LIBROGS - Mis libros en el éter informático
El agua del tiempo
Otro tema acuático de Rubén, del disco de Clipdiclap. Al otro día descubrí que la tristeza de Manuel por su propia muerte es más bien conciencia del paso del tiempo, su primera crisis de crecimiento: lo que quiere es no perder sus 8 años, quedarse mágicamente siempre así, o bien poder volver a los 8 años cuando sea viejo. Va este tema de su padre como homenaje o cura de lo incurable, reflejo de lo inasible, misterio humano; y porque no podia faltar en mi blog.
Clipdiclap
Cuando Manuel estaba en mi panza y vivíamos en Córdoba (Argentina) Rubén hizo un disco de música para niños con dos amigas, Alejandra Carazo y Lucía Olazábal, por supuesto emocionado por la espera de Manuel, quien escuchó los ensayos y las grabaciones desde dentro y desde fuera de la panza (hay una foto de los tres ensayando con Manuel de muy pocos meses en las piernas de Lucía; yo era la que sacaba la foto; cuando la encuentre la voy a subir). Siempre me gustó mucho ese disco, algunos temas me emocionan mucho. Recuerdo haber escuchado a Clipdiclap en vivo, una de las pocas veces que actuaron en público, en una fiesta escolar (supongo que era en la escuela Waldorf de La Cumbre), es decir en un ámbito no profesional y con un público familiar, que no siempre es el mejor dispuesto para la escucha, y cuando cantaron "La cunita" se hizo un silencio profundo, subyugante, concentrado y envolvente, uno de esos silencios de mágica suspensión del tiempo.
Aquí les dejo "La cunita" (a Manuel se la canto alterando la primera estrofa, para él es así: "Este niño bonito ya tiene cuna / su papi y su mami le armaron una, oh ah", porque eso hicimos cuando lo esperábamos, armar entre los dos la cuna de los primos que vino desde Buenos Aires).
Otra que me estremece, "El burrito":
Aquí les dejo "La cunita" (a Manuel se la canto alterando la primera estrofa, para él es así: "Este niño bonito ya tiene cuna / su papi y su mami le armaron una, oh ah", porque eso hicimos cuando lo esperábamos, armar entre los dos la cuna de los primos que vino desde Buenos Aires).
Otra que me estremece, "El burrito":
Manuel descubrió la muerte
Momento histórico. 8 años recién cumplidos. Hora de irse a dormir. Lo dejo en el baño lavándose los dientes y cuando vuelvo a buscarlo lo encuentro llorando desconsolado. Le pregunto qué le pasa y me dice que estaba pensando algo que lo puso muy triste, y cuando le pregunto qué, me dice que estaba pensando en cuando estuviera muerto.
Lo abracé, lo besé, le dije todo lo que se me ocurrió, llamé a Rubén e hicimos cuevita los tres, mimándolo y diciéndole todas las cosas que se nos podían ocurrir, pero nada lo consolaba. Finalmente lo dejamos un rato más después de hora, leyendo en el sillón al lado nuestro, mimándolo, con música, chocolate, y todos los gustos, para que se le pasara la angustia.
¿Qué otra cosa podíamos hacer? Si nadie tiene la respuesta, y a todos nos toca en algún
momento preguntarnos y angustiarnos, ¿qué más podemos hacer, que acompañarlo con amor y dejar que él elabore sus propias respuestas? Si tuviéramos una fe o una tradición que nos sostiene, podríamos darle respuestas milenarias, pero no las tenemos.
Le dije que hay gente que piensa que el alma no muere, que hay gente que cree que el alma reencarna, que hay gente que cree que no existe el alma pero que de todas formas nos transformamos en tierra, gusanos, plantitas, etc.
Le dije que todos los seres vivos mueren y hay que aceptarlo, porque ningún cuerpo humano puede durar ni 500 años, como muchísimo 100, pero que somos jóvenes y tenemos muchísimos años por delante para hacer montones de cosas que nos gustan.
Le dijimos que así como sentimos que nuestros abuelos nos acompañan, aunque ya no estén con nosotros, así él seguirá presente siempre.
Le dije que nadie tiene la respuesta, que la muerte es un misterio, que todos en algún momento nos preguntamos por esto y que él encontrará sus propias respuestas, las que le vengan bien a él, que esto es crecer.
¿Pero esto que dijimos es un consuelo? ¿Lava la angustia, cuando nos llegó el momento de preguntarnos por nuestro fin?
Justamente hoy Manuel me demostró que tiene una higiene mental admirable, que su mente sigue su propio camino más allá del entorno. Lo vi por dos cosas: hace un mes que me vengo preguntando cómo serán estas Navidades, cuando por primera vez las pasaremos en Buenos Aires con familia grande, donde nadie tiene la costumbre de hablar de Papá Noel más que metafóricamente y los regalos se dan en mano, mientras que hasta ahora en casa los regalos aparecían mágicamente dejados por Papá Noel en algún momento en que nadie veía. Papá Noel y los Reyes también...
Y me dije que si a Manuel le llegó el momento de enterarse, ya se enterará, independientemente de lo que hagamos, porque con 8 años ya es hora de que se empiece a preguntar, o incluso que algún compañero de escuela lo avive.
Y si tiene ganas de seguir creyendo, como parece ser (porque si hasta ahora aceptó la magia es porque le gusta, tal como le gusta escuchar púlsares en vez de aviones, porque nunca fue muy complicado lo que hicimos), si tiene ganas de creer, seguirá creyendo.
Y hoy a la mañana cuando nos despertamos me dijo que tiene otro diente flojo, y nos pusimos a pensar que a ver si se cae en casa, o en Buenos Aires, o en Córdoba, y Manu me dijo que si se le caía en el avión, el Raton Perez construiría una avioneta silenciosa para ir a dejarle la moneda en el avión. Por lo tanto, pienso que ya se construirá alguna otra hipótesis sobre Papa Noel y los Reyes, de ser necesario.
La segunda prueba es que en estos días Manuel estuvo presente en dos ocasiones en que hablé de cosas que hubiera preferido que no escuchara, y hoy le pregunté, como hago siempre, si había escuchado, si había entendido, y si quería que yo le explicara algo de lo que había escuchado, y me dijo que no hacía falta, porque si eran cosas de grandes, mejor no saber. Me pareció una prodigiosa salud mental, decidir qué lo involucra y qué no.
Por lo tanto, si horas más tarde llora desconsolado por su propia muerte, es que le llegó el momento de pensar en eso, y ahí lo que podamos hacer es bien poco.
De todas formas, me siento muy extraña. Es extraño aceptar que su angustia tiene su propio cenit y nadir.
Fotografías: Chema Madoz
Lo abracé, lo besé, le dije todo lo que se me ocurrió, llamé a Rubén e hicimos cuevita los tres, mimándolo y diciéndole todas las cosas que se nos podían ocurrir, pero nada lo consolaba. Finalmente lo dejamos un rato más después de hora, leyendo en el sillón al lado nuestro, mimándolo, con música, chocolate, y todos los gustos, para que se le pasara la angustia.
¿Qué otra cosa podíamos hacer? Si nadie tiene la respuesta, y a todos nos toca en algún
momento preguntarnos y angustiarnos, ¿qué más podemos hacer, que acompañarlo con amor y dejar que él elabore sus propias respuestas? Si tuviéramos una fe o una tradición que nos sostiene, podríamos darle respuestas milenarias, pero no las tenemos.Le dije que hay gente que piensa que el alma no muere, que hay gente que cree que el alma reencarna, que hay gente que cree que no existe el alma pero que de todas formas nos transformamos en tierra, gusanos, plantitas, etc.
Le dije que todos los seres vivos mueren y hay que aceptarlo, porque ningún cuerpo humano puede durar ni 500 años, como muchísimo 100, pero que somos jóvenes y tenemos muchísimos años por delante para hacer montones de cosas que nos gustan.
Le dijimos que así como sentimos que nuestros abuelos nos acompañan, aunque ya no estén con nosotros, así él seguirá presente siempre.
Le dije que nadie tiene la respuesta, que la muerte es un misterio, que todos en algún momento nos preguntamos por esto y que él encontrará sus propias respuestas, las que le vengan bien a él, que esto es crecer.
¿Pero esto que dijimos es un consuelo? ¿Lava la angustia, cuando nos llegó el momento de preguntarnos por nuestro fin?

Justamente hoy Manuel me demostró que tiene una higiene mental admirable, que su mente sigue su propio camino más allá del entorno. Lo vi por dos cosas: hace un mes que me vengo preguntando cómo serán estas Navidades, cuando por primera vez las pasaremos en Buenos Aires con familia grande, donde nadie tiene la costumbre de hablar de Papá Noel más que metafóricamente y los regalos se dan en mano, mientras que hasta ahora en casa los regalos aparecían mágicamente dejados por Papá Noel en algún momento en que nadie veía. Papá Noel y los Reyes también...
Y me dije que si a Manuel le llegó el momento de enterarse, ya se enterará, independientemente de lo que hagamos, porque con 8 años ya es hora de que se empiece a preguntar, o incluso que algún compañero de escuela lo avive.
Y si tiene ganas de seguir creyendo, como parece ser (porque si hasta ahora aceptó la magia es porque le gusta, tal como le gusta escuchar púlsares en vez de aviones, porque nunca fue muy complicado lo que hicimos), si tiene ganas de creer, seguirá creyendo.
Y hoy a la mañana cuando nos despertamos me dijo que tiene otro diente flojo, y nos pusimos a pensar que a ver si se cae en casa, o en Buenos Aires, o en Córdoba, y Manu me dijo que si se le caía en el avión, el Raton Perez construiría una avioneta silenciosa para ir a dejarle la moneda en el avión. Por lo tanto, pienso que ya se construirá alguna otra hipótesis sobre Papa Noel y los Reyes, de ser necesario.
La segunda prueba es que en estos días Manuel estuvo presente en dos ocasiones en que hablé de cosas que hubiera preferido que no escuchara, y hoy le pregunté, como hago siempre, si había escuchado, si había entendido, y si quería que yo le explicara algo de lo que había escuchado, y me dijo que no hacía falta, porque si eran cosas de grandes, mejor no saber. Me pareció una prodigiosa salud mental, decidir qué lo involucra y qué no.
Por lo tanto, si horas más tarde llora desconsolado por su propia muerte, es que le llegó el momento de pensar en eso, y ahí lo que podamos hacer es bien poco.
De todas formas, me siento muy extraña. Es extraño aceptar que su angustia tiene su propio cenit y nadir.
Fotografías: Chema Madoz
Mi segunda modesta contribución para la Paz Mundial
Gracias a Manuel reapareció en nuestras vidas un yo-yó, y tratando de enseñarle a él cómo se juega, nos vimos todos jugando al yo-yó. Manuel estaba muy interesado en el y-yó porque en una de las cuatro Mafaldas que tenía hasta el momento están las tiras en donde Mafalda y sus amigos juegan al yo-yó, y le parecían muy divertidas (ahora, gracias a sus abuelos que eligieron el regalo y a su tía que lo transportó allende los mares, Manu tiene en casa el Toda Mafalda, libraco maravilloso). Por mostrarle a Manuel cómo se juega, empecé a entretener
me de lo lindo. Descubrí que me causaba mucho placer todo el asunto: enrollarlo, acunar el yo-yó en mis manos, con un simple ademán verlo partir, bajar, pender, y al llegar a la altura que me parecía adecuada (decidir en precisión de segundos qué altura me parece la adecuada) dar el pequeño tirón que lo hace subir, hasta recibirlo de nuevo en mi mano; y así siguiendo, sube y baja, baja y sube, mi mano apenas se mueve y nos acomodamos el uno al otro... muy relajante. (Eso sí: los ciclotímicos mejor que no nos dejemos llevar por su nombre y evitemos hacer analogías entre el yo-yó y nuestro estado de ánimo).
Bueno, mi modesta contribución: que en cada sitio donde puede darse que se junte mucha gente a esperar lo mismo, como la cola de un banco o de un supermercado, la sala de espera del hospital o consultorio, las oficinas de todo tipo donde se hacen trámites, etc, que en todos esos sitios haya bandejas llenas de yo-yós para que cualquier esperante pueda agarrar uno y ponerse a jugar. No es una solución individual lo que propongo, sino global: no es sólo cuestión de que "mi" espera o "tu" espera se hace más corta si esperamos entretenidos, lo bueno de mi propuesta es que mejoraría notoriamente el ambiente, reduciría la frustración, el estrés, la violencia contenida, mejoraría la predisposición hacia los que nos rodean y la comunicación interpersonal, fomentaría un estado casi alfa de meditación en la población en general, y una larga serie de benevolentes etcéteras.
Como no creo que ningún gobierno, ni local ni nacional, se haga eco de mi propuesta, empezando porque la vagancia me mata y no me voy a ocupar de lanzar mi propuesta más
que a través de cuentogotas, entonces apelo a las conciencias individuales: puesto que todavía no está a la vista el día en que los yo-yós sean de dominio público, como las bicicletas en ciertas ciudades europeas, entonces que cada uno de nosotros se arme de un yo-yó en el bolsillo antes de salir a la calle, como quien se ocupa de salir con la billetera y las llaves de casa, y que lo tenga a tiro para, a la menor oportunidad, lanzarlo al aire en vaivén de alegría y devoción.
Fotografías: Vaistij-Jones
me de lo lindo. Descubrí que me causaba mucho placer todo el asunto: enrollarlo, acunar el yo-yó en mis manos, con un simple ademán verlo partir, bajar, pender, y al llegar a la altura que me parecía adecuada (decidir en precisión de segundos qué altura me parece la adecuada) dar el pequeño tirón que lo hace subir, hasta recibirlo de nuevo en mi mano; y así siguiendo, sube y baja, baja y sube, mi mano apenas se mueve y nos acomodamos el uno al otro... muy relajante. (Eso sí: los ciclotímicos mejor que no nos dejemos llevar por su nombre y evitemos hacer analogías entre el yo-yó y nuestro estado de ánimo).Bueno, mi modesta contribución: que en cada sitio donde puede darse que se junte mucha gente a esperar lo mismo, como la cola de un banco o de un supermercado, la sala de espera del hospital o consultorio, las oficinas de todo tipo donde se hacen trámites, etc, que en todos esos sitios haya bandejas llenas de yo-yós para que cualquier esperante pueda agarrar uno y ponerse a jugar. No es una solución individual lo que propongo, sino global: no es sólo cuestión de que "mi" espera o "tu" espera se hace más corta si esperamos entretenidos, lo bueno de mi propuesta es que mejoraría notoriamente el ambiente, reduciría la frustración, el estrés, la violencia contenida, mejoraría la predisposición hacia los que nos rodean y la comunicación interpersonal, fomentaría un estado casi alfa de meditación en la población en general, y una larga serie de benevolentes etcéteras.
Como no creo que ningún gobierno, ni local ni nacional, se haga eco de mi propuesta, empezando porque la vagancia me mata y no me voy a ocupar de lanzar mi propuesta más
que a través de cuentogotas, entonces apelo a las conciencias individuales: puesto que todavía no está a la vista el día en que los yo-yós sean de dominio público, como las bicicletas en ciertas ciudades europeas, entonces que cada uno de nosotros se arme de un yo-yó en el bolsillo antes de salir a la calle, como quien se ocupa de salir con la billetera y las llaves de casa, y que lo tenga a tiro para, a la menor oportunidad, lanzarlo al aire en vaivén de alegría y devoción.Fotografías: Vaistij-Jones
Una contribución de Manuel
Paseando al lado del río, Rubén sacando fotos, Manuel me sugirió grabar el río para mi blog, y él mismo grabó este video. ¡Gracias Manu!

Después Rubén grabó otros dos minivideos acuáticos:

Después Rubén grabó otros dos minivideos acuáticos:
Manuel y la modernidad tuneada
Con los años fui incorporando a mi lenguaje habitual frases más bien absurdas fuera de su contexto, que nacieron en un momento concreto (pronunciadas por algún amigo, o dichas por un desconocido pero que llegaron como anécdotas a nuestra vida, etc), provocaron risas cuando fueron escuchadas por primera vez y quedaron luego cristalizadas. A esta altura del partido en casi todos los casos dejé de ver a la persona que originó la frase o a quienes compartieron el chiste conmigo, y si la pronuncio en mi contexto actual ya nadie sabe de qué hablo y sólo yo le encuentro la gracia.

Últimamente dije algunas de estas frases y Manuel me escuchó. Para describir un aparato al que se le transformó su aspecto para que causara más impacto, digo que "está re-tuneado" (en recuerdo de un amigo que me contó una anécdota sobre un coche que pensó comprarse). Cuando un objeto tecnológico tiene un aspecto más vanguardista de lo común, digo "¡qué moderno!" (en recuerdo de Peluca Telefónica, la canción de Charly García y Luis Alberto Spinetta).
Manuel incorporó las frases a su manera. Y así, hace pocos días, hablando de ya no me acuerdo qué objeto tecnológico, nos explicó que "le tunearon la modernidad".
Fotografia: Jorge

Últimamente dije algunas de estas frases y Manuel me escuchó. Para describir un aparato al que se le transformó su aspecto para que causara más impacto, digo que "está re-tuneado" (en recuerdo de un amigo que me contó una anécdota sobre un coche que pensó comprarse). Cuando un objeto tecnológico tiene un aspecto más vanguardista de lo común, digo "¡qué moderno!" (en recuerdo de Peluca Telefónica, la canción de Charly García y Luis Alberto Spinetta).
Manuel incorporó las frases a su manera. Y así, hace pocos días, hablando de ya no me acuerdo qué objeto tecnológico, nos explicó que "le tunearon la modernidad".
Fotografia: Jorge
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