
Una semana de nubes y lluvia. Después, mágicamente, el sol, que todo lo cura. Me acosté en el pasto, en mi jardín, y me dormí al sol. Qué placer dormir cuando tenemos tanto sueño! En el invierno repentinamente primaveral el sol me calentaba anchamente. Su calorcito fue un abrazo gigantesco, y por un rato el mundo me acunó.
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