Mañana me voy de viaje

... a la "patria". ¿Qué me espera? ¿Aterrizar sobre una enorme cucharada de dulce de leche? No se trata de eso, yo lo que dije era que la patria = mi infancia era el sabor de una cucharada de dulce de leche en mi boca, no el dulce de leche en sí.
¿Dónde está mi patria? ¿En la calle Yerbal al 400 y 500, donde viví casi toda mi infancia? ¿En el árbol de la esquina de Yerbal e Hidalgo, que fue mi árbol amigo de la infancia? ¿En el jardín de la casa de mis abuelos en Lomas de Zamora, fantástico pedazo de tierra y verde que disfrutábamos una vez por semana, y que no sé si sigue existiendo o no? ¿En la casa de Arribeños 532 en Valle Hermoso, donde nació Manuel? (No nació en la casa, pero salvo las 24 horas en la clínica, el resto del tiempo vivimos ahí). ¿En mi puente con carita? ¿Son Manuel y Rubén, mi patria? ¿La llevo adentro mío, a la patria? Si hay patria, ¿hay matria también? Entre la patria, el matrimonio, y por qué no el patrimonio también, ¡bonito moño con el que nos anudamos!
Me voy de viaje y voy a extrañar mi pueblo, es muy hermoso y estoy muy a gusto acá. Antes nunca me pasó, como acá, que mis vecinos me pidieran que pasara a despedirme, ni que me dijeran tantas veces que me van a extrañar. Voy a extrañar nuestro jardín, voy a extrañar la hamaca paraguaya (¡cómo la disfruté estos días! balancearme suavemente en la hamaca, como si estuviera en una balsa sobre el agua... con las hojas del cerezo sobre mi cabeza, y más allá el cielo...); voy a extrañar los pajaritos que cantan todo el día, desde que abro los ojos a la mañana hasta que anochece, los veo volando por sobre el jardín, se posan en nuestros árboles, hasta se animan a acercarse un poquito; voy a extrañar el río, las sierras, el puente, el cielo, el verano y el agua.
Hoy corté el pasto a la mañana (siempre lo hace Rubén, pero como no está, me tocó a mí) y a la tarde regué, y después de empapar bien la tierra caminé por el pasto mojado, feliz. Me acordé de mi ex-amiga Mónica que vendió su departamento en un piso 9 del Barrio de Once para comprarse un departamento chiquito con un jardin minúsculo, porque decía que sentir el contacto de la tierra al menos una vez al día le hacía bien. Lástima que después piró, pero en eso tenía toda la razón del mundo.
Para mis lectores asiduos (no sé si hay muchos, pero por lo menos tengo cinco o seis reconocidos; claro, dos de ellos son mis padres): hasta la vista. No creo que escriba mucho en las próximas semanas. Nos vemos a la vuelta (eso, veamonos:¡escriban ustedes también algo!).

2 comentarios:

Boots dijo...

Y si... tu mano supura belleza con lo que escribis, me conmueve mucho este texto, es muy suave y con colores pastel. Menos mal que en estos dia te veo asi podre darte un gran abrazo. Te quiero mucho marina y me hace feliz que seamos familia.

gotamarina dijo...

Hola Martin! Raro contestarte después de haber estado juntos, pero antes no pude y tampoco quiero que tus hermosas palabras queden sin agradecimiento. Mil gracias por los elogios y por el amor. Espero que en tu nueva etapa todo brille como te merecés!