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Lluvia con sol

Esta primavera caótica y destemplada (pero no por eso menos interesante) hoy nos regaló un fenómeno climático inusual: lluvia con sol. (No hacía falta poner la palabra climático en la frase anterior, pero me gusta porque es esdrújula, y encima se juntó con fenómeno: dos esdrújulas juntas, ¡hurra!)

Primero hubo llovizna bajo un cielo con algunas nubes y nubarrones pero también celeste justo sobre nuestra casa, y después un buen chubasco de verano, de goterones contundentes, cayendo con fuerza bajo el sol imperturbable.

Salí corriendo, primero sin nada, pero a los dos pasos volví a casa para agarrar un paraguas; y de nuevo salí al aire libre a pescar arcoiris. Me quedé en medio de la calle, bajo el diluvio, oteando el cielo para todos lados, buscando. Suerte que a esa hora la calle está más vacía que nunca, todos en sus casas comiendo (más aún con la lluvia) y nadie se extrañó por mi actitud. No encontré ningún arco iris y se empezó a quemar nuestra comida, así que abandoné la búsqueda.

Ahora llueve sin sol. Una lluvia suave y tranquila que cae sobre la tierra como una caricia, casi inaudible, casi invisible, pero presente y sanadora.

Nuevos placeres

Liz, la holandesa del grupo de música country en el que toca Rubén ahora, en su segunda venida a casa nos trajo dos regalos: una hamaca paraguaya y un frasco de Pindakaas naturel. ¡Siempre quise tener una hamaca paraguaya a mi disposición, y nunca se me había dado! Liz, en su primera visita, miró el cerezo de nuestro jardín y dijo “Este árbol tiene muchas posibilidades”, y prometió la hamaca. Y en su segunda venida dijo “Lo prometido es deuda”. Para sacarnos las ganas hoy la instalé provisoriamente entre el cerezo y el olivo, instalación provisoria porque el olivo no tiene tantas posibilidades como el cerezo, por decirlo en términos de Liz, es decir es pequeñajo y no puede aguantar nuestro peso. Pero por hoy la usamos ahí, y ¡qué placer! Más todavía porque a la mitad de la primavera el tiempo se puso prácticamente veraniego, así que balancearse suavemente en la hamaca en la torridez del mediodía tardío mirando las ramas del cerezo sobre nuestras cabezas me resultó sublime. Manuel ultracontento con la hamaca, demostrando que la predisposición a la farchota es de origen genético.

El segundo regalo es un frasco de vidrio de buen tamaño, con un contenido marrón y cremoso y una etiqueta escrita sólo en holandés. Cuando la miré a Liz con asombro, explicó: “crema de cacahuete” (es decir de maní). Le pregunté si no lo quería ella y me dijo que su primo le había traído 8 potes. A la hora de la merienda Manuel y yo nos dedicamos a inspeccionar el frasco. Le conté a Manuel que nunca había probado esto, que no tenía idea de qué sabor tenía, ni siquiera sabía si era dulce o salado, y me di cuenta de que en ese momento estaba igual que Manuel cuando lo animamos a probar algo nuevo; estaba ante una nueva virginidad, a punto de perderla. Abrí el frasco y probé una cucharadita despacio, y ¡me encantó! Por supuesto tiene gusto a maní, y no es ni dulce ni salado. Es cremoso, suave, y riquísimo. Le dije a Liz que me había encantado y me contó que cuando era pequeña siempre le pedía a San Nicolás (Papá Noel holandés) que le trajera una bolsa de mandarinas, un peluche y un frasco de Pindakaas para comerselo con el dedo. El uruguayo nos dijo que esto es la famosa mantequilla de maní de los yanquis, o sea que también existe ahí. La verdad, está genial.

Más allá de los placeres conseguidos, me encanta que alguien que recién conocemos nos trate tan bien!

¡Feliz día!

Felíz día del trabajador para todos los trabajadores, para los que lo son, los que lo fueron antes, los que por siempre llevan de estudiantes para toda la vida el corazón!

Hoy cumplo dos años de haber cambiado de trabajo, muy adecuadamente mi primer día en el empleo actual fue el día del trabajador, o sea que empecé no yendo a trabajar. Ojalá hubiera continuado así!

Dos frases de mi infancia:

El trabajo dignifica.
(todos saben quién fue el sabio, no? quiero decir, los argentinos de mi edad para arriba, al menos).

Éste me gusta más: es de Versos tradicionales para cebollitas, un libro de María Elena Walsh que es una recopilación de versos populares como dice el título, que teníamos cuando éramos chicos y compré en una edición actual para Manuel, para que él también lo tenga. Este verso me quedó grabado desde que era pequeña, ¿señalando un camino tal vez? camino que no siempre se puede seguir:

Al cuerpo dale de todo
decía doña Rosario
pero si pide trabajo
dale todo lo contrario.

A disfrutar el día no haciendo lo que nombra!

Fotos maravillosas

Estuve buscando fotos de gotas para el blog y encontré un sitio con unas fotos maravillosas. Son tantas y tan hermosas que prefiero dejarles acá la indicación de cómo llegar a ellas más que ponerlas todas. El sitio se llama www.oskarlewis.com y al entrar en él, a la derecha, hay una casilla de búsqueda (search), escriban ahí "raindrops" y aparecerá un título que dice "rain drop water wet", hacen clic en él y aparece la entrada con las fotos que vi yo, a cuál más bella. Hay muchas fotos de gotas como las que me gustan, de esas gigantes sobre hojas o haciendo splash, y también fotos de gente disfrutando del agua, cosa que me encantó, y para muestra les dejo tres botones:



El habitante del buzón


Es una lagartija pequeña, de las que hay mucho por aquí, que parece encontrarse a gusto en el buzón de las cartas de la entrada, y así cada vez que me fijo si hay algo para nosotros la veo escurrirse por entre los costados, alejándose de mi mano. Acá les dicen "dragones", y me hace mucha gracia imaginar que son dragones en miniatura, y en catalán les dicen llangardaix o sargantana, dos nombres que me gustan mucho.

Actualización del jardín

El cerezo se llenó de hojas y cambió sus flores blancas por pelotitas verdes.
El damasco se cubrió de hojas de la cabeza a los pies.
Florecieron los rosales grandes. Primero el de la entrada, con rosas muy abiertas de pétalos que empiezan de un rosa fuerte, casi fucsia, para pasar desflecadamente al blanco. También otro de la entrada con una sola rosa blanca. Después los del fondo, con rosas muy señoriales, erguidas muy rectas, de un rojo tan profundo y terso que parecen de terciopelo.
El rosal trepador del costado está lleno de pimpollos pero ninguno abierto.
Las vides ya tienen brotes verdes por todos lados.
El árbol de la entrada apareció con ramilletes de flores pequeñas, lilas, muy juntas entre sí, como si fueran una sola, me hacen acordar a las hortensias.
El árbol de adelante al costado ya tiene sus flores blancas tan fragantes, como de novia campesina.
La conífera de la esquina tiene brotes nuevos, de un verde muy claro, al final de cada rama.
El níspero está cargado de frutos verdes.
El limonero renacido de la helada de hace dos inviernos tiene hojas por doquier.
El jazmín del fondo ya tiene alguna florcita blanca.
Un poco de calor y las lagartijas salen a pasear muy orondas y apuradas.




Fotos: gentileza Obnebur.

Vespre

Hoy al atardecer salimos a dar una vuelta con Manuel. En la esquina encontramos la luna llena cerca del horizonte, grande y amarilla, y una nube azul muy bonita. Manuel estaba con su bici, de muy buen humor, y el aire primaveral era delicioso, por fin agradable después de una semana de lluvia y frío. Hoy todo anunciaba el buen tiempo, la época de las noches cálidas con vecinos de tertulia en la vereda, compartiendo la noche. Dimos una vuelta por nuestro pueblo tranquilo y silencioso, tan amigable aunque no haya nadie en las calles, con sus sierras cerca y sus casas buenas, la luna acompañándonos, la temperatura ideal para estar afuera, que entré en un momento de paz y serenidad muy reconfortante.

Manuel dijo:


"Las palabras son invisibles"

demostrando que, de momento, o mejor dicho, en el momento de elaborar este pensamiento, tira más el padre músico que la madre escritora, que para él "las palabras" son primordialmente las que pronunciamos y escuchamos, más que las que escribimos o leemos (y eso que lee muuucho desde hace mucho).

Hierbas aromáticas al paso


Esta mañana salimos a dar una vuelta y Manuel con ánimo aventurero se metió por otro lado y de pronto encontré entre los pastos unos manojos de perejil. He visto y olido albahaca silvestre en Italia, en la Toscana, y menta silvestre y hierbabuena en muchos lados, y peperina y otros yuyos en las sierras de Córdoba, y aquí y allá romero, o lavanda, y alguna otra hierba más, probablemente, pero nunca había visto perejil silvestre al alcance de mi mano, bajo mi zapato.

Amapolas

Otras flores silvestres que me encantan son las amapolas: cuatro pétalos grandes y abiertos de un rojo intenso, gráciles y volátiles al final de un tallo fino y largo, con un centro amarillo con pintas negras. De lejos son puntos rojos móviles que destacan en cualquier campo verde y se mecen a la menor brisa (como dice la canción de cuna: la cuna de mi niño se mece sola como en el campo verde las amapolas, o aa). Son hermosas y simples, mas hermosas por lo simples, ligeras hasta lo inasible, pero no parecen frágiles, por lo menos a mí me dan una sensación de fuerza, una fuerza sabia y serena. Además me gusta el nombre "amapola" (y las semillas de amapola en los panes). En catalán se llaman "rosellas", otro nombre lindo, y Manuel decidió en estos días bautizarlas "pipiripíp".



En Valle Hermoso crecían otras flores silvestres parecidas a las amapolas pero más grandes y altas, en tres variedades de colores maravillosos: unas blancas, otras de un lila muy suave, y otras violetas, y tenían el extraordinario nombre de "cosmos". Pasar por un campo lleno de cosmos era para quedarse mirando un buen rato, entremezcladas las tres variedades de tonos tan armoniosos entre sí como si los hubiera elegido un pintor, meciéndose suavemente, saludando.