Mi derecho a existir

Cuando yo era chica había dos posters que se repetían mucho en las casas a las que iba de visita (por lo general casas de mis compañeros de clase, es decir casas donde había niños de mi edad). Los dos tenían más letra que dibujo, y yo siempre los leía. En uno, sobre un fondo amarillo con una guarda de nenitos tomados de la mano todo alrededor, se desgranaban una serie de frases todas con la misma estructura, después del título que era algo como "un niño aprende de lo que vive" seguía por ejemplo: "si un niño vive con amor, aprende a amar", "si un niño vive con justicia, aprende a ser justo", "si un niño vive con tolerancia, aprende a ser tolerante", "si un niño vive con comprensión, aprende a ser comprensivo", etc.

En el otro, sobre una ilustración de fondo en tonos violetas y azules que parecía un vitral, se leía un único texto que ocupaba todo el poster y que llevaba por título "Desiderata". Decía algo sobre una iglesia del 1692, y yo pensaba que era de esa época, pero buscándolo ahora por internet me enteré de la historia: es un poema escrito por Max Ehrmann en la década de 1920. Lo que a mí me clavaba la atención en ese texto era una frase que estaba más o menos por el medio: "Tú eres una criatura del universo, no menos que los árboles y las estrellas, tú tienes derecho a estar aquí". Esta frase me evocaba tantas cosas que yo en cada casa donde encontraba el poster lo leía buscando esa frase, me quedaba leyéndola una y otra vez, memorizándola, para darle albergue en mi ser, para que al acunarla me cure, como un bálsamo. Porque si esta frase perduró en mí a través de los años (más de treinta) y revivió en mí intacta desde nuestro pasado común otra vez purificadora y sanadora, es porque yo no sentía que tuviera derecho a existir, más bien lo que siempre incorporé es que no merecía nada, ni tenía derecho a nada. Que alguien me dijera que tengo derecho a existir, sólo por estar viva, por ser parte del universo, era genial!

Y ahora que el dique está roto, es esto lo que empezó a sanar. Estoy viva, existo, tengo derecho a estar acá, tengo derecho a pedir para mí lo mismo que tiene derecho a pedir cualquier ser vivo, el mismo respeto, la misma dedicación, la misma buena onda que intento dar a los demás, me la merezco yo también. Estoy viva, merezco el aire que respiro y la luz que me alumbra y hacer sombra con mi cuerpo, merezco hablar, cantar, reir, crecer, aventurarme y profundizar, merezco todo, tal como se lo doy a los demás. Está todo adentro mío y sé todo lo que necesito. La historia que vivo es única, nadie más sabe cómo es, así como no puedo conocer realmente la historia de ningún otro: ésta, la mía, sólo yo la conozco. Todo lo que siento es real, y tiene derecho a ser.


Ilustración: Serrie Lovler

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