Los libros también están iguales


Por azar o destino encontré en una librería de Buenos Aires una edición nueva de La niña que iluminó la noche, de Ray Bradbury, con las mismas ilustraciones de Juan Marchesi del libro que teníamos en casa cuando yo era chica. Gozosa, lo compré para Manuel, porque ya le había hablado del libro meses atrás y me pareció un milagro encontrarlo, y para más en una edición igual a la que yo tenía. Es un solo cuento que en mi infancia me parecía extraño, enigmático y subyugante, y que ahora leo como un poema; y las ilustraciones formaban parte del misterio cuando lo leía de chica. Anoche se lo leí a Manuel por primera vez, y tuve que parar entre frase y frase porque la emoción se me subía a la garganta y casi no podía hablar sin que temblara mi voz.


En este viaje Manuel descubrió a Mafalda, y gracias a él me puse a releerla, divirtiéndome como cuando era chica. Nos trajimos cuatro de sus libros, también reeditados en el mismo formato, su interior intacto, supongo, aunque no sé si por estupidez editorial o problemas legales no conservaron las portadas originales que tanto me gustaban.

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