Arcoiris familiares


Estuve escribiendo con una birome bic transparente junto a una ventana por la que entraba el sol, y en mi cuaderno apareció un arcoiris pequeño, de un centímetro de largo más o menos, que se movía y se hacía más grande o más chico según cómo movía la birome. Estuve un rato jugando con mi arcoiris de mano hasta que un grupo de personas se interpuso entre el sol y mi prisma manual, y después me tuve que ir.

En la casa donde vivimos desde hace casi dos años, en una época del año, por la mañana, el sol entra por el agujero del mirador de la puerta principal y deja un arcoiris en la pared que está enfrente, que es una parecita pequeña y de paso. Es un arcoiris redondo, hecho de manchas y no de franjas, un poco psicodélico, de unos 6 o 7 centímetros de diámetro, y por supuesto me gusta mucho. Cuando estábamos mirando la casa para mudarnos por primera vez con Manuel, él dijo: "Mirá mamá! El arcoiris vive en la casa de B***!". Y aún hoy cada vez que lo ve me lo muestra, y lo miramos juntos.

De más está decir que los arcoiris del cielo, los que salen después de la lluvia, me parecen muy bellos y misteriosos. Además de la hermosura de sus colores, traen un mensaje de buenaventura y esperanza: después de la lluvia, después de la congoja, las nubes se disipan, el cielo se despeja, vuelve a brillar el sol, y como primer signo de su presencia surge esplendoroso el arcoiris.

No es común ver arcoiris en el cielo, al menos no en los lugares donde viví hasta ahora, por eso cada vez que aparece uno voy corriendo a mirarlo y disfrutarlo todo lo posible. Y mis pequeños arcoiris caseros me resultan un regalo entrañable. Convivir con un arcoiris, al menos una parte del día y del año, es un privilegio!

2 comentarios:

Obnebur dijo...

que hermoso compartir esos arco iris con vos

gotamarina dijo...

qué hermoso compartir...