Olas y libros

En agosto del 2010 conté cuánto me había gustado la novela Contra el viento del norte de Daniel Glattauer, y lo enganchada que quedé con leer su continuación. En octubre del mismo año supe que ya estaba editado el tan esperado Cada siete olas, y pude hojear electrónicamente sus primeras páginas. Tenía muchas ganas de leerlo pero no era una buena idea comprarlo. Y aquí me permito una digresión sobre libros y bibliotecas.

Cuando vivía en Buenos Aires no tenía el hábito de las bibliotecas públicas. Los libros eran pertenencias privadas, particulares: nos los prestábamos, pero siempre de propietario a propietario, y con buena suerte volvían a su lugar de pertenencia. Mis padres siempre tuvieron una gran biblioteca, mis amigos siempre tenían libros. Más o menos desde que tengo uso de razón para mí "el mejor regalo es un libro"; cuando estudiaba en la Facultad para cada cumpleaños dejaba a mis padres una lista orientativa de los libros que me interesaban en ese momento y ellos generosamente en vez de comprarme uno o dos me compraban cinco o siete de los de la lista, con lo cual yo misma fui adquiriendo una biblioteca nutrida. En 1992, cuando viví mi primer viaje de anagnórisis (cinco meses yirando por Europa), en el momento clave en que me pregunté a mí misma "¿yo qué quiero hacer?" y me contesté "leer y escribir", vi que el mejor lugar donde podía hacer eso era Buenos Aires, y me volví. Era el mejor lugar entre muchas otras cosas porque, como pensé entonces, aunque volvía sin trabajo y sin saber cuánto tiempo tardaría en conseguir uno ni cuánto ganaría para vivir, es decir aunque volvía con la perspectiva de no poder comprarme más libros por mucho tiempo, con los que ya tenía y los que podía leer prestados (en ese entonces pensaba en las estanterías de familia y amigos) tenía para leer durante años. Resultó que conseguí trabajo más o menos rápido, y que empece a ganar más de lo que esperaba, más de lo que necesitaba para vivir (soltera, sin hijos y con un depto propio gastaba poco). Tuve varios años de comprarme los libros que quisiera, hasta que caí en la cuenta de que compraba a más velocidad de lo que podía leer y me obligué a frenarme.

Desde que me fui de Buenos Aires en los tres lugares en que viví cultivé el hábito de las bibliotecas, en todos ellos los/las bibliotecarios/as fueron personas fundamentales en mi enraizamiento con el lugar. En Valle Hermoso más que los libros lo que me llevaba a la Biblioteca era Mabel, mi amiga bibliotecaria, y de paso que Manuel ojee más libros infantiles que los que teníamos en casa. En Salt lo que me llevaba a la Biblioteca era la sección infantil para Manuel, que estaba muy calentita, que los bibliotecarios especialmente uno eran super amables y buena onda, y que ahí me podía aislar del entorno deprimente, relajar y descansar un rato mientras Manuel estaba muy entretenido. Fue en la biblioteca de Salt donde descubrí que Manuel, con sólo 4 años, ya sabía leer: dijo "pilota" ("pelota" en catalán) y no había un dibujo que indicara la palabra, había letras, había juntado las letras y las había leído correctamente. También en Salt me hice socia y empecé a amar el Sistema de Lectura Pública de Catalunya: haciéndote socia de cualquiera de sus bibliotecas se puede consultar y pedir prestados libros en cualquier otra, y si el libro que me interesa no está en la Biblioteca de mi pueblo, lo solicitan a otra de la red y lo traen de donde sea (con la crisis este servicio está limitado y entorpecido, pero todavía se brinda). Puedo pedir que me reserven el libro que quiero y me avisan cuando llega, y puedo renovarlo por internet ilimitadamente hasta que algún otro lector lo reserve. La mayoría de los libros están en catalán, cosa que me sirvió para aprender mucho la lengua, pero no todos. La Biblioteca es uno de nuestros lugares preferidos con Manuel, los bibliotecarios nos tienen bien junados, y además cuando participo en el Club de Lectura me lo paso bomba (la sesión de ayer fue explosiva, el libro elegido era enfervorizante y hablábamos todos al mismo tiempo, además de festejar el cumpleaños de una de las participantes con torta y vino espumoso).

Cerrando la digresión, cuando supe que estaba publicada la novela esperada pregunté en la Biblioteca si ya estaba disponible en el Sistema de Lectura Pública y me dijeron que no. Venciendo mi timidez cuando tuve una oportunidad le sugerí a la bibliotecaria que lo tuviera en cuenta la próxima vez que hubiera fondos para comprar libros. Ayer me avisó que lo tenía reservado para mí, y cuando fui a la noche al encuentro del Club y me lo dio me dijo que era "nuestro", lo habían comprado en la Biblioteca de mi pueblo por mi recomendación. Me lo traje a casa y me lo devoré en menos de 24 horas. Otra vez me atrapó la trama y la forma en que está escrito, otra vez al terminarlo tuve que releer partes para encajar la historia, otra vez disfruté la sobriedad de recursos, la economía de palabras, la ironía de las frases, la intensidad de sentimientos, la sincronización de los segundos-minutos-días-semanas pasadas entre un correo y otro. En general, me gustó mucho. Pero me dejó una nota de incerteza, y escribo esto para entenderla. Para decir lo que pienso voy a tener que mencionar claves decisivas de la trama (cosa que evité cuando comenté la primera parte) así que si algún lector piensa leer el libro mejor que no siga adelante o le voy a aguar la fiesta.

Algo que me gustó mucho de Contra el viento del norte es que está toda escrita con correos electrónicos: un hombre y una mujer que no se conocen para nada empiezan a escribirse mensajes por error, siguen escribiéndose porque empiezan a interesarse el uno por el otro, y terminan enamorándose hasta la médula sin haberse visto nunca. Toda la primera novela está construida sobre el encuentro evitado, rechazado, deseado, temido, postergado alternativamente por el uno o la otra, y termina con el casi encuentro fracasado a último momento. La historia podría haber terminado así y tener mucho sentido, habría tenido UN sentido ("el sentido de un final", diría Kermode): más o menos lo que expresa el personaje masculino todo el tiempo: que el ideal es mejor que cualquier realidad, que un encuentro sería arruinar la perfección que habían alcanzado sin verse nunca. En la primera parte tenían que NO encontrarse, si se encontraban el libro dejaba de ser lo que era, la base de su construcción era que no se conocían en persona, que se escribían sin saber exactamente como era el otro, por eso dije en su momento que no puede ser llevada al cine sin socavar su fuerza, porque si nosotros viéramos las caras de los actores que interpretan a los personajes, por más que los personajes nunca se encuentren la historia se transforma: los personajes tienen que ser para nosotros tan sin rostro como lo son el uno para la otra durante toda la historia.

Pero una continuación no puede basarse en lo mismo, semejante recurso no puede usarse ilimitadamente. En la segunda parte se imponía que se encontraran y más o menos pronto, o los nervios de los lectores (por lo menos los míos) harían saltar el libro por los aires. Sabía que el autor los juntaría y me preguntaba qué haría: ¿quebraría su "constricción" casi perequiana de sólo incluir e-mails? Y si no quebraba semejante autolimitación estructural, ¿cómo haría para hacernos saber a los lectores lo que hacen los personajes cuando se encuentran en persona sin que suene absurdo ni forzado que los personajes se lo cuenten a sí mismos por correo electrónico unas horas más tarde? Afortunadamente Glattauer no me decepcionó estilísiticamente, resolvió esto magníficamente. No desdice su autolimitación, el segundo libro también está escrito sólo con correos electrónicos. Incluso al final cuando ya no son necesarios los e-mails, nos lo hace saber a través de unos pocos e-mails muy bien ubicados. Sí que se encuentran varias veces los personajes a lo largo del libro, incluso hacen el amor más o menos por el medio, no al final, y sin embargo es perfectamente lógico que se sigan escribiendo correos electrónicos durante 140 páginas más. Perfectamente lógico... o casi. Y aquí aparece la nota amarga.

Algo que me gustó mucho de la primera parte es que a través de las pocas palabras que se intercambian veo expresados (y reprimidos) montones de sentimientos de los personajes que me parecen sumamente coherentes, convincentes, verosímiles psicológicamente, etc etc. Por qué en cada momento cuando ella se quiere encontrar él no y al revés, en la primera parte me parece totalmente lógico con lo que le pasa a cada uno. Pero en la segunda parte en la página 106 él le pregunta a ella si se había separado de su marido, y ella le contesta "me retiré, me trasladé un poco, me alejé de él" y algunas cuantas cosas más por el estilo. Y en la página 241 él le pregunta si se divorciaría de su marido, y ella le contesta que no, porque ya se divorció, en la página 106 ya estaba divorciada. Alega que no se lo escondió, simplemente no se lo dijo porque no era importante y porque ya estaba por llegar la novia de él. Mentira, cuando ella dice eso todavía falta un día y una página para que se entere de que está por venir su novia. No me cierra, y por lo tanto no me cierra el libro. Como dicen acá: "no liga". Tal vez la culpa no es del autor sino de la traductora, tal vez en alemán existe alguna sutileza de la lengua que permite que ella le conteste así sin mentir, pero no se me ocurre qué, ni cómo se podría traducir a nuestras lenguas (lo leí en catalán, pero en castellano sería casi igual). Pero tal como lo leí, muchas cosas de las 135 páginas del medio ya no encajan. El autor hizo trampa, Glattauer ME hizo trampa, ¡a mí, que tanto me había gustado la primera novela! Será porque lo leí en catalán, siento una palabra que en castellano no me sale: "decebuda". En castellano sería decepcionada, pero no diría que me siento decepcionada por la novela. Y sin embargo se me aparece la palabra "decebuda", que como se parece a "rebuda" (= "recibida") es como que no recibí lo que esperaba recibir. Y eso es una decepción, ¿no?

Quería musicalizar esta entrada con una canción que no tiene nada que ver con la novela pero me gusta mucho y me transmite una sensación semejante (no por lo "decebuda" sin por la melancolía, a pesar de que esta segunda parte termina muy bien). Y buscando cómo incluirla acá encontré un video hermoso que parece muy ad hoc.



Fotografías: portada de Cada siete olas, rasbcn

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