Cerezas y pájaros

Logramos rescatar un buen pilón de cerezas de los pájaros y de la lluvia, y están deliciosas! El año pasado casi no había cerezas, y este año hay muchísimas. Hector (que se dedica a las plantas) nos dijo que hay árboles que dan un año sí, el otro no. Será así el nuestro, qué sé yo.

Gracias a las cerezas el jardín está más lleno de pájaros que nunca, se meten el miedo en el bolsillo y se lanzan sobre las frutas. Hace rato que tengo en la cabeza que quiero escribir acá sobre los pájaros, pero va pasando el tiempo y no lo hago (tengo un par de cosas más en mente que nunca escribo). Me encantan los pájaros, me encanta que haya pájaros en el jardín, cerca de mí. Me gusta escuchar cantar a los pájaros, me parece una delicia, un privilegio. Extraño comentario, ¿no? pero se entiende sabiendo que viví los primeros 36 años de mi vida en Buenos Aires y ahí escuchar un pájaro es casi un milagro (se escuchan y se ven palomas, pero no tienen un canto muy llamativo que digamos). Acá aprendí a reconocer las urracas, que no tienen un canto muy interesante tampoco pero de vista sí que me gustan. Y en Girona había muchas gaviotas, aunque no esté al lado del mar. Gaviotas adaptadas a tierra, revoloteaban sobre el matadero.

En fin, volviendo a los pájaros que son chiquitos y cantan tan lindo, que caminan con saltitos y se escapan apenas nos movemos para verlos mejor, que se apoyan en una rama delgada y asombra que puedan sostenerse ahí, que se quedan un ratito y después se van volando a otra rama, a otro árbol, a otro jardín, me despiertan mucha ternura y me gustan mucho. Como no puedo acercarme a ellos porque se escapan, disfruto cuando los oigo; además sus cantos me parecen una música maravillosa. Sólo imaginar acariciar a un pajarito parece una utopía, nunca vi un pajarito que se acerque sin desconfianza, menos aún que se deje tocar. Y al mismo tiempo son lo más tierno que hay. Tal vez por esto cuando Manuel se acurruca encima mío le digo que parece un pajarito. Desde que es bebé cuando lo abrazo y lo envuelvo con una manta o sólo con mis brazos le digo que "hacemos nidito", y él me lo pide así, todavía ahora, que quiere "nidito", aunque con sus patas largas cada vez resulta más difícil abarcarlo. Cuando se cuelga de mí o se me trepa le digo que parece un monito en la rama, o sobre mamá mona. Zoologías familiares.

2 comentarios:

Alfredo Pérez dijo...

Lindo. y muy linda la ilustración.

gotamarina dijo...

Gracias pa! Por fin aparecés!
La ilustración la encontró Ruben en la web, no sé dónde, y me la regaló hace mucho porque le hacía acordar a mí. Me pareció que tenía que ver, al menos indirectamente, la placidez de la nena-pájaro con lo que yo quería transmitir.
Besitos! y gracias por comentar!