Mi segunda modesta contribución para la Paz Mundial

Gracias a Manuel reapareció en nuestras vidas un yo-yó, y tratando de enseñarle a él cómo se juega, nos vimos todos jugando al yo-yó. Manuel estaba muy interesado en el y-yó porque en una de las cuatro Mafaldas que tenía hasta el momento están las tiras en donde Mafalda y sus amigos juegan al yo-yó, y le parecían muy divertidas (ahora, gracias a sus abuelos que eligieron el regalo y a su tía que lo transportó allende los mares, Manu tiene en casa el Toda Mafalda, libraco maravilloso). Por mostrarle a Manuel cómo se juega, empecé a entretenerme de lo lindo. Descubrí que me causaba mucho placer todo el asunto: enrollarlo, acunar el yo-yó en mis manos, con un simple ademán verlo partir, bajar, pender, y al llegar a la altura que me parecía adecuada (decidir en precisión de segundos qué altura me parece la adecuada) dar el pequeño tirón que lo hace subir, hasta recibirlo de nuevo en mi mano; y así siguiendo, sube y baja, baja y sube, mi mano apenas se mueve y nos acomodamos el uno al otro... muy relajante. (Eso sí: los ciclotímicos mejor que no nos dejemos llevar por su nombre y evitemos hacer analogías entre el yo-yó y nuestro estado de ánimo).

Bueno, mi modesta contribución: que en cada sitio donde puede darse que se junte mucha gente a esperar lo mismo, como la cola de un banco o de un supermercado, la sala de espera del hospital o consultorio, las oficinas de todo tipo donde se hacen trámites, etc, que en todos esos sitios haya bandejas llenas de yo-yós para que cualquier esperante pueda agarrar uno y ponerse a jugar. No es una solución individual lo que propongo, sino global: no es sólo cuestión de que "mi" espera o "tu" espera se hace más corta si esperamos entretenidos, lo bueno de mi propuesta es que mejoraría notoriamente el ambiente, reduciría la frustración, el estrés, la violencia contenida, mejoraría la predisposición hacia los que nos rodean y la comunicación interpersonal, fomentaría un estado casi alfa de meditación en la población en general, y una larga serie de benevolentes etcéteras.

Como no creo que ningún gobierno, ni local ni nacional, se haga eco de mi propuesta, empezando porque la vagancia me mata y no me voy a ocupar de lanzar mi propuesta más que a través de cuentogotas, entonces apelo a las conciencias individuales: puesto que todavía no está a la vista el día en que los yo-yós sean de dominio público, como las bicicletas en ciertas ciudades europeas, entonces que cada uno de nosotros se arme de un yo-yó en el bolsillo antes de salir a la calle, como quien se ocupa de salir con la billetera y las llaves de casa, y que lo tenga a tiro para, a la menor oportunidad, lanzarlo al aire en vaivén de alegría y devoción.

Fotografías: Vaistij-Jones

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