Florecieron...

Florecieron los árboles de mi cuadra. Todas las copas estan llenas de florcitas rosas, y ni una hoja verde.
El damasco de mi jardín está brotado de hojas nuevas, y aquí y allá le asoman unas florcitas blancas todavía en pañales.
Es invierno, pero hace calor y se adelanta la primavera.

Florcitas

Las flores que más me gustan son diminutas. Crecen donde vivía antes y crecen donde vivo ahora, a muchos miles de kilómetros de distancia. Son unas florcitas silvestres que viven a ras del suelo, en la punta de unos tallos marrones que prodigan hojitas redondas, dentadas, arracimadas. Son pequeñísimas, aproximadamente medio centímetro, se pierden en nuestros dedos. De pie, si miramos el pasto, sólo vemos un punto de color claro allá abajo. Es cuando nos inclinamos hacia ellas que podemos apreciar toda su perfecta belleza. Tienen sólo cuatro pétalos redondos, siempre abiertos. El de arriba (el pétalo que yo siempre imagino arriba cuando las veo o las pienso) es el más oscuro, oscuro en comparación a los otros, porque es de color azul celeste. Los dos pétalos que se tocan con él, a izquierda y derecha, son celestes también, pero de un tono más pálido. Y el cuarto, el pétalo que completa el círculo, de tan claro es casi blanco. (Azul celestes las de allá, las de acá son más lilas, y con menos diferencia de tono entre sus pétalos). Cada pétalo pasa de su color al blanco en el centro de la flor, donde se encuentran las cabecitas amarillas de los estambres. Y cada pétalo tiene unas líneas temblequeantes que los cruzan hacia el centro. Estas líneas son del mismo color en todos los pétalos, azul (allá) o violeta (acá) más oscuro, pero como hay tres tonos distintos según los pétalos, en cada combinación producen un efecto diferente. He observado muchas de estas flores, porque desde que las descubrí, me acerco a ellas siempre que las encuentro. Y siempre son iguales, idénticas entre sí, siempre los mismos tres tonos de celeste, orientados de la misma manera, formando un minúsculo círculo cromático. Me maravilla que algo tan pequeño e insignificante pueda ser tan simétrico, tan simple y tan bello. Tan perfecto.

Manuel dijo:

"Yo me inventé unas flores rarísimas, que son ... te lo digo en inglés, eh: snowflower. Son flores de nieve, no, que le cayó nieve e igual no se murieron. Son de color blanco, como la nieve."

Siesta al sol


Una semana de nubes y lluvia. Después, mágicamente, el sol, que todo lo cura. Me acosté en el pasto, en mi jardín, y me dormí al sol. Qué placer dormir cuando tenemos tanto sueño! En el invierno repentinamente primaveral el sol me calentaba anchamente. Su calorcito fue un abrazo gigantesco, y por un rato el mundo me acunó.

Arcoiris familiares


Estuve escribiendo con una birome bic transparente junto a una ventana por la que entraba el sol, y en mi cuaderno apareció un arcoiris pequeño, de un centímetro de largo más o menos, que se movía y se hacía más grande o más chico según cómo movía la birome. Estuve un rato jugando con mi arcoiris de mano hasta que un grupo de personas se interpuso entre el sol y mi prisma manual, y después me tuve que ir.

En la casa donde vivimos desde hace casi dos años, en una época del año, por la mañana, el sol entra por el agujero del mirador de la puerta principal y deja un arcoiris en la pared que está enfrente, que es una parecita pequeña y de paso. Es un arcoiris redondo, hecho de manchas y no de franjas, un poco psicodélico, de unos 6 o 7 centímetros de diámetro, y por supuesto me gusta mucho. Cuando estábamos mirando la casa para mudarnos por primera vez con Manuel, él dijo: "Mirá mamá! El arcoiris vive en la casa de B***!". Y aún hoy cada vez que lo ve me lo muestra, y lo miramos juntos.

De más está decir que los arcoiris del cielo, los que salen después de la lluvia, me parecen muy bellos y misteriosos. Además de la hermosura de sus colores, traen un mensaje de buenaventura y esperanza: después de la lluvia, después de la congoja, las nubes se disipan, el cielo se despeja, vuelve a brillar el sol, y como primer signo de su presencia surge esplendoroso el arcoiris.

No es común ver arcoiris en el cielo, al menos no en los lugares donde viví hasta ahora, por eso cada vez que aparece uno voy corriendo a mirarlo y disfrutarlo todo lo posible. Y mis pequeños arcoiris caseros me resultan un regalo entrañable. Convivir con un arcoiris, al menos una parte del día y del año, es un privilegio!

Un poema en catalan


Unico poema que escribí en catalán, por lo menos de momento, y único texto literario que escribí en alguna lengua que no sea mi castellano materno. Lo escribí en una época de sequía y desesperación. Se lo mostré a mi amigo bibliotecario de Salt para ver si tenía faltas y me corrigió un par de cosas y me dijo que estaba bien, pero si algún catalanoparlante encuentra algo raro por favor dígamelo, tal vez mi amigo bibliotecario fue muy benevolente con una inmigrante recién llegada.


La Sequera

Els arbres em diuen:
això que et passa a tu
també ens passa a nosaltres, germana.
Nosaltres també tenim set
i patim aquest sol de foc.
Nosaltres també tenim les nostres fulles seques
sense color
i les nostres arrels cerquen a dins de la terra
buscant l'aigua amagada
però en troben molt poquet.
Nosaltres també, germana,
però què podem fer?
Abraça-nos, germana,
escorça i pell, saba i sang
desitjant una pluja que no n'arriba mai
i ves, tu que pots, a mullar-te al riu,
ves al mar i fes ofrena dels nostres anhels.

29.7.05


Traducción rápida para mis amigos castellanoparlantes:
La Sequía
Los árboles me dicen: / esto que te pasa a tí / también nos pasa a nosotros, hermana. / Nosotros también tenemos sed / y sufrimos este sol de fuego. / Nosotros también tenemos nuestras hojas secas / sin color / y nuestras raíces buscan dentro de la tierra / buscando el agua escondida / pero encuentran muy poca. / Nosotros también, hermana, / pero qué podemos hacer? / Abrázanos, hermana, / corteza y piel, savia y sangre / deseando la lluvia que no llega más / y ve, tú que puedes, a mojarte al río, / vete al mar y ofréndele nuestros anhelos.

El agua según Melville


El mismo amigo que me recomendó La línea de sombra de Conrad, amaba Moby Dick, de Herman Melville. Lo leyó montones de veces y me contó que le gustaba tanto el comienzo que durante años fotocopiaba la primera página y se la regalaba a sus amigos. Yo lo leí gracias a él, y es cierto que es magnífico, tanto el comienzo como el final. Es un libro muy poderoso.

Una novela que transcurre sobre el mar, que trata del encuentro del hombre con uno de los símbolos marinos más potentes de la historia humana, no puede reducirse a un párrafo, pero en honor a mi amigo transcribo esta frase que me copié para mí porque me gustó mucho cuando leí el libro hace 12 años. No es el primer párrafo sino el quinto, y no está en la primera hoja del primer capítulo sino en la segunda, pero tiene una imagen que me gusta mucho.

En el inglés original:

Once more. Say, you are in the country, in some high land of lakes. Take almost any path you please, and ten to one it carries you dawn in a dale, and leaves you there by a pool in the stream. There is a magic in it. Let the most absent-minded of men be plunged in his deepest reverie -- stand that man on his legs, set his feet a-going, and he will infallibly lead you to water, if water there be in all that region. Should you ever be athirst in the great American desert, try this experiment, if your caravan happen to be supplied with a metaphysical professor. Yes, as every one knows, meditation and water are wedded for ever.

En la traducción al castellano de la edición que estaba en casa de mis padres, lamentablemente no anoté ni el traductor ni la editorial, pero es la edición clásica en castellano, bastante vieja:

Hay más. Supongamos que está usted en el campo, en algún sitio elevado donde abunden los lagos. Tome usted cualquiera de los senderos que le plazca y ése, casi seguramente, lo conducirá, a través de un valle, para dejarlo junto a una corriente de agua. Hay en ello algo de magia. Deje que el más distraído de los hombres se sumerja en los ensueños más profundos; póngalo luego de pie, imparta impulso a sus piernas y éstas lo conducirán, infaliblemente, hacia el agua, si hay agua en la región. Si alguna vez se sintiera usted sediento en el gran desierto americano, pruebe este experimento, siempre que la caravana disponga de un profesor de metafísica. Sí, como todos saben, la metafísica y el agua están unidas para siempre.

Herman Melville, Moby Dick, Tomo I, página 29.

Un consejo de Stephen Dedalus


Si puedes poner los cinco dedos a través de ella, es una verja, si no, una puerta. Cierra los ojos y mira.
James Joyce, Ulises, Capítulo III.

La linea de sombra, de Joseph Conrad

Este libro me lo recomendó un amigo y me gustó muchísimo. Lo leí en enero de 1996, y cuando lo leí lo interpreté visualmente así:



Me gusta mi dibujo, con lo simple que es. Me gusta interpretar así un libro. El original se lo envié por carta a mi amigo, pero me quedé con una fotocopia.

Playas argentinas


A la mañana, el sol arde, y el agua está helada. A la tarde el agua, después de haber recibido doce horas de sol, está cálida, pero hay viento y hace frío. Como el amor, como la vida, las playas argentinas. (01.96)

Ciudad isla

Viviendo en la ciudad inmensa estamos a la orilla de dos océanos: el mar inmenso, la llanura inmensa. Para cualquiera de los dos lados mucho hay que viajar antes de ver algo. La ciudad está tan loca porque se sabe isla entre dos infinitos. (10.12.95)

La voz del interior


Es como ir por la calle escuchando música con un walkman. Uno camina, ve los autos, los semáforos, la gente, escucha las bocinas, sabe cuándo avanzar, cuándo detenerse, no por escuchar también otra cosa corre peligro de que lo atropellen; sin embargo, lo que da orden a todo es algo invisible e inaudible para los demás. Así me siento yo constantemente, pero el walkman es una parte de mí misma, y la música que escucho emana de mí. (18.11.95)

Aves urbanas

Palomas en mi ventana y gorriones en el calefón. Ayer escuché murciélagos. (12.95-01.96)
Caen en picada, pareciera que, suicidas, se tiran al vacío. (Las palomas cruzando en diagonal mi ventana). (10.95)

Movimientos internos


Dos esferas (¿de cristal?), una dentro de la otra, girando en sentido inverso. La de afuera cada vez más quieta, sus movimientos son cada vez más imperceptibles, mientras que la de adentro gira cada vez más rápido. Pero nadie ve su movimiento ni puede seguirlo, sólo yo lo siento. (22.5.95)

Si el planeta, que es tan grande, da una vuelta completa sobre sí mismo cada día, ¿por qué mi cabeza, que es tan chica, habría de quedarse quieta? (10.95)

Librobjetos: una explicación pendiente


Me di cuenta de que no expliqué acá qué son mis librobjetos. Para explicarlo prefiero tanscribir un texto que escribí especialmente por encargo para la exposición colectiva de libros de artista realizada en el Stand Libro de Artista de la Feria del Libro del II Festival del Libro y la Creatividad, Punilla Centro, Córdoba, Argentina, en octubre del 2001. El texto lo escribí el 1.10.01 y en octubre de 2002 lo convertí en librobjeto. Dice así:

Prefiero el nombre de "libro objeto" más que el de "libro de artista" para las cosas que yo hago, porque la palabra "artista" muchas veces me resulta pretenciosa, en cambio "libro objeto" es fiel a mi sentir sobre lo que hago: objetos únicos, irreproducibles (incluso para mí), que tienen forma de libro (es decir hojas o láminas de un tamaño más o menos semejante, por lo general unidas entre sí por un lomo o por un algo que las contiene, lo que posibilita una lectura sucesiva en el tiempo y unificada en su conjunto).

Estos librobjetos surgieron de mí como una rebelión ante las vallas que la industria editorial impone a la difusión de mi obra literaria. Ante lo estándar y masificable, la rebelión fue oponer un objeto único, que sólo puede ser leído por una persona por vez, que si se reproduce muere como tal, y que ni yo misma puedo repetir, por sus materiales y porque nacieron en un trance (los poemas también nacen en un trance, pero una vez terminados pueden copiarse a mano o máquina o fotocopiarse, en cambio estos objetos, por los materiales con que fueron hechos, no pueden repetirse).

Una rebelión que además salta por encima de los condicionamientos de la escritura para caer en el centro medular, en la esencia del hacer: el juego libre como en la infancia, el inmenso placer de junt
ar unas cosas con otras y formar algo nuevo, y en el hacer expresarme. Y nada más.




Durante un tiempo los librobjetos fueron una actividad paralela a mi producción literaria, que se acumulaba en mis cajones. Hasta que un día (el disparador fue un artículo periodístico sobre el estado actual de la industria editorial) decidí nunca más intentar publicar en el sentido tradicional y convertir toda mi obra literaria en librobjetos. Mi idea era montar una exposición de mis librobjetos como quien hace una exposición de cuadros, pero con algunas diferencias fundamentales: que los librobjetos se pudieran agarrar, hojear y leer, que en el lugar además de una luz agradable para leer hubiera sillones o sillas cómodas para poder sentarse a leer, que todo invitara a los visitantes a hojear, ojear, leer, pispear, revisar, manosear, etc.

Hasta ahora nunca me ocupé de montar la exposición de librobjetos, que se fueron acumulando en una caja enorme, y en los últimos tiempos hubo pocos nuevos; pero nunca deseché la idea de la exposición, me sigue gustando.

Ahora me embarqué en transformar mis textos en librogs. De momento me resulta más sencillo, porque puedo hacer todo yo misma desde mi casa y siento que potencialmente tienen un alcance mayor. Por eso me entusiasmo con pasar más libros a librogs, y todavía tengo varios pendientes.

La lluvia según Proust

Me propuse incluir en este blog sólo cosas mías y no de otros simplemente porque si empiezo a incluir cosas de otros hay tantas cosas que me gustan que no acabaría más, y este blog cambiaría de sentido. Pero bueno, toda regla tiene su excepción, así que voy a compartir con ustedes una frase de Proust sobre la lluvia que es como un pequeño poema en prosa.

En francés original:

Un petit coup au carreau, comme si quelque chose l'avait heurté, suivi d'une ample chute légère comme de grain de sable qu'on eût laissés tomber d'une fenêtre au-dessus, puis la chute s'étendant, se réglant, adoptant un rythme, devenant fluide, sonore, musicale, innombrable, universelle: c'était la pluie.
Marcel Proust: Du côté de chez Swann. À la recherche du temps perdu, Tome I, page 125.

En la traducción al castellano de Editorial Alianza, 1983 (no apunté el nombre del traductor y ya no tengo el libro conmigo):

Un golpecito en el cristal, como si hubiesen tirado algo; luego un caer ligero y amplio, como de granos de arena lanzados desde una ventana de arriba, y por fin, ese caer que se extiende, toma reglas, adopta un ritmo y se hace fluido, sonoro, musical, incontable, universal: llueve.
Marcel Proust: Por el camino de Swann. En busca del tiempo perdido, Tomo I, página 127.

7 minutos de mar

Siete minutos de mar, para que disfruten cuando quieran, donde quieran.

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Violetas



En el jardín de casa crecen violetas silvestres: unos manojos de corazones verdes, perfectos como dibujo de enamorados, por entre los cuales se asoman las flores: cinco pétalos lilas con el centro blanco: dos arriba, redondos y paraditos como orejas de miquimáus, otros dos a los costados, y uno abajo más grande, levemente acorazonado, con la parte central blanca también más grande, y unos hilos violeta oscuro que van del blanco al lila sólo en este pétalo; y los estambres amarillos.