De los piropos al autoamor (una vez más)

Volví a pensar en el poder terapéutico de los piropos y cómo su efecto benéfico me alimenta un tiempo pero al rato comienza a diluirse. Recordé que en septiembre del 2009 me pregunté si dentro mío hay un agujero negro que se chupa las buenas palabras y no las deja salir. En aquel entonces la imagen con la que me sentía representada era la de un terreno seco ávido del riego de los piropos, que de tan seco se los chupa enseguida. Esta vez la imagen que sentí más apropiada es la de una casa y su calefacción, porque hubo una lluvia de piropos que me alegró el alma, y cuando empecé a sentir que su efecto se diluía me dije que lo que tenía que hacer no era salir a buscar mas piropos sino cerrar las rendijas por donde se escapa el calor de los que ya recibí y mantenerlos dentro de mí. Tal como una casa que es muy fría no por carecer de calefacción sino porque sus aberturas tienen unos chifletes impresionantes.

Evidentemente esta imagen surgió por un dato super concreto de la realidad: trabajo en una nave industrial, es decir un galpón, y hace más o menos un mes nos mudaron de la pequeña oficina donde estábamos al entrepiso de la nave que es enorme y está expuesto al techo que es, como el de cualquier galpón, una porquería. Y la semana pasada hicieron el cerramiento del techo, es decir montaron un cielorraso a una altura razonable con una capa de material aislante por fuera. El efecto fue mágico: la calefacción que antes incluso al máximo parecía apagada de golpe era excesiva, con un poco de nada ya estábamos agradablemente caldeadas. Mi mente también es sumamente simple y directa. La cuestión es que me sentí exactamente así: no es cuestión de que deje escapar el efecto benéfico de los piropos, más vale que cierre mis rendijas y mantenga su calorcito. Y me sirvió, no vean, por suerte además de pensarlo pude aplicarlo. Logré conservar el bienestar de los piropos.

La verdad es que estoy asombrada porque últimamente logro aplicar las buenas ideas que tengo, me refiero a estas imágenes que me ayudan a vivir mejor. Lo del eje temporal-corporal lo vengo usando mucho y me hace bien: cada vez que amenaza con aproximarse el desasosiego trato de sentir mi eje corporal como un eje temporal, y eso me ayuda a estar mejor. La certeza de instinto y conciencia como dos estratos inconexos de la mente también la tengo presente y me ayuda. El asombro es porque otras veces en mi vida he tenido buenas ideas por el estilo pero no llegaron a impregnar la vida cotidiana, en cambio desde hace un tiempo sí que lo que voy intuyendo se incorpora a cómo vivo el momento presente.

Por ejemplo, logré aplicar la idea del autoamor aunque con una vuelta de tuerca un poco más solipsista de como la pensé en su primer momento, porque estuve pensando que incluso en los momentos en que me senti más enamorada de quien sea, incluso en los momentos en que me sentí más amada por quien sea, en realidad sólo estaba sintiendo mi propio amor, no el del otro.

Ya sé que para un montón de filósofos de la mente esto es una obviedad mayúscula: ¡por supuesto que no podemos sentir lo que siente el otro! me dicen a coro estos filósofos. Hay un término filosófico que define esta característica de los estados mentales pero no puedo recordarlo, y lo estuve buscando pero no lo encontré. El asunto es que la definición de los estados mentales incluye el que son subjetivos y que no podemos vivir un estado mental ajeno, sólo los propios. Pero por algo nunca me sentí afin a las filosofías de la mente que conozco de oídas. Para un alma como yo: romántica y básicamente empática, la ilusión de sentir lo que siente el otro es fundamental como el agua. Todo el misticismo de la compenetración de las almas, la comprensión sin palabras, el entendimiento mudo, etc, siempre me fascinó. Los momentos en que creí vivir esto fueron deslumbrantes. Y ahora me digo: pero si no es posible sentir lo que siente el otro. En esos momentos rutilantes de casi fusión espiritual, lo que sentía era sólo lo que yo misma sentía. Tal vez el otro sentía algo parecido, pero era su sentimiento, no el mío.

Otro ejemplo: hace un tiempo atrás pensé que mi problema es que tengo "demasiada empatía", porque si veo a alguien en problemas siento tanto lo que siente el otro que me desvivo por ayudarlo y me pierdo de vista a mí misma. Hace casi un año estuve a punto de escribir una entrada que se titulaba "Demasiada empatía" y que hablaba de un libro que leí en mi adolescencia gracias a mi padre y que me gustó mucho: El libro del Pueblo, de Zenna Henderson, porque en él hay unos personajes que se llaman "Sensitivos" que tienen la capacidad de sentir el dolor ajeno, y esto, cuando aprenden a "cerrarse" es de gran utilidad porque pueden curar, pero si no aprenden a "cerrarse" (es decir, a percibir el dolor ajeno pero sin sentir ellos mismos ese dolor) sufren tanto como todos los que están a su alrededor (el "Pueblo" del libro es una raza de extraterrestres iguales a los humanos pero con poderes sobrenaturales como levitar, telepatía, telekinesis, etc). Y ahora me estoy cuestionando esto: ¿siento al otro, o siento lo que yo sentiría si me pasara lo que le está pasando a ese otro? Tal vez el otro siente otra cosa diferente que yo no puedo ni imaginar.

El cambio de óptica es muy profundo, y estoy en el medio de un cambio de concepción del mundo que no sé adónde llevará, porque si en el fondo siempre me siento solamente a mí misma, ¿que sentido tiene amar? Y sin embargo me sigue pareciendo maravilloso amar pero soy conciente de que si amo, independientemente de si mi amado me corresponde o no, lo que siento es mi propio amor, no el del otro. Si es así entonces ¿da igual si me corresponden o no? ¡Qué merengue!

Tal vez la cuestión tiene que ver con lo que trata de explicar Ricard: podemos meditar sintiendo un gran amor sin un objeto del amor sobre el cual plasmarlo. No es que nos amemos a nosotros mismos, sino que sentimos amor hacia todo en general y hacia nada en especial. He aquí otra cosa que logré aplicar cotidianamente: meditar como mínimo 5 minutos por día. No hago toda la ceremonia de la meditación ni consigo meditar profundamente porque se cruzan muchos pensamientos por mi cabeza, pero aún en la forma tan rudimentaria en que lo hacemos me ayuda muchísimo, y espero dentro de poco poder aumentar a 10 minutos, y así sucesivamente.

El amor occidental se basa en pensar que el sentimiento de amor lo despierta un ser humano en concreto, y toda la energía del amor se enfonca hacia esa persona. Después vienen los inconvenientes que ya conocemos puesto que el trato habitual con la persona amada interfiere con esa chispa pura del amor, la va desgastando y empalideciendo. Y cuando la llama del amor se apagó del todo pensamos que ya no tenemos por qué vivir con esa persona y preferimos buscar o esperar que aparezca la siguiente persona que despertará el amor en nosotros. Ahora pienso que el amor está en nosotros independientemente de que haya alguien que cumpla el rol de amante y amado. Podemos sentir amor y vivir amorosamente independientemente de la vida de pareja que tengamos.

2 comentarios:

Diana Pérez dijo...

Bueh!
Hay varios tipos de amor.
Amor de pareja, amor romántico el de las películas es sólo uno. Y claramente es un constructo cultural heredado, que cada uno deberá repensar a su manera.
También hay amor hacia los hijos, hacia los padres, hacia hermanos y sobrinos y otros familiares, hacia los amigos, a nuetras mascotas, a los objetos que nos rodean y que nos traen nuestro pasado al presente, a nosotros mismos (claro), a la humanidad toda, a los seres vivos, a Dios (para los creyentes)...
Amor sin objeto, no sé qué es eso...
Seguro que nadie vive sin amor. Sin alguno de estos tipos de amor, sin pareja hollywoodense puede ser, y qué?
Pero todas estas formas de amor son diferentes. En realidad yo creo que cada particular relación amorosa es diferente. Tengo tres hijos. A ninguno lo quiero como al otro. Son tres relaciones diferentes. Llamarlas a todas amor filial está bien pero no dice mucho sobre lo que siento en cada caso. Y con los amigos pasa lo mismo. Y con las parejas....

El otro tema: la empatía. No la abandones! no te vuelvas una moderna filósofa racionalista occidental!! Poder sentir con el otro o por el otro es básico y elemental para los humanos. Pensá en lo que te pasa cuando tu hijo se enferma. O cuando vez a alguien sufriendo (aunque no lo conozcas) en las emociones que te despierta una buena película.
No todo debe pasar por YO.

gotamarina dijo...

Hola hermanita, ¡gracias por tus comentarios!

Hay una trampa en lo que escribí, porque por un lado estaba pensando únicamente en el amor "de pareja", dejando de lado que existen tantos otros amores (por supuesto que sí que existen) pero al final, cuando digo que puedo vivir una vida amorosa independientemente de la vida de pareja que tenga, ahí sí que tenía presente todos esos otros amores que antes no había mencionado. Por lo tanto debería haber repensado todo lo dicho incluyendo esos otros tipos de amor, pero no lo hice porque eran las 3 de la mañana y simplemente me estaba dejando llevar por lo que surgía. Mi intención al sentarme a escribir había sido hablar simplemente de la imagen de la calefacción, y después salió todo lo demás, cosas que pasan al dejar vagar la mente sobre el teclado.

Habría más cosas para decir pero como no las tengo claras prefiero dejarlas en el tintero por ahora.

Lo que me asombra es que parezca que me puedo volver una moderna filosofa racionalista occidental. Yo creía estar acercándome a Oriente, no a Occidente. No estoy diciendo que voy a abandonar la empatía, no creo tener la llave para cortar el chorro empático, y si la descubriera trataría de no usarla. Pero una cosa es "ponerse en el lugar del otro" e intentar ayudarlo conciente de que cada uno es un individuo diferente, y otra la suposición de que lo que yo imagino que el otro siente es exactamente lo que el otro siente. Eso es insondable: en una de esas sí, pero tal vez no, y por principio diría que probablemetne no, puesto que todos somos distintos. No necesito una buena película para compadecerme de los demás, hay casos de la vida real que me influyen muchísimo.

¿De verdad da la impresión de que estoy haciendo pasar todo por YO?