Reivindicación de la amnesia II

Tiempo atrás (en noviembre del 2010)  desarrollé el tema de la memoria: cómo reconocer que ya no tengo la fabulosa facilidad para recordar que tenía antes primero me shockeó, después me angustió, y finalmente me alivió. Vuelvo al tema porque vengo sintiendo que aligerarse de recuerdos (como un montgolfier que tira lastre para seguir subiendo) no solo es recomendable: en mi caso, es imprescindible. Tal vez no lo sea para quienes los recuerdos son meras informaciones, pero sí para quienes, como yo, los recuerdos pueden ser evocaciones magdalénico-proustianas envolventes y embriagantes. Imposible nadar mucho rato en té de Proust con magdalenas desechas flotando alrededor sin ahogarse. Se impone dejar escapar a los recuerdos, no retenerlos sino alentarlos en su viaje, sobre todo cuando hemos logrado acumular unos cuantos años. Caso contrario nos encontramos conviviendo en forma simultanea con todos los "yos" que fuimos a lo largo de los años en forma sucesiva...


Fotografía: Matthieu Ricard.

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