auricular a la pared, yo no sé por qué, resulta de mucha peor calidad que el caño rígido de los duchadores fijos. O por lo menos en todas las casas por las que pasamos tarde o temprano se terminan rompiendo.

No voy a enunciar ningún pensamiento novedoso, sino una verdad tan antigua como el agua: nada es absoluto en esta vida, todo lo percibimos por comparación. Alguna vez, hablando con Manuel, cuando él trataba de catalogar las cosas según categorías como “alto”, “bajo”, “cerca” , “lejos”, “grande, “pequeño”, etc, hablamos de que nada es así o asá en sí mismo, sino según con qué lo comparamos. Le animé a que encuentre algo que sea así o asá por sí mismo, sin compararlo con nada, pero no encontramos ningún ejemplo.

Y lo mismo pasa con el placer y el displacer: todo depende de la sensación anterior que nos embargaba. El calor o el frío, por ejemplo, no son absolutos ni siquiera para una misma persona, dependen de con qué lo comparemos. Si tenemos frío en nuestra casa, podemos salir unos minutos al exterior (suponiendo que en el exterior haga más frío que adentro) y al volver a entrar nos parecerá que nuestra casa está caliente. Es decir, con someternos a una situación de displacer, al volver a la situación anterior en comparación nos parecerá placentera.

No crean que me olvidé del duchador, todo tiene que ver con todo. Los duchadores-teléfono a los que se le rompen las mangueras, nuestra nula vocación por el bricolaje (deporte nacional del país de adopción) que nos lleva a convivir con los desperfectos del hogar hasta que las cosas se caen a cachos, y las sensaciones comparativas de placer y displacer se unieron para hacerme sentir del jet set. Fue así:

El anteúltimo duchador-teléfono tuvo una agonía tan lenta, me hizo el baño tan molesto, que cuando finalmente lo cambiamos con sólo tener uno normal y corriente, que no largue cuatro ridículos hilos de agua en forma perpendicular y aire por el centro, yo ya me sentía feliz como una pascua. El duchador que compramos fue elegido porque cumplía los dos requisitos de 1) traer en el mismo paquete los tres pindorchos necesarios para ser colocado (es decir, duchador-teléfono propiamente dicho, manguera y agarre a la pared) y 2) ser el más barato posible. Barato y todo, tiene el hiperadelanto tecnológico de poder variar la posición del duchador para que largue un chorro normal u otro más concentrado, intenso y potente (según el instructivo, tiene tres posiciones, pero es mentira, la tercera es una intermedia entre los dos que nunca funciona bien).

¡Y ahora cuando me ducho me siento Jacqueline Onassis, Carolina de Mónaco y Madonna juntas! Después de bañarme con el chorro normal me hago una repasada general con el chorro-jacuzzi ¡y soy de lo más feliz! Es tan relajante y masajeante... me da culpa cuando pienso en el medio ambiente y lo preciada que es el agua potable, pero ¡es tan maravilloso!

Composición otoñal (el video)

El otoño según Manuel

Cuando llega el otoño nos vamos a Logroño, dijo Manuel

Cuando llega el otoño, nos vamos a Logroño con el tío Antoño, dijo Rubén.

Y nos vestimos con moño, dije yo.

(La cuarta rima que se nos ocurrió a los mayores la censuramos por respeto al niño.)

Cuando llega el otoño nos vamos a Logroño a comprarnos un moño, estableció Manuel.

Todos los días el mar


Tiempo atrás, nadando por la ué, llegué a un sitio que se llama "Todos los días el mar" y por supuesto me atrajo mucho su nombre, así que me metí a ver qué era, y lo primero que me pasó fue que me impactaron mucho las fotografías. También me gustó su idea: "La vida proviene del mar. Volvamos al útero"; y que incluyera los mitos de creación maoríes y cosas así. Por lo que entiendo, la propuesta es cada día subir una foto sobre el mar o la costa, además de incluir cosas afines en un amplio sentido, desde surf y skate (el surf urbano) hasta humor y música. Le escribí al autor para pedirle permiso para usar algunas de sus fotos y me contestó enseguida y con super buena onda, así que me fijé qué más hace y son muchas cosas interesantes (arte y educación del arte, básicamente, por lo que encontré). Bueno, acá les dejo algunas de las hermosas fotos que encontré y los invito a pasear por su mar.

Fotografías: Todos los días el mar - Federico Scalise

Imagina la paz, una torre de luz y un árbol de deseos

Para conmemorar el 70º aniversario del nacimiento de John Lennon, el 9 de octubre se volvió a iluminar la Imagine Peace Tower de Yoko Ono en Islandia.


Es una construcción que emite una columna de luz muy alta en el cielo, alimentada con la energía geotermal de Islandia. Las paredes dicen "Imagine Peace" en 24 idiomas, junto con una declaración de amor de Yoko a John. La torre de luz es una vieja idea de Yoko Ono que fue lo que los unió a ella y a John cuando se conocieron.


Yoko Ono pide a todos los que aman a John y valoran sus ideales de paz que envíen sus deseos a la Imagine Peace Tower.

También promueve su idea de formar un árbol de los deseos en cada rincón del planeta, y recoge todos los deseos para juntarlos en una escultura mundial.

Para hacer un árbol de deseos basta con elegir un árbol, formular un deseo, escribirlo en un papel, atar el papel al árbol, y pedirle a todos nuestros amigos que hagan lo mismo.La fuerza de todos los deseos ilumina el mundo.

¡Feliz día 10!


Aprovecho este día único en el siglo para desearles a todos ¡un día absolutamente de diez! Y por extensión, una vida de dicha, felicidad, armonía y paz interior y también exterior.
Nosotros, por lo pronto, hemos decidido hacer una fiestita para celebrar el día 10.



Envio mi mensaje a la humanidad a las 10 horas del 10 de octubre de 2010.

Fotografía: Glastonbury Festival

La inspiración de Rubén

Días atrás, hablando con Rubén, dijo:

"...es uno de esos misterios de la vida que revolotean como murciélagos".

Me gustó mucho la frase, me pareció muy poética, e inmediatamente le pedí permiso para citarla en cuentogotas, pero no me senté a escribir la entrada hasta ahora.

Horas más tarde descubrí su fuente de inspiración, porque me comentó que había estado mirando un capítulo del Batman de la década del '40. Que sea una frase batmaniática no le resta poesía, of course.

Fotografía: Rubén Botas

¡Cielos!


Hace un mes y medio másomenos saqué varias fotos al cielo porque estaba bellísimo. Pensé que iban a salir horribles pero no, me gustan como salieron, me hacen acordar a los cielos de Turner. Aquí les dejo un par de muestra, si quieren ver más (en total son 8) pueden seguir la flecha:

http://www.flickr.com/photos/gotamarina/sets/72157624908625219/


Como ven, me expando por la ué como gayeta en el agua.

¡Un nuevo librog en el éter!



Acabo de lanzar al éter informático El tercero, un nuevo librog que recoge mi tercer libro de poemas del año 1999 y también todas las imágenes del librobjeto realizado en 2002.

Estoy un poco cansada como para comentar a fondo la edición. El libro es desparejo, hay poemas muy desiguales entre sí, otros que ahora ni siquiera diría que son poemas, y otros que sí me gustan pero los encuentro demasiado personales, me pregunto si no serán demasiado oscuros u opacos para quien los lea que no sea yo, porque en mí resuenan como resuenan por los acontecimientos de mi vida que los impregnan. Pero como todo es un misterio, palabras que para mí son super íntimas pueden resonar en otro con un sentido propio para esa persona y muy diferente al que tienen para mí, y funcionar, y está bien que así sea (es más, ¡es muy deseable!).

En todo caso hay un poema en este libro que sí me parece bueno, más alla de haber sido yo quien lo escribió. Se titula "Mélanos". Me gusta de verdad. Me gusta además porque lo soñé. En este mismo libro hay otros poemas donde hablo de mis sueños, y de mis sueños de poemas: resulta que dos veces en dos años soñé que leía poemas de autores que existen en la realidad pero los poemas de mis sueños no existían, y al despertar no los pude recordar, por lo tanto siguen sin existir. En cambio, cuando soñé "Mélanos" soñé un poema mío, y al despertar recordaba bastante como para poder escribirlo. Y lo que más me gustó: en mi sueño mi viajero estaba en Pompeya, la ciudad de la Antigüedad que quedó sepultada por una erupción del Vesubio, pero al escribirlo despierta el poema se me fue poniendo tanguero. ¡Que viva la polisemia!



Ondas verdes con hojas

Esta vez el video lo grabé yo, ¡e hice todo en el mismo día! (bueno, técnicamente lo grabé ayer, pero como todavía no me fui a dormir, para mí sigue siendo el mismo día).

Tenía ganas de ponerle un título tipo pintura abstracta, algo como Agua, hojas, movimiento, pero nada terminó de convencerme. Ondas verdes con hojas también parece el título de un cuadro, ¿no?

Tuve en la punta de la lengua titularlo Ondas verdes con hojas secas pero resulta que las hojas "secas"(porque cayeron del árbol y están amarillas) están bien "mojadas" (porque están flotando en el agua) o sea que es una paradoja, pero poniendo sólo "secas" la paradoja no se refleja como me gustaría.

Manuel helioteísta

Yo pienso que el Sol hace felices a las personas. Y que el Sol es Dios.

Pececitos

Obnebur (alias Sonoman) graba y/o fotografía aproximadamente todo lo que lo rodea, y gotamarina aprovecha lo que tenga agua y afines.

Nunca había visto una pecera redonda como las de los dibujos, ni un fondo de pecera tan colorido, ¡más que piedritas, parecen caramelos!


Y aquí están en movimiento (pero sin sonido).



(¿serán amigos de Adam Bowman?)

En fin... mente supeliol domina mente infeliol.

Tormenta de verano y lección de japonés al paso

Tormenta veraniega que grabó Rubén días atrás, por fin pude hacer el video (tengo otros más por hacer).





Cuando terminé de subir este video a mi canal de iutub, descubrí este video japonés que me encantó. ¡Se merece un lugar en cuentogotas!



(Los videos con pantalla alargada quedan cortados con esta plantilla de blog y no sé cómo resolver esto sin cambiar la plantilla; por favor, vean este video en YouTube para ver también el lado derecho de la imagen).

Los Reyes Vagos

Hoy a la tarde estaba en el jardín, recostada en la hamaca paraguaya, y Manuel quiso venir conmigo. Cuando logramos acomodarnos los dos en la hamaca le dije que estábamos "como reyes", y Manuel dijo que estábamos "como reyes vagos", o sea los reyes de la vagancia. Pero nos imaginamos a los Reyes Vagos, que vendrían a ser como los Reyes Magos, sólo que los regalos que reparten estarían encaminados a fomentar la fiaca... "¿Qué le vas a pedir a los Reyes Vagos?" se preguntó Rubén, y se contestó: "Dos hamacas paraguayas y cuatro árboles".

Fotografía: Rubén Botas

¡Viva la indiferencia!

Cerca de nuestra casa hay una casa con un jardín más o menos grande que da a la calle donde vive un perro. Resulta que pasamos por ahí muy seguido, yendo o viniendo, y por lo general vamos por la vereda del perro porque enfrente hay un terreno donde estacionan coches por donde no resulta cómodo caminar. Al principio, es decir desde que nos mudamos hasta este año, el perro siempre nos ladraba con gusto y ganas, sonoramente, acercándose a la verja y mirándonos intimidatoriamente, es decir: como todo un guardián. Este verano descubrimos que ya no nos ladra más. Con Manuel propusimos varias hipótesis: ya nos nos ladra porque se acostumbró a nosotros, porque se quedó sin cuerdas vocales, porque se jubiló, porque no nos considera importantes... en todo caso, le dije un dia a Manuel, no sólo no nos ladra, sino que nos mata con la indiferencia, porque cuando pasamos ni nos mira, como si no existiéramos. Manuel nunca había oído esa expresión así que le expliqué qué quiere decir, y le pareció muy divertido. Lo escuché usarla varias veces, pero hoy hizo la aplicación más original:

Resulta que otra especie animal con la que convivimos muy a nuestro pesar son las moscas. Hay muchas, omnipresentes, y son francamente una tortura, porque no sólo revolotean sobre la comida, como toda mosca, sino que se pegan a nuestro cuerpo en todo momento, incluso cuando queremos dormir la siesta, y nos despiertan (por lo general de noche y en las habitaciones no joden, pero antes de ayer sí que me despertó una al amanecer, y me puso de los nervios) Un viejo chiste de mi hogar de origen (creí que lo había dicho mi hermano, pero parece que lo dijo mi madre) es que la mosca es Dios, porque vemos una sola y por más que la matemos siempre hay una, es decir: es la misma, que resucita una y otra vez. Esto se aplica en nuestra casa, pero se ve que acá son politeístas, porque siempre son muchas pero por más que las matemos siempre sigue habiendo la misma cantidad (habitualmente entre más de tres y menos de diez, más o menos). Muchas veces nos dedicamos una parte del día a matar moscas con una palmeta, porque el aerosol no parece dar con ellas. Confieso que han despertado mi crueldad, me gustaría no sólo que mueran sino también que sufran un poco antes de morir por todo lo que molestan, pero puestos a elegir prefiero la efectividad antes que la crueldad, es decir prefiero el aplastamiento por la palmeta que el envenenamiento por aerosol.

Aquí viene el comentario de Manuel: hoy a la mañana estábamos en una de nuestras sesiones de asesinato de moscas, y Manuel con la palmeta en la mano me dijo: "¡las mato SIN indiferencia!".

Jimmy Liao


En los mismos días del viento norte leí también otro libro maravilloso: Desencuentros, de Jimmy Liao. Es una historia contada con ilustraciones, cada página es una doble ilustrada a todo color, y tiene muy pocas palabras, una o dos frases, a veces ninguna. Esto haría pensar que es un libro para niños, pero las emociones que narra y la complejidad con que las representa, tanto en las ilustraciones como en las pocas palabras que utiliza, para mí son para adultos. Es muy poético y subyugante, y me quedé con ganas de comprármelo (éste también lo leí prestado de la biblioteca). Además su autor cita a Wislawa Szymborska, una de mis poetisas preferidas.


Ahora, buscando más sobre el libro y el autor, me acabo de dar cuenta de que otro libro que me fascinó tiempo atrás en una librería (pero no compré porque compro lo menos posible) es del mismo autor. Se llama El sonido de los colores y en la página de la editorial se puede leer completo, con esa sensación de dar vuelta las páginas que es tan agradable; y también muchos más... sinceramente les recomiendo un paseo por la web de Barbara Fiore Editora.

Cómo mata el viento norte

Leí una novela que me gustó mucho y tenía ganas de hablar de ella. Se llama Contra el viento del norte (Gut gegen Nordwind) y su autor es Daniel Glattauer. Le encuentro varias virtudes:

Se lee rápido. En esta vida moderna, tan ajetreada, se agradece terminar una novela tan pronto. La trama atrapa, pero además se lee rápido porque tiene muchos blancos (buena parte de la novela son diálogos escritos, lo que hace que tengan todavía más blancos que un diálogo normal).

Es cautivante. Muy cautivante. La prueba de esto soy yo misma: esta novela llegó a mí porque en la Biblioteca del pueblo encontré un folleto de la editorial con el primer capítulo. Es algo que ya vi otras veces: las editoriales reparten extractos del primer capítulo de sus novedades para promocionarlas. Ya leí varios primeros capítulos pero ninguno me cautivó tanto como éste, me quedé desesperada por leer el resto, así que pedí el libro en la Biblioteca. Estaba prestado, lo reservé, me avisaron cuando quedó libre, lo fui a buscar inmediatamente y me enfrasqué en su lectura. Me llamó la atención que desde la solapa se anunciara ya la continuación de esta novela, pero cuando llegué al final entendí por qué, porque me quedé recontra enganchada deseando la continuación, es más, al día siguiente (la terminé tarde en la noche) entré en el sitio web de la editorial para averiguar si su continuación ya estaba publicada o no y me suscribí al boletín de novedades para estar al tanto de cuando saliera. Cuando leo libros de la Biblioteca que me gustan mucho, después de terminarlos y antes de devolverlos suelo releer partes que leí demasiado deprisa; en el caso de esta novela, entre una cosa y otra terminé leyéndola toda de nuevo pero en desorden (y se disfruta igual).

No puede ser llevada al cine. Es decir: por supuesto que si llega a convertirse en gran éxito de ventas, como todo parece anunciar, Dios Hollywood bien puede hacer una adaptación, eso no lo dudo, pero cualquier intento de contar esta novela con imágenes socava profundamente los fundamentos de su construcción y la convierte en otra cosa. ¿Por qué me gusta tanto que no pueda ser llevada al cine? No sé bien por qué... En general no me gustan las adaptaciones cinematográficas de obras literarias, aunque reconozco que cada tanto hay alguna película que tiene su origen en una obra literaria que está francamente buena, pero desde mi punto de vista es muy cada tanto.* Y me gusta mucho que en la era de la imagen haya algo que no pueda ser deglutido por lo visual, algo que por su misma esencia es sólo idea, palabras, imágenes mentales pero no ópticas. Por último, cada vez que escucho a mis compañeras de trabajo diciendo que fueron a ver por ejemplo El retrato de Dorian Gray y no tienen la más puta idea del libro que inspiró la película, me corre una especie de escalofrío...

Volviendo al viento del norte: todas las virtudes que le encuentro derivan de lo mismo, la esencia de su construcción: ¡está toda escrita con correos electrónicos! Una idea simple como el huevo de Colón, ¿verdad? Al leerla transmite una sensación de sencillez, de que a cualquiera se le podría haber ocurrido antes... sencillez que, sospecho, esconde el cuidado extremo que debe de haber puesto el autor al escribirla.

Es decir, es una novela epistolar pero sus cartas son correos electrónicos, cosa que me cae muy en gracia porque años atrás (demasiados años) yo me había planteado escribir una novela epistolar "moderna", que además de cartas incluyera todas las demás formas de intercambio postal a los que recurríamos entonces mis amigos y yo (cartas, postales, cassettes, dibujos, cualquier cosa que pudiera meterse en un sobre y despacharse por correo, telegramas, faxes e incluso llamadas telefónicas).** Nunca pasé de la idea, y mientras tanto el mundo cambió, apareció internet, el correo electrónico, los móviles a diestra y siniestra, en muchos aspectos cambiaron las formas de las relaciones humanas; cambió tanto todo, que la novela epistolar moderna es ésta de Glattauer.


Y la cancion de Charly no tiene nada que ver con la novela, pero como la cité en el título de la entrada y es una de mis favoritas, la comparto con ustedes:



* Postscriptum: Estuve injusta con el cine. Hay grandes películas inspiradas en obras literarias y me gustan muchísimo, lo que pasa es que las pienso en sí mismas, como películas, y no en relación con la obra literaria de donde surgió su inspiración. Por ejemplo, me gusta mucho más (lo reconozco sin vergüenza) y marcó mucho más mi vida Blade Runner que ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas? de Philip K. Dick; cuando pienso en Blow up me parece puramente anecdótico que esté basado en "Las babas del diablo" de Julio Cortázar, y he visto 4 veces o más Jules et Jim pero jamás leí la novela de Henri-Pierre Roché en la que está basada (aunque imagino que la leería con gusto si la tuviera a mano). Y hay más ejemplos, estos son los primeros tres que se me ocurren... tal vez el problema sea el pensar las películas como "adaptaciones" de literatura, por un lado, y por el otro el esperar de las películas algo semejante a lo que pueden producir los libros.

** Ya conté en La casa del lago mi amor por el correo ordinario; con esta novela me reconcilio con el correo electrónico: ¡también se puede hacer literatura con él!

La vida de las acciones


Volví a ver Jules et Jim de François Truffaut, y esta vez sí me acordaba bien del final, pero no de otras partes de la película. Eso, más el momento de transición digamos hormonal que estoy viviendo, me hizo volver a pensar algo que ya había pensado hace muchos años. Me cito a mí misma:

Tengo ganas de ir al cine. Hay un ciclo de Truffaut en la Lugones. Pero es domingo, hay sol: mejor voy en la semana, hoy me voy a pasear. Vero se va en una semana, quiero comprar regalitos para que se lleve a Barcelona. Almuerzo en lo de mis viejos y cuando salgo de su casa voy al Parque Centenario. Está lleno de gente: los que venden en la feria, los que compran en la feria, los que miran sin comprar, los que toman sol, los que juegan en el pasto, los que tocan música, los que escuchan a los que tocan música, los que se sientan en ronda en el pasto a charlar. Visto así, de golpe, en una visión de conjunto, me parece ver un cuadro que conozco de memoria, sólo que años atrás yo formaba parte de él y ahora no. Para colmo los que tocan están cantando "Era en abril". Me digo que no es bueno volver al lugar donde uno iba diez años atrás porque lo único que se siente es que pasaron diez años. Compro los regalos que quería y salgo huyendo.

Pero no es eso. El problema es que yo creía que ciertas acciones (estar, un domingo a la tarde, en el parque Centenario, charlar con los amigos en el pasto, escuchar "Era en abril") habían desaparecido, simplemente porque yo no las hacía mas. Pero así como antes de mí otros las hicieron y dejaron de hacerlas, así como yo las hice y dejé de hacerlas, así vinieron otros que las están haciendo y dejarán de hacerlas. Lo que cambia son las personas, pero las acciones permanecen, fijas, inmutables. Ellas duran en el tiempo, mientras los cuerpos que las están llevando a cabo van cediendo su lugar a los siguientes.


de "Memorias", Tuc. No me parece bueno el cuento, al menos no conseguí lo que me propuse al escribirlo, pero esta idea me sigue gustando mucho.


Obviamente las acciones no son eternas, por ejemplo la acción "ir al cine" no pudo haber sido vivida por nadie antes de la invención del cinematógrafo (una digresión: algo que aprendí en el Museu del Cinema de Girona: los hermanos Lumière inventaron el cine, pero sólo lo utilizaron documentalmente. Fue Georges Meliès quien lo usó para el delirio fantástico, para crear historias sorprendentes. Resulta que cuando Meliès le dijo a Lumière que quería comprar su invento, Lumière le contestó algo así como: "jovencito, mi invento no tiene ninguna aplicación, salvo para alguna rama de la ciencia, pero comercialmente no tiene futuro". ¡Suerte que apareció Meliès!)


Las acciones no son eternas, nacen y mueren, pero tienen una existencia más larga que las personas que las encarnamos en un momento dado. Son independientes de nosotros, existen en el universo como existen las bacterias y las amebas, como existieron los dinosaurios, como convivieron al mismo tiempo el Hombre de Neanderthal y el Homo Sapiens, siendo dos especies diferentes, hasta que el Hombre de Neanderthal se extinguió y el Homo Sapiens no (esto lo aprendí la semana pasada cuando visitamos el Parc de les Coves Prehistòriques de Serinyà). Y tengo la impresión de que esta idea se podría desarrollar mucho más profunda, poética y filosóficamente pero de momento dejo acá hasta que pueda retomarla.