Mientras lavo los platos me lavo el cerebro

Algo que me atormenta más o menos cada día es constatar que soy muy mala ama de casa. Por supuesto, puedo relativizar el "muy mala" pensando que el estándar que mamé en mi infancia es muy alto (según mi percepción, extenuantemente alto) y que me aliviaría compararme con un estandar no tan elevado, porque mi madre además de llevar adelante una magnífica carrera profesional, en paralelo y sin desmayo se ocupó de marido, tres hijos y hogar impecable también magníficamente. Puedo pensar que no hace falta tener mi casa tan limpia y ordenada como la de mi madre, pero ése es el modelo que todavía tengo internalizado, y no tengo otra referencia de cómo sería un estandar no tan impoluto sino razonablemente poluto. Para colmo vivo en una casa alquilada y en el país que me hospeda el estándar de limpieza hogareña también es más alto que lo que me da el cuero a mí, así que me atormento pensando todo lo que debería hacer para dejar esta casa "limpia" según el estandar reinante cuando nos mudemos y lo veo imposible... en fin, entre una cosa y otra un buen caldo de neurosis.

Así que hoy mientras lavaba los platos y pensaba una vez más en todo esto me propuse irónicamente por qué no hacer una lista de todos mis defectos: tal vez verlos todos juntos enlistados me sirva para sacármelos de encima. (Para equilibrar debería hacer también una lista de mis virtudes, pero probablemente me cueste mucho más hacer la segunda lista que la primera.) Y cuando empecé a listar "soy una mala ama de casa" a continuación pensé "soy una mala empresaria", y ese pensamiento me disparó tantas ideas que me fui rodando para otro lado.

Es evidente que si yo digo "soy una mala empresaria" lo más normal es que me respondan "¿y por qué tendrías que ser empresaria, mala o buena?" Lo mismo que si digo "no soy novelista", ¿quién dijo que tengo que ser novelista? No pasa nada si nunca en mi vida escribo una novela, nada fundamental mío es cuestionado, así como no pasa nada si no soy empresaria (si algo sé de mí, es que no tengo pasta de novelista, es una cuestión de aliento; y también tengo claro que nací para empleada, no para empleadora, por eso tampoco resuelvo el problema de ser mala ama de casa contratando personal doméstico, más allá de que me dé o no el presupuesto para pagar a alguien). Tampoco soy actriz de cine, ni bióloga, ni lingüista, ni triatleta, ni monja zen, por decir algunas de las pocas cosas que no soy, ni buena ni mala.

Entonces, ¿por qué sí me cuestiona el no ser una buena ama de casa? Es cierto, toda persona debe resolver una cantidad de cuestiones prácticas de la vida hogareña, como prepararse una comida, tener algo en la despensa para tener con qué prepararse una comida, tener ropa limpia, procurarse sábanas limpias y un baño desinfectado para conservar su salud, etc etc etc. ¿Toda persona? Quedan exentos los menores de edad, las personas con mucho dinero que puedan delegar estas cuestiones en sus empleados, y también media humanidad: los hombres. Me dirán que eso era antes, que ahora cada vez más hay más hombres que se ocupan de las tareas domésticas a la par que las mujeres... Sí, hay muchos hombres que se ocupan de estas cuestiones. Pero díganme sinceramente si ellos mismos y quienes los rodean lo viven como lo que tiene que ser o como un plus elogiable.

Me acuerdo una vez que hablé con Pepo y me dijo que la imposición de tener la casa limpia para las mujeres, al igual que la imposición de competir para los hombres, era "un veneno". Hoy cuando pensé esto vi muy claro el peso que le doy al ser "ama de casa", cómo lo siento una obligación sólo por el hecho de haber nacido mujer, e incluso a pesar de tener una madre profesional. Es mi obligación tener la casa limpia y ordenada, al menos razonablemente limpia y ordenada, porque si no algo mío fundamental está alterado, casi casi que soy menos persona, o menos mujer, soy una especie de deficiente social, soy un ser reprobable y eso me debilita.

Hace justo un año leímos en el Club de Lectura un libro de Josep Maria Fonalleras que se llama Un any de divorciat (Un año de divorciado) y que es muy divertido. También fue divertido verlo al autor el día del encuentro del Club de Lectura, visiblemente incómodo por la relación que tiene con su obra, porque según explicó ha escrito muchos otros libros muy complicados y poco leídos que son los que él considera su mejor obra, mientras que este libro "menor", que es una recopilación de columnas que escribió en un diario durante su primer año de divorciado, tuvo un éxito de público y ventas inimaginable para el resto de sus obras. Bue, la gracia del libro es que cuenta anécdotas muy comunes que le pasan a muchos hombres al divorciarse y encontrarse solos en un departamento nuevo teniendo que ocuparse de las tareas domésticas por sí mismos tal vez por primera vez en la vida. El hombre cuenta sus desventuras con la ropa para lavar, para planchar, las compras, cocinar, etc. Además de exagerar sus torpezas, un hallazgo del libro es que habla de sí mismo diciendo "el escritor divorciado..." y logra un efecto interesante. "El escritor divorciado" se encuentra por primera vez con la desventura de lavar su ropa, cocinar, decorar un hogar, ocuparse de sus hijos a solas, etc, y cuenta esto con autoironía. Escrito en masculino, tal como está, puede alzarse alguna voz que diga "¿Pero qué clase de cretino es éste que no sabe hacer nada en un hogar?" o bien como contó el autor que le dijo alguien "¡Con razón su mujer se divorció!", pero más allá de esto, probablemente nadie se asombre porque el hombre sea tan torpe e inútil cuando se queda solo. Imaginemos ahora el mismo libro escrito en femenino. Si es "la escritora divorciada..." la que de golpe se queda sola y no sabe poner en marcha el lavarropas, no sabe planchar, no sabe cocinar, etc etc, el efecto de lectura es totalmente diferente y la mayoría creería que está delante de alguna clase de monstruo. Hay frases que sólo por ponerlas en femenino sonarían falsas, irreales, o espeluznantes. ¿Ven hasta qué punto está incorporada la división sexual del trabajo en las circunvoluciones de nuestro cerebro?

Mi madre y muchas mujeres de su generación padecieron la crisis de salir a trabajar y vivir la culpa de no estar en casa con sus hijos esperando al marido con la comida lista, y resolvieron la culpa tratando de ser geniales en ambos campos, tratando de que no se notara que no eran amas de casa con dedicación exclusiva, en resumen, tratando de que no se notara su ausencia. Si perdieron el pellejo en el camino, lo sabrá cada una. Tal vez me toque a mí y a muchas mujeres de mi generación padecer la crisis de trabajar y ser amas de casa mediocres, y vivir la culpa de no querer dejar el pellejo a cambio de ser amas de casa intachables. Ya no sé si lograré vivir sin culpa, ¡ojalá otras lo consigan! porque yo, creo que voy a vivir con la culpa siempre... estos lavados de cerebro vienen bien, pero me duran poco (como todo: lo que se lava, se vuelve a ensuciar, queja de ama de casa)

Fotografía 1: Tmcnem / Dreamstime.com
Fotografía 2: heKaz.

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