Mar impasible (ZC)


No me destruís, no me alterás, me dejás entera, intacta e incólume cuando siento por dentro la exaltación frenética de un mar furioso, revuelto y desesperado. Me dejás dueña del silencio que expande la aridez desde mi piel hacia más allá como anillos en el agua cuando por dentro estoy a punto de estallar en junglas de rododendros, bandadas de albatros, incendios de lunas llenas. Soy un cuerpo a la deriva y en tu poder, mar desencadenado e impávido, corriendo peligro de ahogarme, respirando cada tanto bocanadas milagrosas del aire cortante de la noche, casi muriéndome en tu naufragio impasible; hasta que me arrojás a la playa, desecha, casi rota, con agua en los pulmones, peces en las orejas, algas en los pies, caracoles en las axilas.
No juegues conmigo, mar embravecido y bravucón. Ante mí tenés el poder de cambiar la órbita de los planetas, alterar el ritmo de las estaciones, tenés el poder de revertir el Big Bang y que el universo se concentre en un punto: el exacto punto en el cual nuestras miradas se encuentran, chocan, y se funden.
Si nos miramos el mundo deja inmediatamente de existir. Sólo veo un linde borroso más allá de vos, las brújulas nos señalan y el polo magnético de la tierra ya no está donde debiera estar sino en el cruce de nuestras miradas.

De Zona crepuscular, Buenos Aires: ediciones botija, 1995.

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