Amapolas

Otras flores silvestres que me encantan son las amapolas: cuatro pétalos grandes y abiertos de un rojo intenso, gráciles y volátiles al final de un tallo fino y largo, con un centro amarillo con pintas negras. De lejos son puntos rojos móviles que destacan en cualquier campo verde y se mecen a la menor brisa (como dice la canción de cuna: la cuna de mi niño se mece sola como en el campo verde las amapolas, o aa). Son hermosas y simples, mas hermosas por lo simples, ligeras hasta lo inasible, pero no parecen frágiles, por lo menos a mí me dan una sensación de fuerza, una fuerza sabia y serena. Además me gusta el nombre "amapola" (y las semillas de amapola en los panes). En catalán se llaman "rosellas", otro nombre lindo, y Manuel decidió en estos días bautizarlas "pipiripíp".



En Valle Hermoso crecían otras flores silvestres parecidas a las amapolas pero más grandes y altas, en tres variedades de colores maravillosos: unas blancas, otras de un lila muy suave, y otras violetas, y tenían el extraordinario nombre de "cosmos". Pasar por un campo lleno de cosmos era para quedarse mirando un buen rato, entremezcladas las tres variedades de tonos tan armoniosos entre sí como si los hubiera elegido un pintor, meciéndose suavemente, saludando.

3 comentarios:

Obnebur dijo...

hermoso hermosa y hermoso manuel

gotamarina dijo...

lomismodigo

gotamarina dijo...

hoy descubrí que lo de "pipiripip" no era invento de Manuel, parece que acá existe ese nombre además de "rosella" para las amapolas.